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Mano a mano con un famoso uruguayo
ENCUENTRO CON CHELE


por Jorge Pinheiro y Alejandro Yamgotchian (marzo, 2003)




El negocio siempre está en movimiento, con clientes que van y vienen. El día era lunes, la cita al mediodía, y al fondo, en su pequeña oficina, el popular Chele. La gente lo conoce de haberlo visto y oído en sus peculiares avisos publicitarios, tanto en radio como televisión. Y a Arte7 no se le ocurrió mejor idea que ir a entrevistarlo en un caluroso día de verano y con la intención de ver qué hay detrás de ese hombre al que mirábamos tirar los zapatos cuando éramos adolescentes. Las sorpresas fueron varias; Chele, oriundo de Melo (Cerro Largo), es un hombre creyente, activo y solidario, amante del boxeo y al que hasta incluso le mandan invitaciones para hospedarse en famosos hoteles de lujo de Estados Unidos y con motivo de destacadas peleas. Entre empleadas y clientes que le hacían consultas, llamadas telefónicas, faxes y vendedores, Chele comenzaba a contar algunas cosas de su vida.







Te puede sonar como algo bastante trillado, pero ¿cómo empezaste en el negocio de la venta de calzados?

(Risas) Uuuhhh; puedo estar un rato largo contándoles eso. Tuve que luchar y sacrificarme mucho. Pasé mucho nerviosismo; no conocía nada de calzado, aunque siempre tuve aptitudes de vendedor. A veces iba a comprar algo a un comercio y cuando veía que entraba otro cliente que no estaba atendido le decía "Señor... (risas)". Empecé en un negocio en 18 y Minas, el primer "Chele Calzados" que tuve. Pero lo curioso es que arranqué con 300 cajas vacías que había comprado a un señor que me las fió, y 36 pares de zapatos, también fiados por Carlitos, un amigo armenio que me dio una gran mano. Todos fueron puestos en vidriera. Lo que suele hacerse es poner uno dentro de esta última y otro dentro del local, para que el cliente se lo pruebe, pero como era poco el stock que tenía decidí ponerlos todos en vidriera. Entonces el que venía pensaba que yo tenía 72 pares y no 36. Adentro, en el local, no había nada (risas).


Una buena manera de llenar el ojo...

Claro; después le sugerí a este mismo muchacho que quería conocer a los propios fabricantes y que ellos mismos me conocieran para que me dieran crédito; para que me manden un corredor, con la muestra. Y bueno; necesitaba más zapatos, porque quería inaugurar. Fui a la Lion D´Or, pedí un servicio y terminé pagando con las ventas posteriores al día de la inauguración. En la guía había buscado quiénes eran los fabricantes - Bagnulo, Aníbal Nieto, etc. - y los llamé por teléfono para invitarlos al brindis, con clericó y sandwiches. Luego le dije a Carlitos que se pusiera en la puerta para avisarme quiénes eran, así ya los iba recibiendo. A medida que iban llegando los invitaba a pasar. El problema era que si alguno de los invitados abría cualquiera de las cajas del local se iba a llevar menuda sorpresa; estaban vacías. Imagínate; si vienen a la apertura de alguien que no conocen y todavía ven las cajas sin nada...


... se terminaba la fiesta...


Exacto (risas); fijáte que para un tipo que vino del interior tener un negocio en 18 de julio era algo muy positivo. Yo tuve que arrancar de cero y hasta el día de hoy me considero honrado de mano, honrado de boca y bien intencionado. No toco lo que no es mío, evito las mentiras o decir algo al cliente que no sea lo correcto, ni tampoco creo falsas ilusiones. Me defino como un trabajador que siempre busca abrirse camino. Cuando vine de Melo, en 1962 y a los 22 años de edad, tan solo traje un certificado de buena conducta. Me decían que eso no me iba a servir para nada, pero yo lo traje igual. Claro que no me sirvió de mucho, aunque le pedía, de todas maneras, a los fabricantes que me dieran tiempo, que yo iba a vender zapatos e iba a convertirme en un buen comprador de material de fábrica. Yo vine con la mejor intención y dispuesto a hacer contactos, a hablar con la gente, transmitiendo buena onda, fe y confianza, siempre acompañado por una, dos, tres cuotas de suerte, que a veces hay que saber agarrarlas y no dejarlas pasar.


¿Qué pensás de la actual crisis, la disparada del dólar...? ¿Cómo repercutió eso en tu negocio?

Y... como en el de mucha gente. El fenómeno repercutió en el bolsillo pero también en la psicología de la gente. Sin embargo, creo que hay que tener confianza en el futuro del país; esta crisis, por ejemplo, ya ha pasado en Uruguay durante otras épocas y se pudo superar. No hay que salir a buscar soluciones afuera. Tuve la oportunidad de viajar mucho y charlar con argentinos, brasileros y uruguayos que habían emigrado. A algunos los encontré más o menos bien aunque a otros con muchas dificultades que tuvieron que soportar incluso durante varios meses.




Ya veo que no te irías, entonces, de Uruguay... Por un momento te imaginé tirando los zapatos en Londres, París...

Nooo; ya no tengo edad para andar tirando calzados por Europa. A pesar de que en Uruguay me va relativamente bien, yo siempre trato de buscar la vuelta, busco y vivo desafíos a diario; todos distintos, y los encaro..


A propósito del trabajo a diario, hay veces que paso por "Chele Calzados", miro para el fondo y siempre estás ahí. No sos de esos dueños que vienen a buscar la plata al final de la jornada y se van para la casa.

Y... debo ser uno de los pocos comerciantes que siempre ha puesto la cara durante 42 años. Soy una persona que se carga las pilas y sigue para adelante. Ya tengo 65 años y, en vez de pensar en una jubilación, hago 300 abdominales por día. Me gusta mucho la gimnasia, y trato de hacerla. Hay veces que no tengo ganas, pero igual. La hago, porque sé que me hace bien.

Ya que hablaste de ejercicios, ¿fue idea tuya la de tirar los zapatos para atrás?

Sí, fue mía. Los avisos eran filmados aquí mismo, sin libreto, maquillaje ni asesor de imagen alguno. Yo mismo creaba los avisos, sin consultar agencias de publicidad. Quiero aclarar que en las mismas tengo muchos amigos, pero no acudía a ellas al momento de hacer los famosos reclames.


En caso de que tuvieras que jubilarte y elegir a una estrella para que tirara los zapatos para atrás, ¿a quién elegirías? ¿A Claudia Schiffer, Patricia Della Giovanpaola, Robert Redford?

Uuuhhh, nooo; ni ahí. Creo que el día que me retire voy a agradecer a la sociedad lo que me ha dado. Yo trato de devolvérselo de alguna manera, con promociones, gestiones para poder vender a un precio accesible, con descuentos, charlando con comerciantes, fabricantes o importadores que son amigos de años.





¿Alguna vez rompiste algo o le pegaste a alguien, dentro de todos los productos que lanzabas hacia atrás?

Claro que sí; he roto varias cosas, pero igual se seguía filmando, porque no se notaba (risas).


Otra curiosidad. ¿Por qué las campanas que están al lado de la caja y que vos siempre las tocabas en televisión?

Uuuhhh, la campana sigue sonando todavía. Lo hago cuando se producen ventas, por ejemplo, o bien para ahuyentar las malas ondas. No son pocos los clientes que vienen como a espantar las ondas negativas con los campanazos. No tienen por qué comprar un par de zapatos. Hay gente que viene, la toca y se va. En realidad tengo 16 campanas de bronce. Te resumo la historia. ¿Ves ese busto de Artigas ahí arriba? Yo he mandado a distintas partes del interior de nuestro país unos 120 bustos de nuestro máximo prócer. Y los he enviado a varias escuelas rurales inclusive, que no lo tenían. Y todo hecho sin interés ni propaganda. De ahí que una mujer que trabajaba en una escuela me mandó campanas, como queriendo retribuir lo del busto. Muchas están colgadas dentro del negocio; es una tradición.



Veo la bandera de Uruguay detrás de tu escritorio, veo el busto de Artigas... sos una persona muy patriota.



Todos tenemos que ser patriotas. ¿Por qué sólo los argentinos? Muchos están pasando por una situación desesperante e igual salen con la bandera a la calle. ¿Y por qué nosotros no?



También distingo una foto de Gardel... ¡y un montón del fallecido cantante Rodrigo!

A Rodrigo lo conocí un mes antes de su muerte, en el Conrad de Punta del Este. Y en esos quince o veinte minutos de charla estuve con un tipo que me causó muy buena impresión. Firmaba autógrafos, atendía muy bien a la gente que se le acercaba y lo rodeaba... Cuando me enteré del accidente que acabó con su vida como que me marcó; me dolió mucho. Yo había hecho contactos con la gente que trabajaba con él y, luego de su fallecimiento, recibí un montón de fotos y posters que me mandaron de Argentina. Otra cosa que me desconcertó fue que a los seis meses de su desaparición física varios clientes de "Chele", sobre todo jóvenes, venían, me pedían permiso y se arrodillaban ante las fotos de Rodrigo que yo había pegado en el local.


¿Qué hay de los elementos cristianos que tenés en tu oficina? ¿Sos muy creyente?

Sí, sí; creo en Dios, creo en la gente, además. Si hay problemas pues pongo la otra mejilla y sigo para adelante. No podemos parar; tenemos que seguir todos adelante; unidos, de la mano, luchando, viviendo, respirando, comiendo, durmiendo. Todo es parte de nuestra vida. Lamentablemente no son pocos los que están con mal carácter. Pero ellos no son los culpables. El problema es que hay una gran presión. Acá hay clientes que discuten conmigo y luego vienen, me agarran la mano y me piden perdón, porque están muy nerviosos. Y yo me doy cuenta de eso, y no me hago problema alguno, debido a que hay una gran amistad con ellos.


Las apreciaciones continúan; tu oficina está llena de objetos vinculados al boxeo.

Me encanta el boxeo. Yo llegué a practicar dicho deporte, tanto en Melo como Montevideo. Hice exhibiciones para ayudar a la colectividad italiana en Cerro Largo. Y, por suerte, se hicieron algunos pesos. Antes de trabajar con los zapatos, yo era mandadero y al terminar mi jornada laboral me iba al Boston a hacer sombra, bolsa. Ahí me encontré con leyendas como Dogomar Martínez, por ejemplo.


¿Y estos afiches de peleas en Estados Unidos...?

Esas son invitaciones gratuitas que me hacen a las peleas. Acá tengo...; mirá, acá tengo una para la segunda semana de abril de 2003 y en un hotel más grande que cualquiera de Las Vegas, durante una semanita. Pero no voy a poder ir.


¿Tenés algún boxeador preferido?

Oscar de la Hoya. Todo un caballero; un gran boxeador, más que peleador.


Un poco opuesto a la filosofía de Tyson.



Seguro. Tyson es más bien un pegador. Es un tipo que entra a matar. De la Hoya, sin embargo, se preocupa por dar espectáculo; él se mete a boxear. Las entradas para sus peleas se pagan caro pero la gente que lo ve sale conforme.


¿Nunca se te dio por comentar boxeo?

No tengo tiempo.


Actualmente estás haciendo más avisos en radio; no tanto en televisión.

Sí; la situación económica no da para seguir haciendo avisos televisivos con la fluidez de antes. Ahora trato de distribuir la cosa a través de varias radios. Comienzo con el programa de Cotelo en CX 30, de madrugada. También estoy con Hugo en la 28. Mucho tiempo hice publicidad en Carve, de tarde y con el maestro Frade, en un programa llamado "Gracias a la vida", donde la gente contaba cosas que le pasaban o que le habían pasado, al principio negativas pero, generalmente, con un final positivo.

¿Qué hay de tu clientela? ¿Siempre es la misma o varía con el tiempo y la situación del país?

Pah; voy como por la cuarta generación. Primero atendí a aquellos muchachos jovencitos, después estos se hicieron hombres, se casaron, tuvieron hijos, nietos. Y bueno; sigo con la misma clientela. Es como una familia muy grande. Me saludan, les pregunto cómo andan, ellos a su vez me preguntan cosas a mí; tenemos una muy buena comunicación.


Por lo que veo vienen más mujeres que hombres al negocio.

Exacto, las mujeres son mayoría.


¿Y qué hay de las empleadas? Recuerdo que hace unos años eran un poco más jóvenes y ahora como que pusiste señoras mayores.

¡No, no! Esas son las mismas personas que vos veías años atrás (risas). Yo acá tengo empleadas de hace muchísimos años. Tengo una que hace 22 años que está, otra que lleva unos 15... Yo a veces les sugiero que se jubilen, pero ellas me responden que si lo hacen se enferman, que quieren seguir trabajando conmigo.


Ya veo que la familia no solo es afuera sino también dentro del local.



Por supuesto.



¿Chele es tu apellido?

No; Chele es mi nombre de pila. Mi apellido es Bella. Mucha gente cree que Chele es un seudónimo pero no es así.


¿Y la competencia cómo anda?

La competencia es desleal y leal. Y hay que competir con las dos.


¿A qué te referís con desleal?

A que de mañana tenés un precio en vidriera, al mediodía tenés que cambiarlo y de tarde hacer lo mismo, y a la vez estar vichando todo. A mi me obligan a moverme pero yo también obligo a esa competencia desleal a cambiar precios.


La gente también se beneficia con las facilidades que le das.

Mirá; hoy justamente inauguramos el "Crédito Obrero", un crédito fácil para toda aquella persona que no figure en el clearing de informes. Tan solo exijo el recibo de sueldo y seis meses de antigüedad al trabajador y no un año, como en muchos lados. Con este sistema sale beneficiado tanto el comerciante como el que viene a Chele. También le digo a mis clientes que traigan los remedios que no use y todavía no estén vencidos para así dárselos a alguien que los necesite y no tenga dinero para comprarlos. Estoy haciendo una campaña en conjunto con Abel Duarte, el conductor de "Musicalísimo". La "mini farmacia" está allá, en Radio Oriental. Entonces, si la gente quiere un remedio debe ir a CX 12 y presentar la receta del médico. Abel da la orden y así la persona se puede llevar uno, dos y hasta tres medicamentos. Incluso se han donado sillas de ruedas, bastones, cristales de lentes, armazones. El teléfono, por si alguno de sus lectores de tu portal quiere aportar algo, es el 401 4714. El que me entrega algún remedio sabe que de inmediato, en el mismo día, parten para CX 12, Radio Oriental, y ahí Abel los reparte a los más necesitados.


Teniendo en cuenta el trato especial que le das al cliente, las ventajas que otorgás para pagar, las obras de solidaridad en las que venís participando, y la experiencia y facilidad que tenés a la hora de comunicar, ¿nunca pensaste en hacer política?

Hace cuatro años atrás me invitaron a hacer política, pero yo no podía entreverar las cosas. Tenía muchas facilidades para entrar en el ambiente y hasta, según un testeo, un buen promedio de convocatoria. Pero prefiero dedicarme a vender zapatos, a ser un comerciante y nada más. Te cuento, a propósito de esto, que hace unos siete u ocho años entraron dos señores muy bien vestidos. Representaban a una compañía argentina de bombones y me trajeron un cheque por diez mil pesos uruguayos. Yo les pregunté, ¿por qué lo del cheque? Y ellos me contestaron que querían que yo me comiera el bombón en televisión y tirara el papel para atrás, como siempre hice en la publicidad pero con mis zapatos. Y la plata del cheque sería por hacer tres o cuatro avisos que ellos ya tenían pensados. Les dije que era muy linda la idea, pero que no me gustaba mezclar los bombones y los zapatos. Pero eso no fue todo. Antes de que partieran les ofrecí la nueva línea de mocasines que me había llegado (risas).


¿Le gusta el cine a Chele?

Muy poco. Por ahí sí te veo algo de acción o aventuras, las películas de Rocky o de boxeo, en general. Las cinco partes de Rocky las ví todas. Me encantaron. Ahora, si tengo que ver algo elijo moda; soy muy de mirar los zapatos en los desfiles europeos. Modelos, combinaciones, colores, y eso a veces lo grabo y luego lo adapto a nuestro medio. Copio las tiritas de las sandalias de mujer, por ejemplo.


Entonces no tendrías problema en vender ropa...

Por supuesto que no. Las prendas se venden mucho, sobre todo las deportivas.


¿La gente te reconoce en la calle?

Sí, sí. No soy el tipo que acostumbra a disparar, yéndose por la puerta de atrás. A mí me gusta salir por la de adelante. A veces estoy en algún shopping y viene un grupo de chiquilines para pedirme un autógrafo. La primera vez pensé que era una broma pero después me di cuenta que no, que fue el padre de uno que le dijo andá y saludá a ese señor que está ahí, que es fulano de tal.


¿Sos una persona que tiene enemigos?

Por suerte no. Tengo la conciencia limpia, aunque eso me cuesta mucha plata.



Porque si fueras un jodedor te la ahorrabas.

Claro, vos me entendés...


Y ahora lo que todo Uruguay se pregunta, ¿quién era esa muñeca o joven vestida como de payaso y que a veces te acompañaba en los avisos por Canal 5, mientras esperábamos ver a Super Can o Don Gato? No sé si era real o tan solo algo que soñé o imaginé...

¡¡¡Aaahhh; Chancletita!!! ¡Se llamaba Chancletita! Pero ahora debe tener como cuarenta y pico (risas). Esa chica trabajó conmigo durante 20 años. Era un gran piba; muy buena. El asunto era que teníamos que crear un personaje y como ella era graciosa, tenía chispa y me imitaba muy bien... Entonces le dije que le iba a ser una moña, dos trencitas y que iba a salir en televisión. La idea era crear un personaje que me retrucara lo que yo decía. Y te vuelvo a reiterar; todo era acá, en el momento, sin libreto. Fue una experiencia fantástica; muy linda, realmente. Lamentablemente, ella tuvo que conseguir un trabajo que le quedara más cerca de su hogar, dado que tenía problemas familiares.


Y ahora que Credisol no está más... ¿quién paga?

Paga Chele (risas). No; paga la gente, pero cómodamente y sin que se vea afectado el presupuesto mensual.


Le agradecemos mucho su gentileza y el buen trato que nos dio.


Ha sido un gusto hablar con ustedes, muchachos.



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