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A propósito de Señales
REVELACIONES: EL CINE DE M. NIGHT SHYAMALAN

por Alejandro Yamgotchian (setiembre, 2002)



"La película tiene que ser muy real, con temas sobrenaturales tratados como si fueran reales, con el mismo respeto por su importancia". (MNS)


Nació en Pondicherry (provincia Tamil - Nadu, India) el 6 de agosto de 1970, acaba de cumplir 32 años, se crió en colegios católicos de su querida Filadelfia (Estados Unidos), jugó al Atari y al básquetbol (a este último lo dejó a partir de una severa quebradura de pierna), ama la historieta y el género fantástico, es casado y con dos hijas, realizó un par de películas anteriores a su gran éxito El sexto sentido (1999), ve Las Chicas Superpoderosas, y admira bastante a Alfred Hitchcock y Steven Spielberg, sobre todo en sus primeros trabajos.





Su verdadero nombre es Manoj Nelliyattu Shyamalan. Sus padres (Jayalakshmi, cardiólogo, y Nelliati, ginecóloga) partieron a Filadelfia cuando Manoj tenía tan solo ocho meses de vida. A los diez años el pequeño tomó la cámara Súper 8 de su papá y empezó a filmar: "Llamaba a todos sus pequeños amigos, los reunía en el patio de casa y les contaba historias. Yo les llevaba sandwiches y Coca Cola. Las historias solían ser terroríficas, básicamente de fantasmas. Eso sí; jamás pensé que terminaría haciendo películas", comentó su madre.





CAMINO A LA FAMA

"Es muy difícil crecer artísticamente si uno no hace el guión de la película que dirige". (MNS)





A los 17 años y con 45 cortometrajes en su haber Shyamalan se paró en el living de su casa y le dijo a sus padres, rodeado de fotos de los otros doce doctores en la familia, que, a pesar de haberse graduado en Medicina y de haber recibido varias becas escolares de prestigiosos programas médicos, había decidido estudiar Cinematografía en la Escuela de Arte de la Universidad de Nueva York. En El sexto sentido hay una broma, a propósito de este hecho, donde vemos al propio director interpretando a un médico (los padres, por un ratito quizá, contentos). A esa misma edad fue que conoció a su actual esposa Bahvna, con la cual se casó cinco años después. Fue la primera y hasta ahora única mujer de su vida. Y fue en ese mismo momento cuando más estaba inspirado por los trabajos de Spielberg a la hora de hacer sus cortos. Los cazadores del arca perdida (1981) es su preferida de todas las que hizo Steven e Indiana Jones y el Templo de la Perdición (a la que cita en Más astuto que nunca) es otra de sus predilectas, junto a E. T.: el extraterrestre (1982).

El tema de los largometrajes ya es historia. Praying with Anger (1992) y Más astuto que nunca (1995; en Estados Unidos se dio tres años más tarde) tuvieron un presupuesto inferior al medio millón de dólares y recaudaron tan solo 350.000 dólares. Fue en ese momento que Shyamalan le comentó a su montajista de Más astuto..., Andrew Mondshein: "¿Sabés una cosa? Voy a escribir una historia de fantasmas titulada El sexto sentido. Se la voy a vender a un gran estudio de Hollywood y Bruce Willis va a ser el actor principal". Mondshein le respondió: "Sí, sí; seguro...". Y así ocurrió; El sexto sentido (1999), la película que lo lanzó a la fama, está entre las doce películas más taquilleras de la historia del cine, y en todo el mundo, con más de 660 millones recaudados. Los estudios se arrancaban la cabeza por llevarse a Shyamalan, luego este gran éxito. El guión de dicha película lo había hecho en un año para luego venderlo en cuatro horas. La Disney se lo compró en tres millones de dólares.

M. Night Shyamalan filmando El protegido.
Manoj dirige a Bruce Willis en
El sexto sentido.
Shyamalan y el fotógrafo Taki Fujimoto en El sexto sentido.

Luego vino El protegido (2000), que se colocó entre los 150 films más recaudadores con casi 250 millones de dólares. Y más tarde Señales (2002), que ya entró entre las películas más exitosas de la historia, llegando casi a los 400 millones en boleterías de todo el planeta (y la suma continúa). Su paga también siguió el mismo camino de sus exitosas y, generalmente, laureadas películas. Por El sexto sentido cobró 3 millones de dólares, por El protegido 10 millones, y por Señales 12 millones y medio. En la actualidad se ha convertido en el guionista mejor pago de Hollywood (Señales le deparó otros cinco millones de dólares por el libreto).



SÓLO LOS CHICOS

Rosie O´Donnell y Joseph Cross en Más astuto que nunca.


"No estoy seguro de si existen los fantasmas. Pero me gustaría creer en ellos. Una vez estaba jugando al fútbol en el fondo de la casa de un compañero de escuela, vecino en Filadelfia, y enseguida le comenté que su hermana nos estaba mirando desde la ventana de arriba. Él dijo que ella estaba en Boston. Yo lo coloqué en el lugar para que la viera, pero había desaparecido. Nunca más entré a esa casa; para mí estaba embrujada. Es más; cuando jugábamos de vez en cuando al Space Invaders en el Atari teníamos que atravesar el cuarto de su abuela. Esa habitación era tenebrosa. Cuando a mi amigo lo llamaba su madre yo quedaba sólo en el piso de arriba. Me daba vuelta y veía a la señora que me miraba fijamente. No tengas dudas que todos esos recuerdos incidieron para el personaje del niño en El sexto sentido". (MNS)

Es inevitable pensar en elementos netamente autobiográficos cuando uno ve las películas de Shyamalan. Praying with Anger, se basa en el descubrimiento de sí mismo y sus raíces ancestrales por parte de un adolescente hindú que estuvo en Estados Unidos y es enviado por un año a una universidad al este de India, a la que llega totalmente americanizado y en donde luego se siente como un extraño. La obra la había hecho a los 22 años y obtuvo el premio "Mejor Ópera Prima" del American Film Institute de Los Angeles en 1993. A Uruguay, lamentablemente, nunca ha llegado.

Pero en su siguiente trabajo, la excelente Más astuto que nunca, estrenada directamente en video en nuestro país, Shyamalan comienza a profundizar sus creencias religiosas, tomando como eje central la historia de un niño que busca a Dios para asegurarse de que su querido abuelo, recientemente fallecido, se encuentre en el cielo y descansando en paz. Y no es casualidad que en El sexto sentido la psicología infantil (que es lo que estudia su esposa) también estuviera presente; en este caso a través de un pequeño acosado por gente muerta. El protegido, su cuarto largometraje, trata, en términos secundarios, el caso de un infante afectado por esa condición de irrompible que tiene su padre. Y la reciente Señales también involucra a niños conmocionados, esta vez por las misteriosas estrategias de invasores extraterrestres. Manoj también co-escribió Stuart Little, un ratón en la familia (Rob Minkoff, 1999), donde un solitario roedor (muy infantil) estaba buscando a alguien que lo quisiera.


LA RAÍZ DEL MIEDO

"El terror de lo que se puede ver y el miedo de lo que no se puede ver es el alma de El sexto sentido. Lo real y lo irreal, lo tangible y lo intangible. Es un terror basado en la realidad. Viene de los miedos de la gente de verdad, de lo que se intuye pero se desconoce, de la forma de comunicar dichos miedos, ya sea entre psicólogo y paciente, madre e hijo, o bien entre nosotros y seres queridos que han pasado a mejor vida. La falta de comunicación o el hecho de guardar secretos en la familia pueden poner en peligro muchas cosas, incluso la vida, y eso es algo de por sí aterrador." (MNS)




Bruce Willis en El protegido.



Hay que ver realmente lo que es la exploración del miedo en el cine de Shyamalan. No es algo que se palpe a simple vista, pero sí que se siente de inmediato. En El sexto sentido apunta a lo sugestivo pero fundamentalmente a la materialización de los temores más íntimos. Hay fantasmas que reaccionan bruscamente con gritos y amenazas y también ángulos de cámara distorsionados que contribuyen a ese terror claustrofóbico, capaz de llevar a alguno a no abrir los ojos o correr directamente la vista de la pantalla.

El legado arquitectónico de Filadelfia (desde hojas, árboles y enredaderas hasta hogares e institutos) también contribuye a dar un toque fantasmal a esta historia de niño acosado por fantasmas que es ayudado por un psicólogo. La ciudad parece un gigantesco cementerio con muchos elementos góticos, las calles apenas reciben los rayos del sol, mientras que la penumbra, la palidez y la desolación aparecen reinando en la noche.

Shyamalan reconoce a El exorcista como fuente de inspiración en este aspecto. Ambas películas fueron filmadas durante la época otoñal. La pasividad con la que se filman personajes nada amigables es otro factor a tener en cuenta. El tono blancuzco desde la fotografía que los resalta estáticos, el desconcierto que lleva a la locura lisa y llana. En fin; esa mano artesanal (y muy personal) de Manoj para fabricar el miedo no la tiene cualquiera. Hay algo de Hitchcock, claro, pero no todo.

El gran problema de sus detractores es, justamente, que las cosas les pasan delante de sus ojos y no las perciben, o que quizá sí las noten pero no sepan valorarlas. Lo más fácil de hacer es asimilar todo el paquete a la generalizada frase: "esto ya lo hizo Hitchcock", cuando en realidad este maestro británico del suspenso nunca se metió con temas sobrenaturales y casi nunca estuvo interesado en el terror o la ciencia ficción.


Mel Gibson en Señales.


Y acá hay que decir las cosas como son. El género fantástico ha sido tan discriminado  que (salvo valiosas excepciones) cuando aparece alguien narrando visualmente con destellos, excelentes pasajes terroríficos incluidos y hasta tratando de decir algo de interés en estos tiempos, donde mucha gente tiene el cerebro quemado y donde muchos medios masivos de comunicación son sinónimo de carnaval, presunción, sensacionalismo y deshumanización, como que no es aceptado por las siguientes causas: no es ningún genio incomprendido, es joven y todavía trabaja en la industria, es de poco creer que alguien haga cine de género o entretenimiento descollante ("eso ya se hizo") en estos tiempos, y varias cosas más que uno ya está harto de escuchar. Las citas constantes a Hitchcock parecen demostrar que lo más cercano a cine fantástico que se ha visto (o que se toma como punto de referencia al momento de hablar o enseñar a estudiantes de cine sobre lo que es el trabajo de una emoción tan rica artísticamente como lo es el miedo) es Hitchcock. Y eso, en parte, está bien, pero en el resto está espantosamente mal, ya que hay un montón de referencias (recursos, realizadores) mucho más directas y relacionadas con el género en cuestión que Sir Alfred y que vienen desde el propio nacimiento del cine.

El caso de Shyamalan, increíblemente, no necesita de tanta cita, ya que hay que reconocer que el hombre es muy original e imaginativo, pero más que nada piensa, elabora y ejecuta a través de una teoría de filmación (y que sus películas tienen de ser ensambladas) por demás llamativas y que no se agotan en el mero pasatiempo.

Si nos ponemos a ver la forma seca y directa que utiliza para exponer el miedo, a diferencia de los que no saben trabajar el mismo con lo temible a la vista, nos damos cuenta que el hombre lo enfrenta sin anestesia alguna y hasta trata incluso de poner nervioso y de antemano al espectador. Y sino fíjense en El sexto sentido cómo el viejo paciente suicida de Bruce Willis es introducido y filmado, los planos que toman a la mujer fantasma en la cocina y luego mirando desde la misma al pequeño en su cuarto, la otra joven muerta dentro mismo del refugio del niño (¿se imaginan el impacto que causaría si la hubieran maquillado de una manera mucho más tétrica?).


Bruce Willis y Olivia Williams en El sexto sentido.


Pasamos a Señales: la súbita e impactante aparición del extraterrestre caminando en la casa de un cumpleaños infantil brasileño (hay que prestar atención, aquí sí, al temible diseño: alto, flaco, atlético, deforme, descolorido, amenazante, rápido, nervioso), reacciones frente al televisor como la de Joaquín Phoenix al ver eso por televisión (que no es para reírse), Mel Gibson en la plantación durante la noche o en la cocina de una casa con el mismo alienígena detrás de una puerta, silencioso, caminando como si estuviese pensando cómo despachar a su víctima terrícola (recordar que ya se sabía lo que había al haberlo visto en la fiestita sudamericana). Y toda la parte final (chocante reflejo en el vidrio de un electrodoméstico incluido), donde los invasores van a buscar, sin vueltas y para matarlos, a los habitantes de la casa.



Ni qué hablar del manejo de los efectos de sonido y las pacíficas atmósferas que reinan mientras transcurre parte de la acción en Señales (acá sí hay algo de Hitchcock); pocos pero efectivos y hasta contribuyentes a crear climas de miedo e intriga absoluta. Shyamalan vuelve a reiterar su predilección por el montaje lento, tomas parsimoniosas, su limitado uso de sonido y, sobre todo, esos silencios, que otra vez se imponen reforzando el temor y hasta obstaculizando la música incidental. Como en El sexto sentido, el fotógrafo aquí es Taki Fujimoto, director de fotografía también de varios trabajos de Jonathan Demme (El silencio de los inocentes, por citar uno).

Manoj, entonces, vuelve a demostrar que es un hombre que repiensa los géneros y con un contenido detrás. Anticipa el miedo, estimulando la imaginación y la psicología del espectador. Y no se olvida del pasado (generalmente basado en hechos trágicos) para hacerlos operar en tiempo presente, a veces como factor milagroso y en otras como algo que busca poner las cosas en su lugar.

Insistimos; M. Night Shyamalan no es Alfred Hitchcock ni tampoco Steven Spielberg. Él simplemente es Shyamalan. Toma algún recurso, sí, de ambos realizadores, pero a lo que apunta es a otra cosa que nada tiene que ver con Spielberg ni tampoco con Hitchcock.

VINO DE OTRO MUNDO

"¿Recuerdas cuando me llamaste estúpido por mirar esa lámpara durante 6 horas esperando que la luz morada tuviera rayos gama y me convirtiera en el Increíble Hulk?"; diálogo entre dos niños en Más astuto que nunca.


Bruce Willis en El protegido.


El protegido
reafirmó el talento de Shyamalan y demostró que sus virtudes no se agotan en llamativos actos de magia. Su cine se enlaza con ideas inteligentes e imaginativas, además de filmaciones que hablan por sí solas, que se nutren con mucha calidad de lo que registran a nivel contextual y que sacan una tajada jugosa al perfil y la concepción de los propios personajes. Aquí Manoj vuelca una visión personal y la filtra a través de uno de los temas tradicionales del noveno arte (es decir, el cómic). Para quienes todavía no la han visto no vamos a decir cuál es el tema, ya que ahí radica una de las bases que dan sentido a toda la película.

Un guardia de seguridad que trabaja en los estadios fue el único sobreviviente de un terrible accidente ferroviario. Poco después se hace amigo de un coleccionista de cómics, aquejado de una severa enfermedad crónica, con quien mantiene enriquecedoras conversaciones. Punto.

Aquí hay una queja permanente del director por la sociedad en que vivimos o, al menos, por la violencia y constante deshumanización que él ha podido apreciar. La injusticia hacia los "diferentes", las desgracias que afectan a gente inocente, los juegos de apariencias, y la banalidad que se respira día a día (en los medios de comunicación, por ejemplo) es lo que más le incomoda. Un ejemplo de esto se veía también en Más astuto que nunca cuando el niño miraba impávido inundaciones, incendios y un accidente automovilístico con siete muertos en el noticiero.

Si uno se pone a ver el motivo por el cual los fantasmas de El sexto sentido (también con Bruce Willis y en Filadelfia) volvían era, justamente, para encontrar a alguien que los ayudara a poner las cosas en su lugar: una mujer golpeada por su marido, una niña envenenada por su madrastra, las víctimas de un incendio. Como diría Shyamalan son "almas perdidas con problemas no resueltos que aparecen de entre las sombras".


Samuel L. Jackson y Bruce Willis en El protegido.


Pasemos a El protegido: un matrimonio en buena posición, la joven fiel a su novio que fallece en un tren, los desafortunados del descarrilamiento en cuestión. Una maestra, un padre de seis hijos, un investigador contra la leucemia, una trabajadora social; todos son nombrados en la ceremonia que se realiza en la Iglesia (que otra vez aparece en un film del realizador).

Se puede acusar a Manoj de ser un poco esquematizado y bastante explícito a la hora de expresar sus inquietudes, pero si hay algo que lo respalda es la forma en que filma, narra y organiza su paquete fílmico. El cuidado es extremo, tanto en palabras, tomas y planos. Todo tiene su significado y todo cobra real sentido al final.

Algunas de las tomas parecían sacadas de un cómic (sobre todo las referentes a Samuel L. Jackson en su lugar de trabajo). Y hablando del noveno arte, el nombre y apellido del personaje de Bruce Willis empieza con la misma letra, igual que la de varios superhéroes Marvel y sobre todo los creados por Stan Lee: David Dunn (Bruce Willis en El protegido), Peter Parker (El Hombre Araña), etc. El Señor Vidrio (Mr. Glass, en inglés) se refleja precisamente en varios lugares como la ventana de su galería de arte, el televisor (de chico) y hasta contra el vidrio de un auto al dejarle el primer mensaje a Bruce Willis contra el parabrisas de su auto. Ah, su bastón es de cristal y su cuerpo se quiebra al caer (dada su enfermedad) al igual que un objeto de vidrio. Y en Más astuto que nunca el niño protagonista también toca en una juguetería muñecos relacionados a Spider Man, Iron Man y especialmente X-Men.

El protegido es su película más trabajada (él mismo lo reconoce) y quizá una de las mejores que haya dado la industria en los últimos años.


GUERRA ENTRE PLANETAS
por Jorge Pinheiro

"Las dudas son parte del camino de todos"; un personaje en Más astuto que nunca.

Algunas referencias son notorias en Señales y van desde La guerra de los mundos, pasando por La noche de los muertos vivos (George Romero, 1968), y llegando hasta las corridas de Mel Gibson en las plantaciones, que recuerdan al personaje de Henry Thomas en E. T.: el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), una película amada por Shyamalan.

Es inevitable eludir el primero de ellos, más cuando se lee la novela de Herbert George Wells y en especial cuando la invasión implacable se materializa en la película homónima dirigida por Byron Haskin en 1953. Pero Shyamalan va mucho más allá del simple formato de buenos contra malos y se lanza, a la vez que trabaja otros aspectos, a un concepto elaborado, tanto de los humanos como (en especial) de los extraterrestres. Es más, ni siquiera profundiza en el desarrollo de la invasión en sí, sino únicamente el efecto que produce la misma en los cuatro habitantes de cierta granja perdida en el medio del campo, como si éstos representaran a toda la humanidad en su reacción.

La ingenuidad de los adultos y la inocencia de los niños se ponen de manifiesto ante una situación de este tipo. Y en caso de si existe alguna incoherencia entre seres humanos o incluso algo de no creer pues entonces ¿cómo uno reaccionaría si estuviera viviendo en el medio del campo y con un grupo de extraterrestres asesinos que van casa por casa? Por supuesto que de muchas maneras. Pero ésta, la que se ve en Señales, dejando de lado algún exceso emocional, es por demás legítima.

El gran atractivo, sí, viene por el lado de los invasores. Y aquí es fundamental ese libro sobre extraterrestres que llegó "de casualidad" a la librería del pueblo y que es citado a cada rato por el niño que lo había comprado. Aquí el director toma la actitud de "quebrar una lanza" por esos viejos libros y revistas de corte sobrenatural, en los cuales se contaban historias clásicas y relatos sobre apariciones de fantasmas, monstruos y, por supuesto, extraterrestres. Estas publicaciones se hicieron frecuentes a partir del episodio tan conocido en Roswell en 1947, que generó mucha polémica en Estados Unidos y se trasladó al resto del mundo. Shyamalan se da el gusto de reivindicar los típicos testimonios de encuentros del tercer tipo que se narran en estas revistas (suelen darse con frecuencia avistamientos en las zonas rurales, granjeros de intachable moral que aseguran haber visto humanoides de diversas concepciones, tanto pequeños con ojos rasgados como altos y atléticos similares a los de Manoj). También se toman como ciertos los indicios que dejan los visitantes, como las marcas en los pastizales y sembrados (sin dañar los mismos), y las luces de las naves espaciales sobrevolando los cielos.



Es obvio que Shyamalan también leía todas aquellas revistas. Quizá algunas eran sensacionalistas, mentían o hasta todo lo que leía en dichas publicaciones podía llegar a ser creíble para el director cuando era niño. De ahí que ahora, en su madurez, intente exponer todas las teorías e hipótesis de esos libros como si se tratara de algo cierto, cansado de los famosos hombres de ciencia que basan su cómodo escepticismo en el "ver para creer". En otras palabras, Shyamalan apuesta a un perfil tradicional, a ese conocimiento popular que puede dividir opiniones pero que siempre se ha mantenido. Y ahí está su gran pegada. En mostrar a los invasores como seres que no son irrompibles, que tienen sus debilidades y que también tienen una cultura, fácil de aprender si se era lector de aquellos libros, que hoy en día incluso siguen saliendo por ahí y que hasta pueden llegar a frenarlos en su mortal objetivo dando explicaciones de cuál era el punto débil del invasor.


LA FE COMO MOTOR DE VIDA


"¿Se te ha revelado algo de la naturaleza divina?"; el protagonista a su hermana en Más astuto que nunca.




Más astuto que nunca.


Hay varios factores en común en las películas de Shyamalan y que traspasan las llamativas vueltas de tuerca y esos relatos que van y vienen en el tiempo. La capacidad a la hora de enfrentar una emoción tan poco trabajada como el miedo, la incidencia de factores (como los milagros) que en principio parecen casuales pero luego adquieren un importancia relevante dentro de las historias que maneja, y las múltiples referencias religiosas que sobrevuelan sus relatos hacen de él un realizador a tener realmente en cuenta, más allá de su poder de convocatoria.

En cuanto a este último tema un thriller sobrenatural como El sexto sentido también es marcado por la religión. Al igual que en Más astuto que nunca la Iglesia es vista como un lugar de paz y descanso. A diferencia de los tradicionales fundidos en negro Shyamalan acostumbra a utilizar otros en blanco, a lo largo de casi todos sus trabajos, para indicar que algo bueno está pasando o que el camino hacia una meta positiva se está logrando. Así como el pequeño de Más astuto... busca muchas de sus respuestas a la existencia de Dios en la Iglesia, el niño de El sexto... se defiende (a veces) dentro de esta última, y de los fantasmas, con íconos cristianos.

Uno de los libretos que había vendido (a la Fox, por 750.000 dólares) trataba el caso de un hombre que para demostrar el amor por su esposa recién fallecida iba caminando desde Filadelfia a California. "Agárrate bien de tu fe. Te ayudará a salir adelante", le decía el abuelo al niño de Más astuto que nunca. Dicha  película está dividida en capítulos y uno de ellos (el segundo) se titula "Las Señales" (The Signs). El primero se denomina "Las Preguntas" y el tercero y último "Las Respuestas". Si entrará tanto la fe en juego que hasta se cuestionan los propios informes meteorológicos de la CNN ("La CNN no sabe nada", dice el niño que busca a Dios), al afirmar que no va a nevar cuando esa era justamente la señal que el abuelo le da al niño desde el más allá (los copos de nieve). "Necesito una señal para saber si debo continuar o no", llega a decir en un momento el infante.

La creencia en los milagros, en la no existencia de las casualidades y en que todo tiene una razón también sobrevuela Más astuto..., de la misma manera que en Señales. Si hasta hay algo que no vamos a decir y que protege permanentemente al niño en su misión de encontrar a Dios. "Con todo esto que estás haciendo ¿has recibido alguna señal que te diga que hay un Dios?", le comenta un amigo al pequeño protagonista.



En Señales Shyamalan crea una historia donde la recuperación de la fe también es lo principal. Recordar que Mel Gibson aparece perdido en una crisis de fe. Es la película que más puntos en común tiene con Más astuto..., su obra más personal y sensible, también sobresaliente.

Aquí desfilan tanto momentos dramáticos como del más puro terror. Señales nos pasea por varios géneros, igual que los antecedentes más próximos de Shyamalan, aunque siempre se apunta a cosas alejadas del terror (El sexto sentido), el misterio y la intriga (El protegido) o la ciencia ficción (Señales). Todas estos recursos cinematográficos son trampolines para algo más profundo que siempre quiere decir el realizador hindú y que incluso se han explayado durante sus primeros trabajos, anteriores a El sexto.... La comunicación que permita poner las cosas en su lugar (El sexto...), el odio y la impotencia canalizada como arma para hacer el mal (El protegido), y el creer en algo que se había perdido a partir de una tragedia familiar (Señales).

Hay cierto punto de división, por otro lado, entre la fantasía y la realidad. En un momento de Más astuto que nunca el niño dice lo siguiente: "Antes pensaba que esta juguetería era mágica. Veía los juguetes y veía toda clase de mundos mágicos. Ahora veo plástico y pintura. Aún hay algo de magia, pero cada año es menor. Tal vez para cuando tenga un hijo ya ni siquiera recuerde la magia. Antes estaban Batman y Las Tortugas Ninja, ahora están la familia, los amigos y las chicas." Esto hay que tomarlo con pinzas; ojo. Si bien en esta película Shyamalan logró un nivel de sensibilidad y madurez que luego no alcanzaría es evidente que la fantasía ha sido tomada y respetada de la misma manera que un hecho real. De ahí que en sus posteriores trabajos (y también en Más astuto...) lo sobrenatural no solo cobrara más fuerza aún sino que también era necesario para que se produjeran los hechos que volvieran todo a su lugar. Quizá esto pueda sonar demasiado irreal. Y lo es, pero desde un punto de vista netamente argumental, dado que lo que Shyamalan busca es la reactivación de lo espiritual para que de las ilusiones y deseos se pase directamente al camino de la esperanza, a la oportunidad de que nada es imposible para los seres que transitan por sus historias.



Curiosidades
: A propósito de Más astuto que nunca, Shyamalan se sintió muy herido por una dura crítica realizada por Stephen Holden en el New York Times, quien dijo que "la película no solo es muy superficial y esquemática sino que también está hecha para católicos y nada más". Eso enojó al director, que afirmó que su película es muy sentida y personal y que no apuntaba a promocionar el Catolicismo.

El colegio católico de Más astuto que nunca es el mismo al que fue Manoj durante diez años de su vida. ¡Y los padres del niño protagonista son médicos!

En El sexto sentido ni Shyamalan ni su señora son los que están comprando los anillos en la joyería, sino una pareja muy parecida a ellos:  Firdous Bamji (el hombre) y Samia Shoaib (la mujer). No fueron pocos los que los confundieron, claro, dado que el aspecto físico de las parejas es muy similar. Bamji también aparece en El protegido, aunque no es el vendedor de drogas que aparece en el estadio, interpretado (ese sí) por el propio Manoj.

Ochenta millones de personas llegaron a alquilar El sexto sentido (tanto en VHS como en DVD) durante 2000 y en Estados Unidos.

El logo del noticiero que aparece en la televisión (en El protegido) es el mismo que usan Los Cuatro Fantásticos en sus aventuras Marvel.

En El protegido Shyamalan fue asesorado por un médico de su familia (el tío) al momento de averiguar datos sobre la osteogenosis imperfecta (enfermedad que padece el personaje interpretado por Samuel L. Jackson).

Samuel L. Jackson es en realidad otro fanático y gran conocedor de historietas. Mientras estaba filmando Shaft (John Singleton, 2000) el lugar estaba lleno de cómics.

Manoj no gusta mucho que se diga de Hollywood (es más; se niega a mudarse ahí). Viaja rara vez y por estrictas cuestiones de trabajo, desde su querida Filadelfia. Adonde va seguido es a India, a visitar parientes cercanos



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