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En la obra de Carl Franklin, a propósito de Tiempo límite
SUTILEZAS ANÓNIMAS

por Alejandro Yamgotchian (agosto, 2004)


Carl Franklin


El hombre filma cada tanto pero cuando lo hace ejerce una solvencia tal que a uno le despierta mucha curiosidad. Ha hecho varias películas a lo largo de casi dos décadas y en él se percibe un aire similar al empleado por John Sayles, aunque ese rigor conceptual del director de Escrito en el agua (1992), Estrella solitaria (1996) y Hombres armados (1998) no predomina tanto en este moreno, que más bien se juega por cuidadosos despliegues cinematográficos, relatos que, en medio de la dinámica, la intriga y la excelente acción, dan un pequeño espacio para la observación de ambientes y en especial personajes, y temas tirados como de pasada, de manera indirecta, pero que casi siempre han estado a lo largo de su obra y que denotan suma preocupación por parte del propio artista, en especial el vinculado al racismo.


UNA DE CAL...

Un aire de cine blaxploitation (subgénero que tuvo su auge en los ´70, hecho por negros y para negros, con blancos que solían hacer de villanos) se detecta en la mayoría de las películas de Carl Franklin (bueno; al menos en lo que se vio en cine y se llegó a editar de él en video, aquí en Uruguay), un realizador que formó parte, aunque bajo el más absoluto anonimato, de la nueva ola de directores morenos de fines de los ´80, donde no solo asomaron destacados artistas como Spike Lee (Haz lo correcto) sino también otros como John Singleton (Los dueños de la calle), Bill Duke (Furia en Harlem), Mario Van Peebles (New Jack City), Ernest Dickerson (Respirando violencia), los Hermanos Hughes (Verdugos de la sociedad) y hasta realizadores blancos como Lawrence Kasdan aportando una enriquecedora mirada a los problemas raciales en Los Ángeles dentro de una de las historias entrecruzadas de Grand Canyon: El corazón de la ciudad (1991).

Algún memorioso quizá recuerde la serie Los magníficos, que aquí daba Canal 4 los viernes de noche. Carl Franklin, justamente, llegó a aparecer en algunos episodios como el Comisionado Crane; incluso dentro de sus papeles como actor (hasta 1992 inclusive y desde hacía casi 20 años) interpretando, quizá por diversión, varios personajes relacionados a detectives, oficiales, sargentos y coroneles.

Tuvo trabajo en cine y televisión, iniciándose como director gracias a ejercicios de escaso peso y donde al parecer importaba más lo que se podía cobrar (El ojo del águila 2 - editada en video en Uruguay; Amenaza submarina - exhibida por TNT), aunque comenzaron a detectarse algunas inquietudes a partir de Sin salida (no confundir con la película de Roger Donaldson), donde un grupo de estudiantes descubre un asunto de corrupción vinculado a un político que había ayudado a un peligroso criminal a salir de prisión. Quienes se deleitaron viendo a David Carradine haciendo de malvado en Kill Bill 2 (Quentin Tarantino, 2004) pues tendrían que ver lo que es en esta película, con su aspecto de loco psicótico yendo a un pueblo de Texas a cobrarse una vieja deuda. La película tomaba lugar en la década del ´60 e insinuaba muy vagamente el forzoso pasaje de la juventud a la adultez por parte de algunos de los protagonistas.


EL ASCENSO A PRIMERA


Un paso en falso




Sin dudas la película que lo colocó definitivamente en la lista de realizadores a tener muy en cuenta fue Un paso en falso (1992; también estrenada aquí directamente en video), un muy buen thriller co-escrito y protagonizado por Billy Bob Thornton, en el que corrían dos historias paralelas; la de un trío en fuga y al margen de la ley, y la de un oficial de policía de un pequeño pueblo (Bill Paxton) que debe salir a enfrentarlo.

Esta película alude directamente a la marginación que sufren los negros en Texas, como víctimas de la violencia y la intolerancia. "Para los negros parecer culpable es ser culpable", dice en un momento, y aludiendo a los juicios injustos, la notable protagonista Cynda Williams, quien ya había trabajado para Spike Lee en Mo´ Better Blues (1990), que supo ser esposa de Thornton en la vida real, y que lamentablemente se perdió en proyectos de escasa importancia. Pero también hay discriminación hacia el propio sheriff (blanco) del condado, hombre vulnerable y algo falto de iniciativa, por parte de los dos detectives de Los Ángeles que acuden en su ayuda.

Entre los fugados la inteligencia corre por cuenta de los dos morenos que acompañan al torpe, precipitado y ansioso hombre blanco (Billy Bob); su novia (Williams) y un amigo (Michael Beach), que detrás de su elegancia y aire de intelectual se esconde un asesino en potencia, frío, despiadado, pero inteligente, muy hábil con el cuchillo y que realmente impresiona cuando ataca. Sin embargo, y ya pasando al otro bando, el que asoma como más ignorante se perfila como el más capaz y hasta valiente al momento de resolver situaciones que implican acción y de la buena, que no cae en el sensacionalismo y sí en la espectacularidad pero por el dinamismo y la intensidad con que está filmada y montada.

La película, por otro lado, también se guarda importantes pasajes dramáticos que recaen especialmente en la mujer que sigue, a pesar de su voluntad, a los malhechores, y también al protagonista Paxton, que no parece estar muy feliz con su situación, a pesar de toda la tranquilidad y comodidad de la que dispone. Es entre este personaje y el de la actriz Williams donde el film aprovecha para trabajar otro factor común en las películas de Carl Franklin, las sentidas historias de amor y las grandes dimensiones trágicas que adquieren, sorpresivos desenlaces mediante y que no vienen de estereotipos o encasillamientos sino de perfiles bien trabajados y que son medidos sin preferencias, con la misma vara.

Los toques sugeridos de film noir en Un paso en falso se volcarían plenamente en El demonio vestido de azul, manteniendo una insistente línea de crítica social y preocupación por personajes masculinos honestos y algo sufridos, por más que no lo demuestren (muy similar a los del cine de Michael Mann, con William Petersen en Cazador de hombres, Russell Crowe en El informante y hasta, en menor medida, Jamie Foxx y Tom Cruise en la reciente Colateral). En el centro hay una historia (proveniente de una novela de Walter Mosley) donde un detective de color (Denzel Washington) es contratado para dar con el paradero de una mujer (Jennifer Beals) vinculada a contextos turbios de corruptos y poderosos.

EN LA LIGA MAYOR


El demonio vestido de azul


No es casualidad que Carl Franklin se haya embarcado en un proyecto de estas características, que toma lugar en Los Ángeles (fines de la década del ´40), que contó con un presupuesto clase A, que no le tiene nada que envidiar al misterio de los clásicos norteamericanos de mediados de siglo, al propio cine de Don Siegel e incluso a ejemplos más cercanos como Barrio Chino (1974) de Roman Polanski, Hammett (1983) de Wim Wenders o Los Ángeles al desnudo (1997) de Curtis Hanson

En El demonio vestido de azul se vuelve a descargar (más gráficamente que en Un paso en falso) la artillería respecto al racismo. La película no está tan jugada a la resolución de un enigma sino a poner las cosas en su sitio, una vez más planteada como crónica pueblerina, al margen de las grandes ciudades, con armónicas, saxos y mucha música jazz que inunda la banda sonora, además de excelentes encuadres que realzan un trabajo fotográfico de gran nivel (gentileza del japonés Tak Fujimoto), visto también en Tiempo límite, lo más nuevo de Franklin y nuevamente con Denzel Washington.

Del desempleo el protagonista pasa a ilusionarse con tener su propia casa y vehículo; algo impensado para lo que era la opresión y la miseria a la que estaba expuesta la gente de color de la época. De ahí un poco el personaje del moreno Don Cheadle (quien ya había estado a las órdenes de Franklin en su primer trabajo, un corto titulado Punk, producido en 1986), otro violento y desalmado que aparece en escena, al servicio del personaje de Washington y que quizá surge como respuesta, una revelación ante tanta intolerancia.

Washington, como el sheriff de Un paso en falso que encarnó Bill Paxton, es en principio un antihéroe algo ingenuo, a pesar de conocer muy bien el contexto donde vive. Él también está en problemas, pero no lo demuestra; tan solo los hechos van desenvolviendo lo que tan hábilmente se oculta. Las complicaciones no se resuelven con la familia o la pareja, sino con esas amantes que los entienden, que hasta arrastran fuertes sentimientos del pasado y que por distintas razones el destino los vuelve a unir (o los presenta), aunque bajo circunstancias muy adversas. Queda claro que estas mujeres se la juegan por viejos amores, siendo conscientes de que es muy difícil que las cosas cambien. Los obstáculos a la felicidad hacen de las historias de amor que dirige Franklin algo que marca una profunda huella en sus trabajos. Su cine es muchas veces contemplado pero desde la mirada de los negros, que aparecen como más maduros y experientes que aquellos que los marginan. Por supuesto que hay un espacio para seres algo graciosos y caricaturescos (que incluso llega hasta los propios villanos), además de secuencias impresionantes relacionadas a tiroteos generados en espacios cerrados y de un vigor inusitado.




EL OFICIO Y LA EXPERIENCIA


Franklin dirige a Morgan Freeman en Crimen en primer grado




Las cosas que importan
(1998) fue la siguiente labor de Franklin para un estudio mayor. Un drama donde una joven periodista (Renne Zellweger, quizá en la mejor actuación de su carrera) debe dejar su trabajo y viajar a un pequeño pueblo para encargarse de su madre gravemente enferma (Meryl Streep), junto a su padre (William Hurt), un profesor al que le importa más su profesión de escritor que la propia familia. Aquí no hay alusión alguna al tema de blancos y negros, pero sí hacia algunos personajes sufridos que Franklin insistentemente examina, ahora desde una novela de Anna Quindlen, y también a esas fachadas engañosas, donde la madre ingenua, la hija rebelde y el padre responsable no son lo que parecen, a partir de la toma de importantes responsabilidades que estremecen los cimientos del grupo familiar.

El hecho de vivir con un mal terminal y ser consciente a la vez de otras situaciones que conviene no revelar (Streep), los desahogos con la bebida (igual que Washington y del mismo modo que Morgan Freeman en Crimen en primer grado, otra de las labores de Franklin) por parte de su esposo (William Hurt, en otra buena actuación) inmerso en dilemas que tocan su ética y ponen a prueba sus valores, y una joven que de preferencias por el padre pasa a contemplar objetivamente todo lo que pasa a su alrededor, estableciendo sus propias reglas y por ende conflictos, forman parte de un cuadro atípico en la obra de Franklin que bien le valió un nuevo reconocimiento por parte del público y la crítica especializada.

Cuatro años más tarde llegaría Crimen en primer grado, un thriller de intriga en el que una abogada (Ashley Judd) defiende a su marido, un marine acusado de crímenes cometidos en El Salvador. Un ejercicio menor para Franklin, donde Morgan Freeman interpreta a un abogado destituido por su adicción al alcohol que sin embargo guarda algunos ases para ayudar a la protagonista en su misión, incluido el de volver a la bebida arriesgando su vida para poder sacar una valiosa pista. La acción tomaba lugar en una base militar y también (en general) lejos del ruido de la gran ciudad, del mismo modo que algunos de los antecedentes mencionados de Franklin, ademnás de Tiempo límite, la película que filmó un año después, en 2003.


Esta última volvía a retomar la línea de Un paso en falso y El demonio vestido de azul, en un tono blaxploitation pero más liviano, technicolor, para hacernos los cancheros. Aquí Denzel Washington es un policía que se ve envuelto como principal sospechoso del mismo caso que está investigando. El hombre viene de una separación amistosa y se encuentra relacionado con una mujer (Sanaa Lathan) de la cual está muy enamorado. Claro que detrás de esta historia vista en innumerables ocasiones Franklin vuelve a poner su sello estético (brillante fotografía del holandés Theo van de Sande de por medio) aunque con algunos giros imprevistos vinculados a la traición e intento de asesinato.


Denzel Washington en Tiempo límite






Las buenas historias de amor, o al menos las que Washington anhela en Tiempo límite, del mismo modo que otros personajes de Franklin, siempre encuentran obstáculos al momento de consolidarse. Hay un gran parecido con la de Paxton y Cynda Williams en Un paso...; curiosamente el personaje de ella se llamaba Fantasía. Y también con la del propio Washington y Jennifer Beals en El demonio...; el de la actriz de Flashdance (Adrian Lyne, 1983) era Daphne Monet y bien puede evocar una obra artística y por ende inalcanzable... En el caso de Tiempo... la prueba llega a un nivel insólito, ya que lo sentimental entra en competencia con durísimos escollos que tienen su punto de partida en una considerable suma en dólares y por la cual un hombre quiebra su ética robándola para pagar la operación de su amada, supuesta enferma terminal.

Tiempo... tiene un ritmo narrativo fluido, que no decae y que juega hábilmente con los nervios y la presión de su protagonista, quien se embarca en una carrera contra el tiempo para intentar demostrar que no es culpable de ningún asesinato. Y a partir de esta película, que en general se la vio como "una más con Denzel Washington", es que queríamos rescatar al moreno Carl Franklin y su obra, a la que veíamos práctica e injustamente condenada casi al olvido.


Curiosidades
: Un paso en falso había sido hecha directo a video pero fue tal el aluvión de buenas reseñas que recibió que al final tuvo su merecida exhibición (limitada) en cines de Estados Unidos.

El personaje de Billy Bob Thornton en Un plan simple (1998) tenía algunas similitudes con el que encarnó en Un paso.... En la película de Sam Raimi también aparecía en el elenco Bill Paxton, el mismo que lo acompañó en el elenco de Un paso....

El personaje de El demonio vestido de azul, el detective conocido como Easy Rawlins, integra otras obras literarias de Walter Mosley.


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