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A propósito de Rollerball y la nueva versión
EL DEPORTE Y EL HOMBRE

por Alejandro Yamgotchian
(setiembre, 2002)






Ejemplos de remakes dentro del cine hollywoodense abundan, igual que muchas ideas importadas de modelos europeos que luego tienen su versión americana. Esto, entre otras cosas, denota la falta de ideas que suele reinar en la industria (cada día con más fuerza) pero también el hecho de querer mejorar una obra original a la que, según algunos productores, le faltó ese toque final para hacer la película que todo el mundo (supuestamente) esperaba.

Muchos se preguntarán qué necesidad había de hacer una nueva película de Rollerball, aquel más que llamativo trabajo dirigido por Norman Jewison en 1975, demasiado violento para la industria y no tan elevado a la categoría de clásico por parte del público en general y a lo largo de los últimos veintisiete años. Como que siempre se mantuvo en el limbo. Ahora bien; ¿qué podía esperarse de esta remake dirigida por John McTiernan? ¿Buena acción, quizá? Tal vez. Pero los resultados...



LA DIVERSIÓN

Rollerball, en realidad, no se basaba en un libro sino en un cuento corto escrito por William Harrison, hombre que adaptó su propia obra literaria al cine en 1975. La historia de la película de Jewison toma lugar en el año 2018 y dentro de un contexto donde las compañías son más poderosas que las naciones y gobiernan en un mundo sin guerras ni crisis. La gran distracción de masas por excelencia es el Rollerball, un deporte violento y mortal que se juega como en una pista de ciclismo y en donde dos equipos se disputan una pelota de acero que deben insertar en un agujero contra la pared. El que hace más anotaciones, en dos tiempos de veinte minutos, gana. Los jugadores andan en motos y patines, usan una vestimenta parecida a la del fútbol estadounidense, piñas americanas y varias técnicas de juego (y combate) entre las que figuran empujones, agresiones y golpes de todo tipo. Las reglas pueden variar sobre la marcha de los campeonatos e incluso puede llegarse al vale todo, aunque esto último depende del humor de los directivos de la Compañía. Una de las cosas más llamativas era que el público miraba dicho deporte desde la tribuna con la misma pasión y naturalidad que la gente de hoy en día ve el fútbol que aquí conocemos, e incluso se observaba el tablero electrónico con mucha ansiedad, dado que ahí se anunciaban los jugadores que debían retirarse parcialmente (y que luego se recuperaban de las lesiones sufridas) o definitivamente (los que eran asesinados). En definitiva, podría decirse que el Rollerball era una mezcla de fútbol americano, rugby, hockey sobre hielo, motociclismo y patinaje.

SER HUMANO

Gran parte de los personajes que aparecen en el film de 1975 mantienen su enorme parecido con muchos de los seres que hoy viven en tiempo presente. Es más; no solo se puede comprobar el terrible poder de numerosas empresas transnacionales sino que hasta parece que la humanidad fuera camino a lo que se narra en Rollerball, cuya gente, netamente influenciada por la Compañía, se deja seducir por una filosofía mediática manipuladora que hasta incluso condiciona la manera de pensar, tal como está pasando ahora. La película de Norman Jewison no gira básicamente alrededor del juego sino que toma como eje central el poder de las corporaciones y lo que podría llegar a pasar en un mundo presa de un capitalismo cada vez más salvaje y anárquico, que beneficia a unos pocos y perjudica a unos cuantos.

Rollerball: la original
James Caan queda hecho bolsa pero igual sigue dando batalla.
La Compañía, o el verdadero "Eje del Mal", que en estos mismos tiempos ya se está respirando...

El protagonista (James Caan, de gran actuación; parecía un gladiador luchando en un coliseo romano) es la estrella del equipo, pero la Compañía considera peligrosa su continuidad en el campeonato, dado que está resaltando demasiado y muy por encima de sus compañeros de equipo. Caan, entonces, podría convertirse en una amenaza, capaz de influenciar a otros seres, quienes a su vez llegarían a unirse bajo una causa en común y así, quizá, hacerle frente a ese poder totalitario. La posibilidad de que uno mismo pudiese elegir por su propio bien y no que los demás le manejaran su vida era algo utópico. Que el civil mantuviera un mínimo de sentido común y hasta la capacidad de razonar y reaccionar estaba en la lista negra de las compañías.


LA SOCIEDAD

Dentro de ese panorama levemente futurista figuran críticas sociales muy duras, aunque demasiado explícitas, esquemáticas y hasta evocadoras de otros clásicos literarios y ni qué hablar cinematográficos. La gente esta idiotizada, desorientada, incapaz de pararse un segundo a reflexionar, comete actos descabellados (la quema de árboles por puro placer nomás), y vive muy cómodamente en medio de lujosos diseños interiores y arquitectónicos, tan llamativos como perfectos, que bien recuerdan a los empleados en 2001: Odisea del espacio (1968) y en especial Naranja mecánica (1971). No es de extrañar, claro, cierta influencia de Stanley Kubrick (director de dichos films) en la Rollerball original. Pero si de manipulaciones se trata convendría no olvidar la mecanizada sociedad en THX 1138 (George Lucas, 1971), la corta vida placentera de Fuga en el siglo XXIII (Michael Anderson, 1976), donde una vez cumplidos los treinta años el civil debía ser eliminado, y (cae de maduro) las visiones orwellianas y sus adaptaciones al cine, donde figura el británico Anderson (¡otra vez!) con la producción de 1956 titulada 1984 (luego hecha nuevamente en... ¡1984!).

LA PELÍCULA DE NORMAN JEWISON

Es innegable la vigencia de este film producido en 1975. Las filmaciones son excelentes, más que nada en lo relativo a los tres juegos básicos (Houston contra Madrid, Tokio y finalmente Nueva York). La descarga de tensión que se notaba tanto dentro de la cancha (los protagonistas) como fuera de la pantalla (el espectador) era notoria. La resistencia era otro factor fundamental, que incluso se sobreponía a las anotaciones y la ansiada victoria. La película es violenta, sí, pero muy seductora. Hay momentos inolvidables en Rollerball y que tienen relación con tribunas shockeadas y en absoluto silencio mientras los ruidos de los patines y las motos imperan de manera vertiginosa, gracias a la brillante acción del montaje. El final es impresionante. No vamos a decir de qué se trata (por respeto a los que todavía no la han visto y quizá estén interesados en verla alguna vez), pero sí que hay imágenes que resaltan la soledad, la desilusión y la impotencia. La banda sonora, por su parte, está compuesta básicamente por piezas de música clásica que suenan dándole una especie de toque ceremonial a los partidos, como si se tratara de algo sagrado para ese público ávido de emociones pero también de ver mucha sangre.

Respecto al realizador Norman Jewison ha hecho cosas muy variadas y a la vez recordadas como Al calor de la noche (Oscar a Mejor Película de 1967), Sociedad para el crimen (luego tomada por McTiernan para convertirla en la mediocre El caso Thomas Crown), Justicia para todos (con Al Pacino), Historia de un soldado (con Denzel Washington), Hechizo de luna (con Cher) y Huracán (otra vez con Washington), entre otras.



LA REMAKE DE JOHN MCTIERNAN

Un desastre. Lamentable por donde se la mire. Una vergüenza para el cine. Totalmente innecesaria, aburrida, muy mal narrada, apática, insulsa, presuntuosa, ruidosa; en fin, una película imperdonable. Música escandalosa, tímidos y trillados cuestionamientos a los medios de comunicación, el rating, la publicidad, y una pequeñísima pista, cuyo diseño (en forma de ocho) quiso ser sofisticado y terminó pareciéndose a los escenarios circenses de Beto Carrero. El montaje es confuso y no da reales perspectivas del área de juego y sus dimensiones, igual que muchas tomas demasiado cercanas a los jugadores. Hay marcadas diferencias respecto al film original. En este trabajo de McTiernan los relatores son insoportables, hay periodistas corruptos, porristas, tribunas molestamente ruidosas, apuestas, mujeres que practican el deporte en cuestión y que usan disfraces y máscaras, equipos conformados por integrantes de distintos países, y, por supuesto (¡adivinaron!), los clásicos chistosos con toda la onda que no podían faltar en la cartera de la dama ni en el bolsillo del caballero, además de algún drama teleteatral en medio de la competencia y discursos de jugadores que intentan hacer reflexionar al ganado que los está observando.

A diferencia de la original esta se la juega a la violencia pero a esa que no corta ni pincha. La remake (que toma lugar en 2005) se convierte en un thriller con mafiosos rusos, insinuaciones amorosas y villanos que parecen sacados de esas películas de acción truchas (pobre Jean Reno; dónde vino a parar). Lo curioso aquí es que el protagonista no quiere jugar Rollerball y la empresa insiste en que sí lo haga. Si en la original James Caan se parecía a un luchador romano en esta el protagonista se parece a Rocky, de tantos puñetazos que lanza. Hay plagios alevosos contra la película de 1975, sobre todo cerca del final.

Sabido es que John McTiernan supo deleitarnos con famosas películas de género y que, además, ha hecho otras bastante flojas. Dentro de los puntos a favor en el currículum de este director figura la interesante Nómades (1986), Depredador (1987), Duro de matar I (1988) y III (1995), El último gran héroe (1993) y Trece guerreros (1999).






ROLLERBALL - Estados Unidos, 1975 – Dirección: Norman Jewison. Guión: William Harrison, basado en su propio cuento corto, Roller Ball Murders. Con James Caan, John Houseman, Maud Adams, John Beck, Moses Gunn, Pamela Hensley, Barbara Trentham, Richard LeParmentier, Robert Ito, Ralph Richardson. Duración: 129 minutos. Calificación: No apta para menores de 18 años. Editó: RONLAY.

ROLLERBALL  - Alemania / Estados Unidos / Japón, 2002 – Dirección: John McTiernan. Guión: Larry Ferguson, John Pogue, basado en el guión de William Harrison para Rollerball (Norman Jewison, 1975) y en el cuento corto Roller Ball Murders, del mismo autor. Con Chris Klein, Jean Reno, LL Cool J, Rebecca Romijn-Stamos, Amy Whitmore. Duración: 97 minutos. Calificación: No apta para menores de 12 años. Editó: CENSA

Curiosidades: El Rollerball llegó a ser practicado por actores, extras y profesionales detrás de cámaras, en los descansos de la filmación de la película de 1975. Según los que lo hacían el deporte era muy realista.

Dada la gran cantidad de reacciones adversas por parte del público presente en las funciones previas al estreno en Estados Unidos, el mismo fue aplazado ¡¡¡cinco veces!!! La remake de Rollerball se iba a estrenar el 18 de mayo de 2001, luego la fecha fue corrida para el 13 de julio, más tarde para el 1 de agosto, después para el 17 del mismo mes y finalmente se estrenó en febrero de 2002 y con resultados (de público y crítica) lamentables.


Keanu Reeves iba a ser el elegido para encarnar al protagonista de la nueva versión de John McTiernan (pero se salvó).


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