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Del cine de terror tailandés, a propósito de Shutter
FANTASMAS CON ARROZ


por Alejandro Yamgotchian (abril, 2007)





La diferencia entre las películas de terror tailandés con el cine de género de otros países asiáticos no es tanta, si se tiene en cuenta lo proporcionado por la famosa y prolífica nueva ola de terror oriental, impulsada hace más o menos una década y en donde el género tomó otro impulso e incluso mucha trascendencia en Occidente. En Tailandia no pululan tanto las mujeres de blanco con largas cabelleras negras, sino más bien espíritus que siempre merodean a los mortales, fantasmas que reniegan la muerte física, otros que desean poseer cuerpos para llegar a cabo su venganza, con los monjes budistas y doctores expertos en casos sobrenaturales como principales aliados. A su vez, del otro lado de la pantalla, los espectadores han tenido el compromiso de pararse ante el himno del Rey en cada una de las funciones que se pasa en los cines (el gobierno es una monarquía constitucional), viéndose fragmentos durante algunos segundos sobre su vida, con la bandera tailandesa de fondo. La única forma de acceder a algunas de las películas que aquí se nombran (las que van de los ´80 hacia atrás) es a través de sus respectivas descargas en Internet; todavía hay que tener la suerte de que se puedan conseguir los subtítulos, tarea casi imposible, también para ver y sobre todo escuchar sin problemas.





ALMAS EN PENA



Los famosos fantasmas, sin embargo, no siempre fueron los enemigos. Ya en las décadas del ´60 y ´70 se empezaban a ver historias de amor más bien rurales donde, por ejemplo, un hombre trataba de hacer volver a la vida el espectro de la mujer que amaba, y su flamante pareja hacía lo imposible para impedirlo. También triángulos amorosos donde jóvenes enamoradas terminaban asesinadas o suicidándose ante situaciones insostenibles, para luego volver a vengarse desde el más allá, haciendo justicia con los mortales.

La década del ´70 ya empezaba a consolidarse como la época dorada del cine tailandés. El año que empezaba a mostrar una cara distinta (no solo económica) fue 1973, donde el cine de género daba paso a otro diferente, abocado a los problemas sociales y muy lejos de aquella censura que ya desde la década del ´30 ponía nerviosos a los realizadores.

Muchas leyendas siguen siendo contadas, básicamente por esposas y abuelas a sus familiares y descendientes (siempre el miembro antiguo del grupo es el más respetado y reverenciado). Silbar durante la noche o dormir al lado del ropero puede ser una tentación para atraer malos espíritus, que pueden maldecir a uno si bromea, canta o golpea el tazón de arroz mientras está comiendo. Los ángeles pueden ofenderse y traer mala suerte si se afila un cuchillo... durante la noche. Más vale no tener relaciones sexuales los días santos porque sucederían cosas horribles, ni levantar un caramelo del piso; más vale dejárselo al fantasma. Si alguien no quiere que entre un espíritu maligno al hogar, le convendría no pararse en la puerta. Y menos que le diga a un bebé que es lindo, porque el espectro vendrá a eliminar a la pobre criatura. Para evitar la mala suerte es mejor cortarse el pelo cualquier día de la semana, menos los miércoles. Insultar una imagen de Buda podría equivaler a un viaje inmediato al infierno.

Estas creencias han influido tanto como el propio cine norteamericano que pudo exhibirse en países orientales. A pesar de que la invasión hollywoodense tuvo su auge en el mercado tailandés durante los ´90, es probable que la influencia de algunos films estadounidenses y de países europeos, que llegaban de a cuentagotas, terminara gravitando en algunos artistas locales, quienes fusionaban todo con las tradicionales leyendas urbanas y rurales de su país. En 1981 se produjo una película que puede resultar curiosa, dada su historia; un médico le extirpa los ojos a un paciente con el fin de curar a su esposa para que pueda volver a ver. Pero la víctima regresa como fantasma para tomar venganza. Quitando el lado sobrenatural, la obra podría emparentarse con la de El monstruo humano (Walter Summers, 1939), notable trabajo protagonizado por Bela Lugosi, con el expresionismo y la calidad del francés Georges Franju (cofundador nada menos que de la Cinemateca Francesa) en Los ojos sin cara (1959), y más que nada con la producción de Charles Band, El sótano del horror (Michael Pataki, 1976), ese oscuro y perturbador clásico, bastante olvidado hoy día dentro del género, que fue estrenado directamente en video en Uruguay por una compañía llamada... ¡Grupo Águila!


Shutter: La foto viene con sorpresas


Si bien hubo películas taquilleras como Ghost Money (1981), sobre ladrones que roban metales preciosos a cadáveres y luego son perseguidos por los espíritus de los difuntos, también se creó la exitosa y famosa versión tailandesa de El exorcista (William Friedkin, 1973). Claro que también hubo casos como el de una producción de 1987, donde el cine tailandés quizás haya servido como fuente de inspiración; su argumento terminó inspirando vagamente a Ju-On: The Grudge (2003) de Takashi Shimizu. Algunas películas pueden encontrarse en VCD, especialmente aquellas que se bajan de Internet, aunque la mala calidad de imagen y sonido no tienen que ver con la grabación sino con el propio estado en que estaban hechas las películas originales (problemas de sonido y doblaje mal sincronizado, básicamente).

Lo cierto es que en los ´80 y ´90 la producción tailandesa descendió considerablemente por las crisis financieras, aunque poco antes de comenzar el nuevo milenio Tailandia se suma a la llamada "nueva ola de terror oriental", gracias a la exitosa Nang Nak (Nonzee Nimibutr, 1999), con argumento algo parecido a El sexto sentido (1999) del hindú M. Night Shyamalan, en el sentido de que aquel hombre que viene de la guerra luego de un largo tiempo no se da cuenta que está viviendo con su esposa ya muerta, quien todavía guarda alguna sorpresita vinculada a una famosa leyenda sobre la mujer fantasma que es capaz de todo con tal de conservar a su marido.

La mezcla de comedia y terror tampoco faltó a la cita en Body Jumper (Haeman Chatemee, 2001), ni tampoco las historias fantásticas con brujería y magia negra de por medio (Bangkok Haunted, de 2001, codirigida por uno de los hermanos Pang, los de El ojo; especialmente Krasue, producida en 2002, y la primera parte de Art of the Devil, de 2004), o relatos cortos que respetaban, de alguna manera, a los árboles de las distintas regiones tailandesas que albergaban sus respectivos fantasmas en Lhorn / Soul (Arphichar Phopairoj, 2003). Algunas películas ya tenían un enfoque más bien comercial, eran producidas dentro de una industria ya consolidada, y de ahí que también pudieran verse fuera de Tailandia, en otros países de Oriente. La influencia de Occidente hoy día gravita y mucho, a tal punto que la cultura tailandesa ya no aparece de la misma manera que antes, y eso también se nota en las obras que se producen.

El gran salto (en todo sentido) vino con The Unborn (Bandhit Thongdee, 2003), una coproducción entre Tailandia y Tanzania, sobre camarera drogadicta que va a parar a un hospital luego de ser atacada por un narcotraficante. Allí descubre que estaba embarazada, mientras el fantasma de una mujer comienza a enloquecerla con sus tenebrosas apariciones, aunque ella duda de si son alucinaciones, y también de las intenciones del espíritu.

El enorme problema que está enfrentando el mercado no solo tailandés sino también buena parte del asiático es la piratería, que hoy día se ha tornado algo incontrolable, debido a la gran cantidad de copias que circulan y que realmente golpean las boleterías de los cines, a tal punto que muchas producciones son lanzadas directamente en DVD e incluso se llegan a conocer en Occidente a través de festivales de cine fantástico. Actualmente la producción tailandesa ronda casi las 40 películas anuales, y casi no encuentra obstáculos para ser exhibida en países asiáticos cercanos y también mucho más allá de fronteras.

Tal es el caso de películas que han ganado premios en el festival de Cannes, y otras, como Shutter: Están entre nosotros (Banjong Pisanthanakun, Parkpoom Wongpoom, 2004), que pudieron llegar finalmente a circuitos comerciales de Brasil, Argentina y Uruguay, gracias al éxito que tuvieron fuera del continente sudamericano y no solo en Tailandia o países asiáticos como Taiwan, Singapur y Malasia; la Fox ya ha comenzado el rodaje de una remake. También las comedias y las historias épicas siguen sin pasar desapercibidas por boleterías.

La producción tailendesa más reciente que ha venido llamando la atención, por su parte, ha sido Dek hor / Dorm (Songyos Sugmakanan, 2006), dueña de una mención especial en el reciente festival de cine Berlín y que en su segunda mitad toma la dimensión de un drama totalmente impensado, a propósito de tímido joven cuyos padres lo obligan a estudiar en un colegio, donde debe vivir y compartir con alguien (o algo) una habitación sobre la que todos sus malvados compañeros hablan y en la que ninguno desea estar.


LEYENDAS REVELADAS


De izquierda a derecha: Banjong Pisanthanakun, el guionista Sopon Sukdapisit y el otro codirector, Parkpoom Wongpoom






La historia de Shutter nace a partir del accidente que una pareja tiene en la carretera de una zona rural, durante la noche; atropellan sin querer a una mujer pero no se detienen en el lugar del hecho. Esto lleva a que las cosas en Bangkok ya no sigan siendo las mismas; él es un fotógrafo que percibe extrañas figuras en sus fotografías y a la vez su mujer es atormentada por terribles pesadillas. Por si fuera poco los amigos cercanos a la pareja comienzan a morir inexplicablemente.

La idea vino a partir de las curiosas apariciones en fotos que los realizadores vieron sobre la masacre que se produjo en Bangkok durante una protesta estudiantil en 1973, donde murieron 77 personas (todos estudiantes).

Shutter fue dirigida por dos jovencísimos realizadores tailandeses, Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom (ambos con 24 años, al momento de hacer la película). Pisanthanakun es crítico cinematográfico, trabajó para la televisión (ahí conoció a Wongpoom), y supo recorrer varios festivales asiáticos con sus cortometrajes previos. Shutter fue la película más taquillera de 2004 en Tailandia y eso lo llevó a otro largo (Alone) que también codirigió junto a Wongpoom y que se estrenó recientemente en su país de origen. Wongpoom tuvo una trayectoria similar, aunque sus cortos no siempre han sido de corte fantástico, igual que su colega.

"En mi corto Colourblind un técnico experto en reparar televisores no puede ver el color rojo. Intentó ser una especie de metáfora para alguien bastante alejado del amor. Hay una mujer que le envía rosas, pero dada su limitación para él es imposible apreciar el significado de ese gesto..., hasta que la ve y de ahí en más solo aprecia el color rojo", decía Pisanthanakun. "Discutimos bastante con Parkpoom; incluso tenemos estilos y acercamientos distintos, aunque mantenemos una extraña compatibilidad en cuanto a formas de ser. Si en algo no coincidimos, pues tratamos de hablar hasta llegar a un acuerdo. A los dos nos gustan las películas de terror, y es por eso que aquí buscamos la manera de inquietar lo mejor posible al espectador".

"La compañía coproductora y distribuidora de Shutter, por suerte, nos ha dado la libertad que quisiéramos para seguir adelante con nuestros proyectos, incluso a nivel individual y hasta exigiéndonos cierto nivel de concepto y preparación al momento de presentarles algo. La idea es explorar otros géneros también; no quedarnos solo con el terror. El público en Tailandia sabe detectar cuándo una película es buena o no. Y los productores también lo saben; ellos ahora, aunque cueste creerlo, están tratando de invertir en películas más bien artísticas", sostenía Wongpoom.

Pisanthanakun anunció que entre sus próximos trabajos hará un largometraje basado en la historia real de una adolescente que descubre que tiene el virus del SIDA y comienza a escribir un diario íntimo en Internet, en uno de los portales más populares de Tailandia. "Lo que ella decía revelaba un optimismo sorprendente para alguien que estaba a punto de morir."

Si muchos piensan que en Shutter se van a encontrar con amenazantes mujeres de pelo negro, como en las sagas de Ringu o Ju On: The Grudge, les avisamos que la cosa no viene por ahí. En especial porque acá no hay una maldición dispuesta a matar todo lo que se le cruce por el camino; existe una causa detrás de todo; simple pero bastante efectiva. Y esto se enraíza con las leyendas locales que el cine tailandés ha manejado, notándose incluso la influencia de clásicos como El exorcista o hasta un homenaje al mismísimo Hitchcock. No obstante, los directores manejan con mucha sutileza algunas escenas, aprovechando ampliamente la composición de planos, con alguna cámara de mano, previa sugestión y luego apostando muchas fichas a ese terror que se ve y al que en ocasiones le cuesta inquietar al espectador. Hay escenas que son realmente escalofriantes y la banda sonora ayuda muchísimo a reforzar esas situaciones tenebrosas, hasta psicológicamente perturbadoras, que aparecen en cualquier momento y que entran en un círculo que prácticamente no da respiro. El tema de las fotografías está muy bien manejado, ya que en la historia se mezclan aquellas trucadas, con otras supuestamente enigmáticas. Lo mismo ocurre con el espectro que anda dando vueltas, ya que no siempre es intangible y aparece tanto en pesadillas como en situaciones reales.


El japonés Norio Tsuruta, en Ring 0: Birthday (2000), había intentado hacer algo parecido con el personaje de Sadako, dándole un toque distinto al aplicado por Hideo Nakata en las dos primeras partes de la saga original (en realidad terminó siendo la mejor). Si bien hay una secuencia parecida a una de El ojo (2002) de los hermanos Pang (que se filmó en Tailandia pero que era una coproducción entre Hong Kong y Singapur), en Shutter el guión está un poco más trabajado; no se la juega mucho aunque igual deja cierto espacio para acercarse a los sentimientos del protagonista principal, al proceso de una supuesta culpa, y a esas interrogantes cuyas respuestas se limitan más bien a contextos sobrenaturales. Es una película bastante modesta, para nada ambiciosa, y muy bien resuelta, que pudo llegar a cines uruguayos, saturados ya de versiones hollywoodenses algo apáticas e innecesarias.


La Fox ya ha comprado los derechos y tiene previsto el estreno de la remake para 2008. El film estará dirigido por el japonés Masayuki Ochiai, conocido por haber co-escrito y dirigido Hipnosis / El hipnotizador (1999), premiado film sobre el misterioso caso de tres suicidas, y Kansen (2004), que gira sobre un extraño virus que afecta a los estresados empleados de un hospital en bancarrota.


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