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Los musicales de Vincente Minnelli
MÚSICA, COLOR, ACCIÓN!

por Jaime E. Costa (agosto, 2004)


Sinfonía de París




Toda vez que se habla de comedia musical, es casi inevitable citar los mismos nombres. En los primeros tiempos del sonoro, surgieron casi al mismo tiempo las personalidades del coreógrafo Busby Berkeley en Warner y del bailarín Fred Astaire en RKO Radio. Más adelante, en la década de oro de la Metro Goldwyn Mayer (1945-1955) es imposible no referirse a Vincente Minnelli, Gene Kelly y Stanley Donen, con el apoyo insoslayable del productor Arthur Freed.


Durante su período Warner (1933-1938), Busby Berkeley se había distinguido por sus números extravagantes, llenos de chicas bonitas y fabulosos caleidoscopios que la cámara tomaba desde ángulos insólitos. Injertados en argumentos convencionales, esos alardes de creatividad visual aparecían como aislados del contexto, máxime cuando se pretendía hacer creer que lo que el espectador estaba viendo era un número montado sobre un escenario, aunque era difícil creer que el público de un teatro pudiera apreciar aquellas vertiginosas tomas en picada observadas desde arriba. El cine buscaba su lenguaje propio y lo traducía de una manera irreal, abstracta, más propia de una fantasiosa imaginación que de una puesta en escena frontal como se acostumbraba entonces en el primitivo cine sonoro, esclavo de los micrófonos y de los ruidos molestos. Berkeley fue el primer creador de la comedia musical cinematográfica, un innovador más preocupado por orquestar disciplinadamente el movimiento de los bailarines y distribuirlos ordenadamente en un espacio puramente imaginario, utilizando el montaje con sentido rítmico, que por lucir una coreografía elaborada o refinada para el lucimiento personal de alguna estrella de moda.




Fred Astaire fue todo lo contrario. Encargado de elaborar sus propias coreografías, exigía ser tomado de cuerpo entero y sin mayores cortes de montaje. Junto a su inseparable compañera de los primeros tiempos, la rubia Ginger Rogers (salvo una sola vez), Astaire protagonizó una serie de nueve películas entre 1934 y 1939 que giraban en torno a su personalidad de bailarín exquisito, que cantaba y danzaba las canciones de Irving Berlin, Cole Porter, Jerome Kern o George Gerswhin con un estilo que se parecía mucho a la perfección, luciéndose él y su compañera como si aquello que estaba haciendo fuera la cosa más sencilla y placentera del mundo: expresar sus sentimientos por medio del canto y del baile. Pero tanto en el caso de Berkeley como de Astaire la verdad era otra, aunque igualmente estimulante: todo ello era producto de la entrega, del trabajo duro, empecinado, vocacional, de un artista en busca de la excelencia como única y honesta forma de llegar al público mostrando lo mejor de sí mismo. Sin entender esto, no puede entenderse el fenómeno de la comedia musical americana y el porqué algunos triunfaron y quedaron como emblemas del género, mientras que otros fueron olvidados rápidamente. Junto al talento, a las virtudes personales, a la inspiración, al carisma individual, esta gente trabajaba con sentido de equipo, día y noche e incansablemente, en un ambiente de mutua exaltación que derivó en una etapa del cine tan fermental como irrepetible.




EL HOMBRE QUE VINO DE BROADWAY


De toda esa gente que llegó a Hollywood a volcar su experiencia en las comedias musicales cinematográficas, el más refinado, culto y exigente fue Vincente Minnelli. Su nombre un tanto exótico se debe a la conjunción de un padre violinista de origen italiano y una madre actriz francesa que trabajaban en un teatro ambulante. El azar de las giras hizo entonces que Vincente naciera en Chicago, el 28 de febrero de un año impreciso, ya que él mismo, en una muestra de coquetería, no facilitó nunca el dato. Se supone que fue entre 1903 y 1910, casi seguramente en 1908. Con el teatro en las venas, debutó a los tres años, pero desde los ocho se convirtió en un estudiante normal, por lo menos hasta los 16. Durante las vacaciones trabajó con un pintor publicitario y, de vuelta en Chicago, se unió a la compañía Balaban & Katz como vestuarista y director de escena. De allí saltó al teatro Paramount de Nueva York y en 1932 diseñó el decorado y el vestuario de la opereta Du Barry para Grace Moore. Al año siguiente ya estaba en el Radio City Music Hall como director artístico, convirtiéndose en director de escena y coreógrafo en 1935. En sus trabajos reveló el gusto extravagante y las influencias surrealistas de sus épocas juveniles. Comenzó a frecuentar el círculo de los Gershwin, integrado por gente como Harpo Marx, Dashiell Hammett, Lillian Hellman, John O'Hara, Dorothy Parker, Moss Hart y Oscar Levant. A su departamento neoyorquino cerca del Museo de Arte Moderno concurrían habitualmente George Balanchine, los Gershwin, Paul Bowles, Harold Arlen y Yip Harburg, entre otros. Su fama comenzaba a crecer.


Un primer pasaje por Hollywood y la Paramount fracasó, pero en 1940 fue Arthur Freed quien lo apalabró para integrar su propia unidad en la M-G-M, junto a nombres como Gene Kelly y su asistente Stanley Donen, el coreógrafo Robert Alton, la supervisora vocal Kay Thompson y el arreglista y compositor Roger Edens. Y además estaba Busby Berkeley, en una etapa más "humilde" que la de Warner, en musicales más pequeños pero muy vitales con Mickey Rooney y Judy Garland. Luego llegarían la vestuarista Irene Sharaff, el libretista y letrista Alan Jay Lerner, el coreógrafo Charles Walters y el escenógrafo Oliver Smith, todos los cuales figuraron repetidas veces en los filmes del productor. Cuando llegó Fred Astaire, el equipo ya estaba completo: Freed había traído a la Metro a los mejores talentos de la década anterior, los que combinados con gente e ideas nuevas resultarían una fórmula explosiva. La tarea de Minnelli consistía en aprender el oficio, leer guiones, hacer sugerencias, dirigir números musicales sueltos, trabajar en el cuarto de montaje. Freed apostaba fuerte a él, convencido de que le sería útil, y le preparaba el camino para tareas mayores. Y Freed casi nunca se equivocaba.



COLORIDAS EXTRAVAGANCIAS




Una cabaña en las nubes




"Sin duda no todo era de color rosa... Se hablaba mucho de la deshumanización de las estrellas y la prostitución de los guionistas, pero nunca he visto robots con tanta iniciativa propia ni rameras tan bien dispuestas", escribió Minnelli en su autobiografía "I Remember It Well" ("Lo recuerdo muy bien", 1974), donde parafrasea en el título una canción de Lerner y Loewe para Gigi. Al principio, el aprendiz de cine colaboró anónimamente en secuencias de filmes ajenos y su primera tarea plena como director fue en una película enteramente interpretada por negros... y en blanco y negro. Una cabaña en las nubes (A Cabin In the Sky, 1942) fue la primera opereta totalmente negra desde Aleluya de King Vidor en 1930. Trataba la lucha entre el bien y el mal por medio de una fantasía ingenua y conmovedora entre gente pobre y buena. Con Ethel Waters, Lena Horne, Eddie "Rochester" Anderson, Louis Armstrong, Rex Ingram y Duke Ellington y su orquesta, la película fue el triunfo del instinto de un artista que aprende sobre la marcha y tiene la intuición de colocar aquí y allá delicadezas que demuestran su sensibilidad, su cuidado por los detalles, su afán por contar una historia en términos visuales y hacer que la música y las canciones formen parte del asunto y no parezcan agregados vistosos pero superfluos. Minnelli tuvo la idea de darle un tono sepia al blanco y negro para sugerir un toque mágico y la película se estrenó así, aunque las copias posteriores no respetaron el proceso (como ocurrió con el comienzo y el final de El mago de Oz).


El trabajo siguiente de Minnelli no fue tan ambicioso. Le encargaron una comediola para Red Skelton y la bailarina Eleanor Powell, producida por Jack Cummings quien, junto a Joe Pasternak, completaba el trío de productores de films musicales de la Metro. Marido por accidente (I Dood It, 1943) era tan barata que recurría a metraje robado de películas anteriores de Cummings con Eleanor Powell, especialmente los números centrales de Nacida para el baile (Born to Dance, 1936) y Honolulu (1939).


Minnelli salió del paso rápidamente porque debía prepararse para rodar su primera película en colores, con un presupuesto generoso y Judy Garland, con quien luego se casaría cuando ella obtuviera el divorcio del director de orquesta David Rose. La rueda de la fortuna (Meet Me in St. Louis, 1944) se basaba en relatos de Sally Benson ambientados dentro de una típica familia americana de principios de siglo, durante las cuatro estaciones del año previo a la Feria Mundial de Saint Louis en 1903. Se comprende que en plena época de guerra una historia que apelara a los buenos sentimientos familiares, con hermosas canciones y un brillante marco visual, tenía que ser un considerable éxito de público. Fuera de Estados Unidos, lógicamente, no podía esperarse una acogida similar, pero la película es lo suficientemente encantadora y tan genuinamente linda de ver que lo demás se acepta, aun hoy. Para mejor, las canciones de Ralph Blane y Hugh Martin, entre las que se cuentan "The Boy Next Door", "The Trolley Song" y "Have Yourself a Merry Little Christmas", están totalmente integradas al argumento y no son entonadas por personajes que tengan alguna vinculación con el teatro o el vaudeville sino por seres comunes y corrientes. Esta es una comedia musical integral, donde las canciones comentan y hacen avanzar la trama, algunas alegres, otras sentimentales, pero siempre derivadas naturalmente de una situación que tiene que ver con lo que piensan y sienten los personajes. El opulento marco escenográfico, los tonos delicados de color, el tratamiento de la luz y los suaves movimientos de cámara definieron ya el estilo de un autor, que además se revelaba como un excelente director de intérpretes y un artista de gusto refinado.


El próximo compromiso del director sería empero un desafío. Compaginar un film-revista en homenaje a las Follies de Ziegfeld, encabezando el desfile con el mismo William Powell que había dado vida al rey del espectáculo en la exitosa El gran Ziegfeld (1936), ganadora del Oscar ese año. Conocido como Las nuevas Follies de Ziegfeld (Ziegfeld Follies, 1944-46), la idea era componer una sucesión de números tal cual los hubiera concebido el propio magnate de Broadway si viviera, así que el film lo ubica en una especie de Olimpo añorando sus viejas épocas y jugando con la idea de cómo serían sus opulentos shows con las nuevas estrellas del momento. Fred Astaire lidera la lista y tiene cuatro números para su lucimiento. En dos de ellos baila con Lucille Bremer y en el último se enfrenta a Gene Kelly en una simulada competencia de danza que resultó a la postre un fragmento clásico, donde los dos bailarines más competentes de Hollywood unieron sus habilidades por única vez (salvo un nostálgico reencuentro en Erase otra vez en Hollywood (That's Entertainment Part 2, 1976, con muchos años encima).


Lo novedoso de este gigantesco espectáculo, que ocasionalmente revive el mal gusto chirriante de algunas puestas en escena de Ziegfeld, es el toque Minnelli en escenografías surrealistas, momentos oníricos (sobre todo en el fragmento "Limehouse Blues") y una intencionada correlación entre los decorados y la coreografía, como si el director hubiese tenido vía blanca para ejercitar su frondosa imaginación. Hasta en el número que cierra el film, dedicado a Kathryn Grayson, revela una puesta sobrecargada, inequívocamente inspirada en el estilo de Salvador Dalí. En su próximo trabajo, El ladrón y la bella (Yolanda and the Thief, 1945), Minnelli vuelve a utilizar a Fred Astaire y a Lucille Bremer en una especie de ampliación del espléndido número "This Heart of Mine" de Las nuevas Follies de Ziegfeld, en que un ladrón de guante blanco seduce a una rica heredera para birlarle las joyas. En la nueva historia, Astaire es un timador que se hace pasar por el ángel de la guardia de la inocente propietaria de una plantación en Centroamérica, mientras un misterioso personaje que parece ser el verdadero ángel vigila sus movimientos. Con humor ingenuo y fantasía desbordada, la película avanza por medio de bailes y canciones, dentro de una escenografía irreal y colorida, pero resultó demasiado vanguardista para su época y fracasó en la taquilla. Fue el primer traspié de Minnelli, que sin embargo tuvo una vez más el apoyo de Arthur Freed para inventar una escena onírica y surrealista con motivo de un baile de Astaire, además de un ballet final lleno de ritmo, luz, color y atmósfera envolvente. Ya había establecido su estilo, pero lo mejor estaba por venir.


UN EQUIPO MUY EXITOSO




La rueda de la fortuna





Vincente Minnelli y Judy Garland se casaron el 15 de junio de 1945. La pareja contó con la bendición de Louis B. Mayer, el zar de la Metro, que adoraba que sus empleados se portaran bien y cumplieran sus órdenes. Pensaba que los desequilibrios emocionales de Judy, entonces con 23 años, podían ser controlados por un hombre mayor, maduro y refinado. Ella admiraba a su esposo y confiaba ciegamente en él, pero Vincente estaba muy absorbido por su trabajo para distraerse en tareas domésticas. Cuando la actriz debió aparecer como estrella invitada en Cuando pasan las nubes (Till the Clouds Roll By, 1946, director Richard Whorf), donde interpretaba a Marilyn Miller en una apócrifa biografía del compositor Jerome Kern, estaba embarazada de Liza y su condición física no era la mejor, así que su marido la dirigió en sus tres números musicales sin aparecer en los créditos. Fue lo mejor de un filme por otra parte aburrido y abigarrado, donde para peor hubo que disimular el vientre ya crecido de Judy con vestidos sueltos, lo que se nota particularmente en una espectacular secuencia de conjunto con la canción "Who". Liza Minnelli nació el 12 de marzo de 1946 mientras su padre dirigía un melodrama de suspenso con Katharine Hepburn y Robert Taylor (Corrientes ocultas) muy alejado de su cuerda pero acorde al plan de trabajo de un estudio que no gustaba de empleados con tiempo ocioso.


Pero Judy y Vincente se embarcaron en un nuevo proyecto musical que les entusiasmaba: una sofisticada comedia con canciones de Cole Porter y ambientación exótica titulada El pirata (The Pirate, 1948), donde Gene Kelly iba a integrar un formidable equipo con Minnelli y la máxima estrella de la Metro. Lo que al principio parecía una combinación ideal reveló rápidamente sus problemas cuando Judy se quejó por sentirse desplazada mientras Kelly, Minnelli y el coreógrafo Robert Alton pasaban demasiado tiempo juntos planificando el film. El resultado final, que fue nuevamente una fiesta de música y color, no refleja las tensiones vividas, máxime cuando Judy y Gene se superan como comediantes, ella canta mejor que nunca (su rendimiento en "Mack the Black" es verdaderamente electrizante) y él baila sus números con elasticidad acrobática. El humor, el ritmo y la calidad plástica son siempre de primer nivel, pero de alguna manera su excentricidad no pegó en el público y no fue un éxito clamoroso como se esperaba. Gustó más a los críticos, que elogiaron su gracia socarrona y sus fogonazos de color, lo que volvía a confirmar que Arthur Freed necesitaba el refinado prestigio de los films de Minnelli para diferenciarse de la vulgaridad a veces agresiva de Joe Pasternak y de las piscinas refrescantes pero repetidas donde Jack Cummings zambullía dos veces por año a Esther Williams.


La sorpresa vino de la mano del desencanto cuando Minnelli se enteró de que no iba a dirigir Intermezzo lírico (Easter Parade, 1948), un proyecto que le había entusiasmado por tratarse de una cabalgata de canciones de Irving Berlin y una nueva conjunción de la pareja Garland-Kelly. Por consejo médico, la actriz no debía volver a trabajar con su marido, suplantado por Charles Walters, y de hecho no lo hizo más. La película fue un éxito rotundo a pesar o tal vez a causa de una serie de maldiciones que le cayeron encima: Gene Kelly se rompió un tobillo y fue sustituido nada menos que por Fred Astaire, que había decidido retirarse; al accidentarse de igual manera Cyd Charisse, vino Ann Miller y se quedó en la Metro. Todo salió tan bien que la carrera de Judy debió encaminarse, pero no fue así. Luego de tres suspensiones consecutivas por faltar a sus tareas, la Metro le rescindió el contrato. Tras un intento de suicidio, también se supo que su matrimonio con Minnelli estaba acabado. El divorcio no se haría esperar. Enfrascado en su trabajo y sin películas musicales en el horizonte, el director realizó un discreto drama (La seductora/Madame Bovary, 1949) y una comedia muy exitosa (El padre de la novia/Father of the Bride, 1950) antes de embarcarse en un proyecto conjunto con Gene Kelly que les daría a ambos las mayores satisfacciones de sus carreras.


PARÍS POR SIEMPRE PARÍS




En 1950, Freed, Minnelli, Kelly y el libretista Alan Jay Lerner idearon un homenaje a George Gershwin (fallecido prematuramenmte en 1937) que ubicaría curiosamente la acción en París para aprovechar el título "Un americano en París" cuya música sería utilizada en un ballet de extensión considerable. Kelly fue el pintor Jerry Mulligan, joven artista que admiraba la obra de los impresionistas y que como Utrillo, Lautrec y Rouault había elegido la ciudad luz para inspirarse. Oscar Levant, que había sido amigo personal de Gershwin, era el pianista desempleado, cínico y leal, un poco como él mismo. Leslie Caron, una bailarina de 18 años del Ballet de Roland Petit, fue seleccionada por el propio Kelly para debutar en esta película de generoso presupuesto y ambiciones artísticas. En Sinfonía de París (An American in Paris) todo transcurría en el tono jocoso y liviano de las clásicas comedias musicales que Gene Kelly había contribuido en gran parte a renovar (principalmente Un día en Nueva York/On the Town, 1949, que codirigió con Stanley Donen). Había humor, romance, malentendidos, amores cruzados, sentimientos confundidos, varias canciones de Gershwin bailadas con gracia y dinamismo y el francés Georges Guétary haciendo una evocación de las Follies Bergéres (pero muy parecidas a las Follies de Ziegfeld). Pero luego, durante 17 electrizantes minutos, la pantalla se iluminaba de brillantes colores y un ballet espectacular ponía un toque final deslumbrante. Con decorados que evocan los cuadros de Renoir, Dufy, Rousseau, Utrillo y Lautrec, el protagonista (Kelly) recorre París en busca de la mujer amada (Caron), mientras los característicos toques pictóricos y oníricos de Minnelli se distribuyen generosamente haciendo gala de un buen gusto pocas veces tan coherente y visualmente atractivo. En su ensoñación, el pintor ve la ciudad tal como la representaron sus artistas amados y en dos escenas, al menos, como la de la fuente de la Place de la Concorde y la del Moulin Rouge, música, cámara, luces, baile y color logran una poesía de intensa belleza. Esta era la culminación que la comedia musical estaba esperando.


La película ganó el Oscar como la mejor de 1951, incluidos otros cinco premios a sus rubros técnicos (libreto original, fotografía, dirección artística, vestuario, música) y uno especial para Gene Kelly por su contribución al desarrollo de las comedias musicales. Minnelli, también nominado, perdió frente a George Stevens por Ambiciones que matan (A Place in the Sun), lo que hizo pensar a mucha gente que los méritos del film se debían a Gene Kelly más que a su director. En parte eso es correcto, pero no hay que olvidar que los elementos visuales, la atmósfera parisina, la elegancia de la narración, la delicadeza por los detalles, la fineza del humor y sobre todo el riquísimo entorno pictórico del ballet, con un uso particular del color, la luz y los decorados, son Minnelli en esencia. Cuando en 1958 volvió a filmar una historia parisina, basada en la novela "Gigi" de Colette y lujosa ambientación en la belle époque, nuevamente con libreto de Lerner, música de Frederick Loewe (el dúo resposable de "My Fair Lady") y Leslie Caron ya convertida en estrella, junto a un notable Maurice Chevalier y a un elegante Louis Jourdan, el resultado fue igualmente estimulante, un ejercicio de estilo visualmente fascinante y con las habituales calidades musicales de toda su obra previa. Esta vez la Academia no pudo negarle su merecido Oscar que recibió junto a ocho estatuillas más (mejor película, libreto adaptado, fotografía, dirección artística, vestuario, montaje, música y canción). Gigi fue tal vez la última gran película musical de la Metro, otra culminación que tuvo como protagonista, como no podía ser de otra manera, a Vincente Minnelli.


EL ROJO LE SIENTA BIEN




Brindis al amor





Entre Sinfonía de París y Gigi, la década del 50 tuvo buenas y malas noticias para Minnelli. Dirigió muchas películas dramáticas y comedias sofisticadas, dejando habitualmente su marca en el estilo, el refinamiento y el esmero por los detalles ambientales y visuales, donde siempre algún pantallazo de rojo era como su firma reconocible. Algunos títulos merecieron especial destaque como Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, 1952, un drama sobre Hollywood), Sed de vivir (Lust for Life, 1956, sobre vida de Vincent Van Gogh), Dios sabe cuánto amé (Some Came Running, 1959, sobre novela de James Jones) y Herencia de la carne (Home from the Hill, 1960, melodrama familiar sureño). Pero siempre fue en el cine musical que se esperaba de él lo mejor. En Brindis al amor (The Band Wagon, 1953), con libreto de Betty Comden y Adolph Green (los de Cantando en la lluvia de Kelly y Donen, 1952), música de Arthur Schwartz y coreografía de Michael Kidd, se desechó el asunto original que había sido uno de los éxitos teatrales de Fred Astaire y se inventó un argumento que era precisamente un homenaje al veterano bailarín. Como Astaire atravesaba un gran momento (y tenía ya 54 años), era irónico que se le presentara como un actor de cine olvidado que intentaba un retorno triunfal en Broadway.


En pareja con la exquisita Cyd Charisse, Astaire tiene un par de momentos inolvidables. Primero cuando cruzan del brazo el Central Park, sin decir una palabra, la música se insinúa levemente y al ritmo de "Dancing in the Dark" comienzan a bailar en un rincón solitario con Nueva York de telón de fondo. El momento es mágico y se logra sin diálogo y sin canto, solamente a través de la danza como elemento de comunicación entre dos personajes que necesitaban encontrar un punto de contacto para poder trabajar juntos. Eso también es la esencia de la comedia musical, ahora despojada de todo lo accesorio y dejando que el baile lo diga todo como natural expresión de sentimientos y emociones. Y el otro momento es, lógicamente, un ballet. Una parodia a la quintaescencia del "film noir", con Astaire como detective privado de expresión seca y cortante y Cyd Charisse en doble papel como la morocha insinuante y la asesina rubia típica del cine negro. En un momento electrizante, Fred entra a un tugurio lleno de humo y música de jazz y descubre en el mostrador a la fulgurante morocha que se despoja de su tapado y revela un centelleante vestido rojo tajeado hasta la cadera, antes de arrastrarlo a una danza frenética y provocativa. Pocas veces el cine musical logró tal perfección y tal unidad entre música, baile, imagen e intención paródica, una poesía chirriante con un entorno visual y auditivo de enorme sugestión.


En 1954, Minnelli, Kelly y Lerner intentaron con Brigadoon reverdecer el equipo exitoso de Sinfonía de París, pero la experiencia resultó fallida. En parte porque Arthur Freed no tenía ya el poder de antaño y el presupuesto fue menor, y en parte porque la historia presuntamente encantadora que se contaba resultaba muy ingenua para los gustos cambiantes de la época, ni siquiera la pareja Kelly-Charisse logró elevar el nivel de una película filmada en obvios escenarios de cartón cuya poesía se evaporaba por los costados de la inmensa pantalla de CinemaScope. Hasta el color era ingrato, sustituyendo los brillantes matices del Technicolor por los pálidos empastes del Ansco. Peor le fue a Minnelli con una opereta basada en "Kismet", con temas musicales sobre partitura de Borodin (Un extraño en el paraíso, 1955), ajena a su cuerda y con un elenco que no era el de su afiatado equipo (Howard Keel, Ann Blyth, Vic Damone, Dolores Gray). Fue un fracaso del que pudo reponerse afortunadamente con Gigi, pero la época dorada de la Metro se había terminado y su última comedia musical para el estudio fue Esta rubia vale un millón (Bells Are Ringing, 1960), un asunto teatral que el director resolvió acudiendo a la gracia natural de Judy Holliday, con el contrapeso de Dean Martin y escasas oportunidades de colocar algún detalle de gracia, buen gusto o dinamismo. Tras casi veinte años en la MGM, donde dejó varios ejemplos de inusitada calidad y fue sin lugar a dudas uno de los impulsores del mejor período de la comedia musical americana, su nombre siempre estará ligado a esas culminaciones que pueden revisarse hoy con inolcultable placer sin que el tiempo haya mellado sus principales virtudes. Minnelli falleció en 1986 luego de dedicar su vida al cine a través de 34 películas donde dignificó la comedia musical y la elevó a la categoría de género mayor, tal vez una de las creaciones más genuinamente cinematográficas del ya centenario arte de imágenes en movimiento. Por eso, y parafraseando el título de su autobiografía, lo recordaremos muy bien.


Filmografía musical de Vincente Minnelli




Las nuevas Follies de Ziefgeld




Una cabaña en las nubes
(A Cabin in the Sky, 1942). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Joseph Schrank sobre pieza teatral basada en un tema de Lynn Root con canciones de Vernon Duke (música) y John Latouche (letra). Fot. Sidney Wagner. Mús. Roger Edens. Dir. mus. George Stoll. Canciones adicionales: Harold Arlen, E. Y. Harburg y Duke Ellington. Coreog. Archie Savage. Dir. art. Cedric Gibbons, Leonid Vasian. Mtje. Harold F. Kress. Vest. Irene Sharaff, Gile Steele. Con Ethel Waters, Eddie "Rochester" Anderson, Lena Horne, Louis Armstrong, Rex Ingram, Kenneth Spencer, Oscar Polk, Duke Ellington y Orq. (99 min.)

Marido por accidente (I Dood It, 1943). Prod. Jack Cummings (MGM). Lib. Sig Herzig, Fred Saidy sobre la película de Buster Keaton "Spite Marriage" (1929). Fot. Ray June. Mús. Merril Pye. Canciones: Vernon Duke, John Latouche, Ted Fetter, Cole Porter, Lew Brown, Ralph Freed, Sammy Fain, Count Basie. "The Jericho Ballet", por Richard Myers (música), Leo Robin (letra), Kay Thompson (orquestación), George Stoll (dirección musical), Bobby Connolly (coreografía). Dir. art. Cedric Gibbons, Jack Martin Smith. Mtje. Robert J. Kern. Vest. Irene Sharaff, Gile Steele. Metraje interpolado de "Nacida para el baile" (1936) y "Honolulu" (1939). Con Eleanor Powell, Red Skelton, Richard Ainley, Patricia Dane, Lena Horne, Sam Levene, Thurston Hall, Hazel Scott, John Hodiak, Jimmy Dorsey y Orq. (102 min.)

La rueda de la fortuna (Meet Me in St. Louis, 1944). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Irving Brecher, Fred T. Finklehoffe sobre historias de Sally Benson. Fot. (Technicolor), George Folsey. Dir. art. Cedric Gibbons, Lemuel Ayers, Jack Martin Smith. Vest. Irene Sharaff. Dir. mus. George Stoll. Superv. musical, Roger Edens. Canciones: Ralph Blane (música), Hugh Martin (letra). Coreog. Charles Walters. Mtje. Albert Akst. Con Judy Garland, Margaret O'Brien, Mary Astor, Lucille Bremer, Joan Carroll, Henry H. Daniels Jr., Leon Ames, Tom Drake, Marjorie Main, Harry Davenport, June Lockhart. (113 min.)

Las nuevas Follies de Ziegfeld (Ziegfeld Follies, 1944-46). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. George White, Al Lewis, Harry Tugent, Irving Brecher, Peter Barry, Robert Alton, David Freedman. Fot. (Technicolor), George Folsey, Charles Rosher. Dir. art. Cedric Gibbons, Merril Pye, Jack Martin Smith, William Ferrari. Vest. Irene Sharaff, Helen Rose. Superv. mus. Roger Edens. Dir. mus. Lennie Hayton. Coreog. Robert Alton, Charles Walters, Eugene Loring, Fred Astaire. Mtje. Albert Akst. Sketches: 1) "Ziegfeld Reviews His Past Triumphs", con William Powell, los Títeres de Bunin. 2) "Bring On the Beautiful Girls". Canción de Roger Edens (mús.) y Ralph Freed (letra). Con Fred Astaire, Lucille Ball, Virginia O'Brien, Cyd Charisse. 3) "A Water Ballet". Canción de Harry Warren (mús.) y Arthur Freed (letra). Con Esther Williams. 4) "Number Please". Dir. Robert Lewis. Con Keenan Wynn, Grady Sutton, Kay Williams. 5) "Traviata". Música de Giuseppe Verdi. Con Marion Bell, James Melton. 6) "Pay the Two Dollars". Con Victor Moore, Edward Arnold, Ray Teal. 7) "This Heart of Mine". Canción de Harry Warren (mús.) y Arthur Freed (letra). Con Fred Astaire, Lucille Bremer. 8) "A Sweepstake Ticket". Dir. Roy del Ruth. Con Fanny Brice, Hume Cronyn, William Frawley. 9) "Love". Dir. Lemuel Ayers. Canción de Ralph Blane (mús.) y Hugh Martin (letra). Con Lena Horne. 10) "When Television Comes". Dir. George Sidney. Con Red Skelton. 11) "Limehouse Blues". Canción de Philip Braham (mús.) y Douglas Furber (letra). Con Fred Astaire, Lucille Bremer, Robert Lewis, Pamela Britton, Elizabeth Jones, John Doucette. 12) "A Great Lady Has an Interview". Canción de Roger Edens (mús.) y Kay Thompson (letra). Con Judy Garland. 13) "The Babbit and the Bromide". Canción de George Gershwin (mús.) y Ira Gershwin (letra). Con Fred Astaire, Gene Kelly. 14) "There's Beauty Everywhere". Canción de Harry Warren (mús.) y Arthur Freed (letra). Con Kathryn Grayson, Cyd Charisse. (110 min.)

El ladrón y la bella (Yolanda and the Thief, 1945). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Irving Brecher, sobre argumento de Jacques Thery y Ludwig Bemelmans. Fot. (Technicolor), Charles Rosher. Dir. art. Cedric Gibbons, Jack Martin Smith. Vest. Irene Sharaff. Dir. mus. Lennie Hayton. Superv. mus. Roger Edens. Coreog. Eugene Loring, Fred Astaire. Mtje. George White. Canciones: Harry Warren (mús.), Arthur Freed (letra). Con Fred Astaire, Lucille Bremer, Frank Morgan, Mildred Natwick, Leon Ames, Jane Green. (107 min.)

Cuando pasan las nubes (Till the Clouds Roll By, 1946). Dir. Richard Whorf. Prod. Arthur Freed (MGM). Biografía de Jerome Kern (Robert Walker) con los números de Judy Garland (como Marilyn Miller) dirigidos por Vincente Minnelli: "Look for the Silver Lining", "Who", "Sunny". Fot. (Technicolor), Harry Stradling, George Folsey. Coreog. Robert Alton.

El pirata (The Pirate, 1948). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Albert Hackett, Frances Goodrich, sobre pieza teatral de S. N. Behrman. Fot. (Technicolor), Harry Stradling. Dir. art. Cedric Gibbons, Jack Martin Smith. Vest. Irene Sharaff, Tom Keogh. Dir. mus. Lennie Hayton. Canciones: Cole Porter. Coreog. Robert Alton, Gene Kelly. Mtje. Blanche Sewell. Con Judy Garland, Gene Kelly, Walter Slezak, Gladys Cooper, Reginald Owen, George Zucco, The Nicholas Brothers. (102 min.)

Sinfonía de París (An American in Paris, 1951). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Alan Jay Lerner. Fot. Alfred Gilks. Fot. ballet: John Alton. Dir. art. Cedric Gibbons, Preston Ames. Vest. Orry-Kelly. Vest. "Beaux Arts": Walter Plunkett. Vest. ballet: Irene Sharaff. Mús. George Gershwin. Letra de las canciones: Ira Gershwin, B.G. De Sylva. Dir. mus. Johnny Green, Saul Chaplin. Orquest. Conrad Salinger. Coreog. Gene Kelly. Mtje. Adrienne Fazan. Con Gene Kelly, Leslie Caron, Oscar Levant, Georges Guétary, Nina Foch, Mary Young, Eugene Borden, Martha Bamattre, Hayden Roarke, Madge Blake, Ann Codee, Paul Maxey, George Davis, Dick Wessel. (113 min.)

El amor nació en París (Lovely to Look At, 1952). Dir. Mervyn Le Roy. Prod. Jack Cummings (MGM). Sobre la obra musical "Roberta" de Jerome Kern y Otto Harbach. Vincente Minnelli dirigió el desfile de modas final, sobre diseño de Tony Duquette. Fot. (Technicolor), George Folsey. Coreog. Hermes Pan. Vest. Adrian. Con Kathryn Grayson, Red Skelton, Howard Keel, Ann Miller, Marge y Gower Champion, Kurt Kasznar, Zsa Zsa Gabor. (112 min.)

Brindis al amor (The Band Wagon, 1953). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Betty Comden, Adolph Green. Fot. (Technicolor), Harry Jackson. Dir. art. Cedric Gibbons, Preston Ames, Oliver Smith. Vest. Mary Ann Nyberg. Dir. mus. Adolph Deutsch. Canciones: Arthur Schwartz (mús.), Howard Dietz (letra). Coreog. Michael Kidd, Fred Astaire. Mtje. Albert Akst. Con Fred Astaire, Cyd Charisse, Oscar Levant, Nanette Fabray, Jack Buchanan, James Mitchell, Robert Gist, Ava Gardner. La voz de Cyd Charisse está doblada en las canciones por India Adams. (112 min.)

Brigadoon. Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Alan Jay Lerner, sobre obra teatral propia. Fot. (Anscocolor, CinemaScope), Joseph Ruttenberg. Dir. art. Cedric Gibbons, Preston Ames. Vest. Irene Sharaff. Dir. mus. Johnny Green. Canciones: Frederick Loewe (mús.), Alan Jay Lerner (letra). Coreog. Gene Kelly. Mtje. Albert Akst. Con Gene Kelly, Van Johnson, Cyd Charisse, Elaine Stewart, Barry Jones, Albert Sharpe, Hugh Laing, Virginia Bosier, Jimmy Thompson, Dodie Heath, Tudor Owen, Eddie Quillan. La voz de Cyd Charisse está doblada en las canciones por Carole Richards. (102 min.)

Un extraño en el paraíso (Kismet, 1955). Prod. Arthur Freed (MGM). Libr. Charles Lederer, Luther Davis, sobre obra teatral inspirada en tema de Edward Knoblock. Fot. (Eastmancolor, CinemaScope), Joseph Ruttenberg. Dir. art. Cedric Gibbons, Preston Ames. Vest. Tony Duquette. Canciones: Robert Wright, George Forrest, sobre temas de Aleksander Borodin. Dir. mus. André Previn, Jeff Alexander. Coreog. Jack Cole. Mtje. Adrienne Fazan. Con Howard Keel, Ann Blyth, Dolores Gray, Vic Damone, Monty Woolley, Sebastian Cabot, Jay C. Flippen, Mike Mazurki, Jack Elam, Ted de Corsia. (113 min.)

Gigi. (1958). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Alan Jay Lerner sobre novela de Colette. Fot. (Metrocolor, CinemaScope), Joseph Ruttenberg. Asesor de colores: Charles Hagedon. Dir. art. William A. Horning, Preston Ames. Diseño de decorados y vestuario, Cecil Beaton. Dir. mus. André Previn. Canciones: Frederick Loewe (mús.), Alan Jay Lerner (letra). Mtje. Adrienne Fazan. Coreog. y dirección auxiliar: Charles Walters. Con Leslie Caron, Maurice Chevalier, Louis Jourdan, Hermione Gingold, Isabel Jeans, Eva Gabor, Jacques Bergerac, John Abbott. La voz de Leslie Caron en las canciones está doblada por Betty Wand. (116 min.)

Esta rubia vale un millón (Bells Are Ringing, 1960). Prod. Arthur Freed (MGM). Lib. Betty Comden, Adolph Green, sobre obra teatral propia. Fot. (Metrocolor, CinemaScope), Milton Krasner. Asesor de colores: Charles Hagedon. Dir. art. George W. Davis, Preston Ames. Vest. Walter Plunkett. Dir. mus. André Previn. Canciones: Jule Styne (mús.), Betty Comden, Adolph Green (letra). Coreog. Charles O'Curran. Mtje. Adrienne Fazan. Con Judy Holliday, Dean Martin, Eddie Foy Jr., Fred Clark, Jean Stapleton, Ruth Storey, Dort Clark, Frank Gorshin, Ralph Roberts, Gerry Mulligan. (125 min.)

En un día claro se ve hasta siempre (On a Clear Day You Can See Forever, 1970). Prod. Howard W. Koch para Alan Jay Lerner Prod./Paramount. Lib. Alan Jay Lerner, sobre pieza teatral propia. Fot. (Technicolor, Panavision), Harry Stradling. Dir. art. John de Cuir. Vest. Cecil Beaton, Arnold Scaasi. Dir. mus. Nelson Riddle. Canciones: Burton Lane (mús.), Alan Jay Lerner (letra). Coreog. Howard Jeffrey, Betty Walberg. Mtje. David Bretherton. Con Barbra Streisand, Yves Montand, Bob Newhart, Larry Blyden, Jack Nicholson, Simon Oakland, John Richardson, Pamela Brown, Irene Handle. (129 min.)


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