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Buenos Aires Rojo Sangre 2003
CADA VEZ MÁS REFERENTE

por Alejandro Yamgotchian (diciembre, 2003)





Desde el pasado jueves 27 de noviembre y hasta el miércoles 3 de diciembre inclusive tuvo lugar en el Complejo Tita Merello la cuarta de edición de la muestra no competitiva Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), un espacio para todo el cine de terror, fantástico y bizarro que no solo se produce en Argentina sino también en el resto de América Latina y el mundo.




En esta edición aumentó la cantidad de material a exhibirse, respecto a las anteriores, los días programados e incluso el público, que llegó casi a las 5.000 personas. Uno de los puntos importantes de los organizadores era "establecer el carácter realmente independiente de las películas que se exhiben en el festival. Porque queremos probar que hay un cine, de presupuestos acotados, al margen de los créditos y subsidios oficiales y sin los supuestos compromisos estéticos del llamado `nuevo cine argentino´, que no es mostrado en ningún otro festival, ni siquiera en los autoproclamados `independientes´. Y ese es el cine que queremos que se conozca", afirmaba Gabriel Schipani, director del BARS.

El Rojo Sangre comenzó con tres estrenos en 2000, llegando a siete preestrenos nacionales, con siete más en la mira y que se encuentran en etapas de postproducción, en el corriente año. "Generalmente realizados en video y en forma ultraindependiente, varias películas no lograban hacerse un lugar en los principales festivales cinematográficos locales. Por eso los realizadores, de muy interesantes largos, medios y cortometrajes, debían conformarse con unas pocas proyecciones autogestionadas. Esto es porque el fantástico es aún considerado en ciertos círculos como un `género menor´. Por eso se hizo imperiosa la necesidad de reunir bajo un mismo ámbito a películas con las mismas problemáticas de distribución, para que pudieran acercarse a un público común", pregonaba uno de los organizadores del festival.

El BARS estuvo dividido en tres secciones de estrenos y preestrenos más dos de retrospectiva. Dentro los primeros hubo cortos medios y largos argentinos y del resto del mundo, mientras que en las muestras retro hubo material de la vecina orilla y otro dedicado a grandes realizadores.






LEJOS DEL PLATA


El panorama, en líneas generales, resultó interesante, con algunos picos muy buenos y otros que despertaron sus dudas. Más allá de la curiosidad por saber qué es lo que se está haciendo en otras partes del mundo y que acá (en Uruguay) no llega (ni ha llegado) ni por casualidad, hubo materiales de países a los que muy poco (o nada) se les conocía en cuanto a cine fantástico se refiere. Y uno de estos fue Chile, con su película de vampiros Sangre eterna, cuyo nombre viene de un juego de rol jugado por los protagonistas del film. Lo original del asunto es la representación extremadamente violenta del entretenimiento que el director Jorge Olguín realiza en pantalla y también la intención que luego tiene de fusionar algo que parecía ficción con el vampirismo supuestamente real y al que deben enfrentarse estos personajes mortales. El resultado no deja de llamar la atención, por cierto, aunque cabe achacarle cierto exhibicionismo en el trabajo de maquillaje y la escasa concisión al momentode contar la historia.

Italia también aportó lo suyo: La casa maldita, de Ivan Zuccon; tres historias entrecruzadas en un mismo contexto, basadas en obras de H. P. Lovecraft: La casa olvidada, Los sueños en la casa de la bruja y La música de Erich Zann. Y no han sido muchos los trabajos que abordaron directamente al popular escritor en cine. Éste, por su parte, se anota algunos sustos legítimos y buenas atmósferas pero un guión bastante desordenado, que modifica en cierta manera (a veces sustancial) las notables historias literarias en que se basa.

Siguiendo por Europa el film Mucha sangre hace honor al título pero en clave de comedia de ciencia ficción alocada y por momentos divertida, sumamente gore, con mucha acción y, sobre todo, humor. El director Pepe de las Heras tuvo nada menos que al legendario Paul Naschy / Jacinto Molina bajo sus órdenes, y el resultado no pasa desapercibido, sobre todo si se entra en el descarnado y despampanante juego que se plantea, a propósito de una invasión extraterrestre con siniestros planes para los terrícolas.

Otras obras del Viejo Continente que dieron mucho que hablar fueron el policial fantástico Vidocq, de Pitof y con Gérard Dépardieu (tras un asesino), una de las más destacadas producciones francesas de los últimos años, premiada como Mejor Película en el Festival de Sitges, y la tenebrosa Darkness, otro film español pero de Jaime Balagueró y protagonizado por Anna Paquin, Lena Olin, Giancarlo Giannini y Fele Martínez, que gira alrededor de un ser misterioso y muy antiguo que vaga y se comunica a través de las penumbras de una casa.

Yendo un poco más para el Este, Japón también estuvo presente y nada menos que con Ringu / The Ring / El Aro, exitosa y estupenda película de Hideo Nakata, que tuvo sus secuelas y también una remake americana (La llamada, de Gore Verbinski) que no solo se basó en la original sino que también mezcló cosas de la segunda y tercera parte de la saga nipona, y con resultados polémicos. Claro que Ringu se guarda momentos totalmente aterradores, excelentes, y que incluso deja puertas abiertas para una segunda parte, algo inferior a la primera pero con sobresaltos que siguen helando la sangre, en especial para todos aquellos que ven un extraño video y mueren petrificados siete días después.

Los espantapájaros tampoco estuvieron ausentes y vinieron de Estados Unidos; Espantapájaro, de Emmanuel Itier, gira alrededor de un apacible pueblito norteamericano y adolescentes perseguidos y asesinados por el muñeco del título, quien fuera poseído y reanimado por el espíritu de un joven muerto.


PANORAMA ARGENTINO


Un país prolífico en la materia y cuyo fuerte para esta edición del BARS fueron nada menos que siete largometrajes. Como bien llegó a comentar un organizador del evento, "sería arriesgado hablar de un movimiento homogéneo, pero es claro que algo está pasando con el cine fantástico en Argentina."

Uno de los puntos más notorios fue Mala carne, escrita y dirigida por Fabián Forte, y que plantea una curiosa vuelta de tuerca al tema de los vampiros; aquí las que dominan son las vampiresas. Hay fragmentos de buena factura y climas bastante agobiantes en esta historia de dos jóvenes invitados por un par de mujeres a pasar la noche en una casa supuestamente apacible y en plena noche urbana.

Otros trabajos que se destacaron fueron Baño de sangre, de Paula Pollacchi, primera mujer en Argentina en realizar un largometraje de horror, y la híbrida Run Run Bunny! de Mad Crampi. La cuota onírica la puso Tico Tico, de Marcelo Domizi, filmada a lo largo de cuatro años, mientras que el de fantasía a la porteña lo agregó Vacaciones en la tierra, de Sebastián de Caro. Por su parte, Rostros usurpados, de German Vulcano, es un thriller fantástico que tiene la particularidad de ser la primera película íntegramente rodada en la ciudad de Tandil, con técnicos y actores locales, y también de contar en el elenco con Jorge Montejo, más conocido como "Paolo, el Rockero" (¿se acuerdan cuando vino al Cine Cordón, en 1988, a dar su espectáculo?). Otro de los estrenos fue el ejercicio terrorífico Ruta hacia la muerte, de Francisco de Lezica, un asunto de asesino serial bastante flojito, a propósito de grupo de jóvenes acechados por veterano psicópata en el medio del campo.

Entre el material que muy probablemente esté llegando para la próxima (la quinta) edición está Habitaciones para turistas y también más cosas nuevas de FARSA Producciones, aún sin título de estreno.

También hubo un ciclo de retrospectiva al cine de la vecina orilla, donde asomaron viejos clásicos de las últimas décadas, incluyendo El hombre bestia / Las aventuras del Capitán Richard, de Camilo Zaccaría Soprano y filmada en Rosario, en 1934. Según Pablo Sapere, programador del BARS, "los libros de historia parecen estar de acuerdo. La primera película argentina de género fantástico es Una luz en la ventana (1942), una cinta que fundamentalmente pasará a la historia, más allá de los logrados decorados y la esmerada fotografía, por ser el primer paso en la pantalla del enorme Narciso Ibáñez Menta. Sin embargo hay una película que abordó el género a mediados de la década del ´30, que al ser realizada fuera del incipiente circuito de los grandes estudios nunca tuvo un estreno comercial, permaneció juntando polvo durante años hasta que finalmente fue olvidada. Si bien la historia avanza a tropezones y resulta bastante confusa, continuaba Sapere, la película tiene un nivel de delirio que la puede ubicar como una de las grandes joyas del cine bizarro nacional."

El ciclo en cuestión llegó incluso hasta el a esta altura clásico Lo que vendrá (1987), de Gustavo Mosquera, el mismo que nueve años después dirigiría la estupenda Moebius, y pasó por la imborrable Sangre de vírgenes (1967), de Emilio Vieyra, con las famosas gaviotas-vampiro acechando a un grupo de jóvenes "con toda la onda" que viajan a Bariloche y se topan con un siniestro ser, sediento de sangre. Lo que más llamó la atención, sin embargo, fueron dos películas; una casi olvidada y otra tildada de "maldita": La casa de las siete tumbas, de Pedro Stocki (1981) y El inquisidor / El fuego del pecado / El inquisidor de Lima (1974) de Bernardo Arias, respectivamente.

La primera cuenta la historia de dos supuestas grandes amigas, aunque la más serena y dulce es en realidad la que más ha venido sufriendo y por tanto acumula un odio tan grande que es capaz de cualquier cosa para echar por tierra la felicidad de su camarada, quien va a visitar a su enamorado, terminando inexplicablemente en la casa del título. En la misma se producen extraños acontecimientos, gentileza de una mujer mayor y su siniestra servidumbre. Esta película fue uno de los puntales más altos dentro de la muestra, gracias a una elaborada historia, con algo de sugestión y momentos que lindan con la paranoia total. Actuaban Soledad Silveyra (desnudo incluido), Miguel Angel Solá, María Rosa Gallo, Juan Leyrado y, en un insólito papel de joven desquiciada, María Leal. El guión fue de Atilio Polverini, quien luego dirigiera Bailoretto, la aventura de un rebelde (1985).

Un terror más seco y directo fue el que planteó El inquisidor, coproducción argentino-peruana, con Olga Zubarry, prohibida por la censura y, al igual que La casa de las siete tumbas, muy poco difundida. La historia arranca con una serie de extraños asesinatos, donde las mujeres mueren quemadas vivas. Las pistas, claro, llevan a la conclusión de que hay una o varias personas que siguen costumbres de la vieja Inquisición, aunque el enemigo se topará con un grupo de jóvenes e hipotéticas víctimas que le hará dar un giro considerable al asunto. Una película que llamó más la atención por la peculiaridad del argumento y los hechos extracinematográficos que suscitó, y no tanto por su calidad en sí, bastante discreta, por cierto.

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ENTREVISTA A GABRIEL SCHIPANI, director del BARS


por AY


Arte7
- ¿Se han cumplido las expectativas para este festival?

Gabriel Schipani - Sí; aunque temimos al momento de plantearnos lo del cobro de la entrada. Era barata, eso sí; tan solo 2 pesos argentinos. De todas maneras, y por suerte, ha venido mucha gente y eso nos mantiene muy contentos.


La producción en el género está empezando a crecer. Y a esta altura el BARS ya se está convirtiendo en punto de referencia obligatoria, tanto para el que quiere ver terror, ciencia ficción y bizarro como para aquel que pretenda dar a conocer su obra.

Justamente; por eso que decís es que nació el BARS. Había un montón de cosas sueltas, yo más o menos conocía a varios, pero seguía estando el problema de la producción sin vías de exhibición. Entonces dije "bueno; armémonos, juntémonos y a empezar a crecer". Y así fue. El BARS que venía año tras año iba muy vinculado a la cantidad de producciones que comenzaban a aparecer al mismo tiempo.


Por un lado está la posibilidad de otorgar un canal de transmisión para los artistas. Y por otro mostrar también no solo ese cine argentino que no se ve sino también el internacional, ya que hay cineastas que viven en países del Primer Mundo y producen materiales con escasos recursos. Ahí también entra el juego el BARS.

Claro; la meta es reunir ese cine independiente que se hace en todo el mundo y que no llega a circuito comercial, o que incluso tarda más en aparecer por estas latitudes, en el mercado local. Tenemos el caso de Ringu, que es bastante conocida internacionalmente, pero también ese cine que no se ve y al que pretendemos difundir junto con todo lo otro.


De lo que no hay dudas es que este es no es un festival para críticos sino para la gente.

Ya de por sí los géneros que abarca el BARS están destinados al público en general, masivo. Y queremos que venga, que se reúna. Por ejemplo, el caso del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires está dirigido primero a los críticos, luego a los estudiantes de cine, después a los cinéfilos y al final de toda la lista viene el público. Aquí el cine de géneros aparece bastante marginado. En nuestro festival la cosa es al revés; primero está el público y después todo lo demás. Y ya que te mencioné lo de los géneros, fijáte el caso de la ciencia ficción dentro de la programación del BARS, un género difícil de realizar y el que menos producción tiene en Argentina. Nosotros, sin embargo, logramos programar un bloque entero, con un mediometraje y dos cortos.


Uno se queda por demás conforme porque al menos Argentina, que está muy cerca de nosotros, insiste en producir obras vinculadas al género, cosa que en Uruguay directamente no se hace. Pero hay una impresión que me llevo de varios materiales vistos en el BARS y es la de una tendencia hacia lo truculento, o mejor dicho hacia lo innecesariamente truculento y que por momentos incomoda un poco.

Mirá; las primeras producciones que exhibimos en otras ediciones del BARS apostaban a poner mucha sangre, siendo conscientes de que eran poco serias, más tendiendo hacia lo bizarro; bastante hemogoblina pero con un matiz cómico. Recién este año comenzaron a verse materiales de terror volcados hacia el gore, sí, pero también otros con cierta solidez conceptual e incluso que apuestan a asustar desde el fuera de campo. La idea de esto último es "asustemos con lo que no se ve sin mostrar nada". Este tipo de obras están apareciendo; hay un cambio. En todos estos años de BARS pudimos notar que muchos comienzan a cambiar, a hacer un terror si se quiere más formal.


¿Y qué hay del bloque que se programó de snuff y ultraviolencia?

Otro subgénero; una alternativa que a mucha gente le puede chocar pero está ahí, como algo para ver. Y hay que respetarlo como lo que es.




Varias películas se dieron a sala llena. Y entre retrospectivas, materiales argentinos y extranjeros en etapa de postproducción, por ejemplo, uno ya se pone a pensar lo que va a ser el próximo BARS…

Y… esperemos que el éxito continúe, que nos vuelvan a apoyar los institutos y organismos que ya lo han hecho, porque no solo hay un promedio de diez películas que se están por terminar sino que también hay otras tantas que empezaron a filmarse. En 2000 el BARS empezó tan solo con tres películas. Y mirá lo que es ahora. Incluso a uno lo alienta el hecho de que hayan directores que se apuran con el trabajo para poder llegar a tiempo y dar su película en la próxima edición de nuestro festival.


Hablabas de institutos y organismos. ¿Cómo evaluás el apoyo, digamos estatal, que ha tenido el festival?

Va creciendo de a poquito. El Museo de Cine siempre estuvo y ha cumplido un factor vital para que estemos en este complejo cinematográfico. Y creo que ése es un reconocimiento a nuestro esfuerzo. El Instituto de Cine incluso aprobó el BARS 2003. Y entonces como que de a poco ellos van abriéndose a un género que lo tenían como algo totalmente menor y que ahora como que hubo señales a través de las numerosas producciones independientes que van en aumento. No puede haber indiferencia alguna. La cosa se está moviendo. El Festival de Cine de Mar del Plata introdujo una sección dedicada al cine de terror, el año pasado. Y esto nace desde el BARS; fue algo fundamental y muy positivo para todos nosotros.


El Festival de Cine Independiente de Buenos Aires también ha dado un espacio al cine de terror…

Sí, pero eso fue algo mínimo. Y lo hicieron en jornadas que iban de la medianoche a las 6 de la mañana, algo poco serio. En dicho festival como que todavía se nota una barrera bastante infranqueable para con el cine de géneros y que consiste en algo así como "esto es lo que sirve y el resto no".


Me llamó mucho la atención la cantidad de gente mayor y sobre todo las numerosas mujeres que vi en las funciones del BARS.

(Risas) A mí también; ellas no se caracterizan, en general, por gustar del cine de terror o fantástico. Las estamos incorporando (risas). Lo de la gente mayor como que son admiradores que siguen venerando al género con entusiasmo.


¿Y qué hay del apoyo de los medios de comunicación?

Este año el apoyo fue muy importante. Se enteraron de que este festival existía y tomaron nota. Se reconoció el evento, el género y la movida que hay. Hubo más difusión, más repercusión. Eso fue vital para nosotros.

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CLÁSICOS Y MAESTROS


Otros materiales bienvenidos fueron los clásicos del cine fantástico, proyectados en 35mm. y por gentileza de los propios coleccionistas, que prestaron sus copias. En sustitución (por problemas técnicos) de la película que iba a abrir el BARS 2003 (Placer sangriento, de Emilio Vieyra) se dio el entretenido y frenético collage (quizá no tan representativo, pero bueno al fin) titulado Érase una vez el terror (Andrew J. Kuehn, 1984), compuesto por imágenes de 75 películas del género y acompañados de comentarios de Nancy Allen y el fallecido Donald Pleasence.

Por ahí también anduvo la notable Creepshow: El festín del terror (1982) del gran George Romero, escrita por su entrañable amigo Stephen King y con maquillaje de Tom Savini; todos tributando a los comics terroríficos de la EC de mediados del siglo pasado. Y hablando de King también se proyectó la recordada La zona muerta (1983), del canadiense David Cronenberg y basada en la novela homónima de Stephen, un trabajo que se mantenía en la línea de ese realizador inquieto por las alteraciones físicas de sus personajes. Aquí Christopher Walken podía ver el futuro, luego de un accidente que lo había dejado en coma.

Cerrando la etapa norteamericana de clásicos hubo dos películas más, tributando de alguna manera a Sam Raimi: la comedia terrorífica Noche alucinante (1987) y la de acción y aventuras El ejército de las tinieblas (1993), segunda y tercera parte de la trilogía Evil Dead respectivamente, que comenzara con la aterradora (y algo subvalorada) Diabólico (1983). Es curioso pero el impacto de estas tres películas en Argentina ha logrado un nivel de culto muy grande, suscitado en muy pocos lugares.

Yendo a Europa, por último, se evocaron dos viejos clásicos: uno español y otro italiano. El primero se trató nada menos que de ¿Quién puede matar a un niño? (1976) del uruguayo Narciso Ibáñez Serrador, hijo del gran Narciso Ibáñez Menta. En el mismo una pareja de turistas se ve amenazada en una isla española y completamente habitada por niños, quienes "llegaron al poder" asesinando a los adultos. Por más que el realizador afirmara que no había mensaje en esta estupenda obra pues lo hay y tiene relación con el maltrato y la violencia hacia los infantes y a grandes escalas, que históricamente se ha dado. Italia, por su parte, dijo presente con Suspiria (1977) de Dario Argento, simplemente una obra maestra del terror que merecería ya no un informe sino un pequeño libro.


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