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Rastrear a partir de cualquier película
de Tarantino la variedad de fuentes a la
que en ella se hace referencia puede ser
un pasatiempo cinéfilo sumamente
complejo e inagotable. En cuanto a procesos
creativos Tarantino es al cine lo que Borges
es a la literatura. Esta afirmación
se basa en que ambos maestros se han formado
(cada uno en su especialidad) mamando como
pocos de una innumerable cantidad de fuentes
y utilizando ese caudal de conocimientos
ajenos (tomando prestado elementos de uno
y otro lado) para generar obras propias,
signadas por una impronta personalísima.
A grandes rasgos se puede decir que Kill
Bill Vol.1 se inspira en el cine
oriental de artes marciales, en el Spaghetti
Western(*) y en el giallo(**)
italiano, pero también hay mucho
de De Palma, de las películas japonesas
de samurais y, por supuesto, del animé(***).
ARGUMENTO POBRE TU MADRE
Se suele criticar a Kill Bill Vol.1
por la pobreza de su argumento o, más
aún, por la falta del mismo. En defensa
de la película es necesario explicar
que nunca fue el propósito del director
elaborar un argumento complejo, ya que al
parodiar/homenajear (toda parodia es a su
vez homenaje) el género de artes
marciales es necesario atenerse a la forma
en la que aquellas mismas películas
fueron hechas, y precisamente en esas películas
lo que menos importaba era el argumento.
Su esencia fundamental eran las secuencias
de acción y la forma en la que estas
estaban presentadas.
En cuanto a la supuesta superficialidad
que se le atribuye, es también bastante
discutible: Tarantino utiliza en sus películas
temáticas universales, y parte de
su éxito radica en ello. Con anterioridad
había tratado la fraternidad, la
confianza, la traición, el pecado,
el perdón, la redención. Ahora
profundiza en la venganza, que ya se tocaba
lateralmente en sus anteriores películas.
Teniendo en cuenta esto, ¿puede ser
superficial una película cuyo eje
temático es algo tan profundamente
arraigado a todo ser humano? ¿Es
más o menos superficial Kill
Bill que el cine de Raúl
Ruiz o de Arturo Ripstein?
DIVISIÓN DE AGUAS
Hay quien ha dicho que las diferencias entre
los fanáticos y los detractores de
Kill Bill Vol.1 son básicamente
generacionales. No sé si estoy del
todo de acuerdo con ello; más bien
parecieran ser diferencias en cuanto a afinidades
o antipatías con respecto a ciertos
géneros cinematográficos.
Concretamente, es muy difícil que
le guste Kill Bill Vol.1
a una persona que no tolere el género
de artes marciales, o que abandone las salas
de cine ante escenas ultra-violentas o gore(****),
o bien que no le encuentre la gracia a Leone
y al Spaghetti Western, o que piense
que los dibujitos japoneses son todos una
porquería.
Es que Tarantino, aparte de darse el gusto
de dirigir la película que él
adoraría como espectador, está
provocando y en particular está provocando
a aquellos sectores más intolerantes
de la crítica especializada (aunque
no lo sepa). Precisamente el animé,
el gore y el cine de artes marciales
han sido de los géneros más
injustamente desprestigiados por la crítica,
y si se tiene en cuenta aquella tendencia
retrógrada pero real por la que ciertos
críticos denigran una película
sólo por el hecho de hacer uso de
una estética clipera, podemos comprender
en parte el carácter de Kill
Bill Vol.1 como obra maldita.
Sí y no. Tarantino se propuso entretener
antes que transgredir; si este último
hubiese sido su propósito principal
(como lo es para directores como Gaspar
Noé o Michael Haneke) habría
obtenido un rechazo masivo de gran parte
del público que hoy lo apoya y tal
vez su película fuese encumbrada
solo por cultores de cierto cine bizarro.
Pero no es el caso y el hecho de haber llegado
y gustado a un gran público genera
en Kill Bill Vol.1 una
trascendencia inconmensurable. Esta trascendencia
ya se traduce en revisiones de la obra del
director chino Chang Cheh y del cine oriental
de artes marciales, del giallo
italiano y de la obra de Brian De Palma,
y es evidente que se va a traducir en un
ejército de directores (desde mediocres
hasta talentosos, pasando por toda la gama
intermedia) herederos de esta nueva faceta
de Tarantino.

¿FLAQUEZA DEL GÉNERO O DE
LA CRÍTICA?
En cuanto a los especialistas, un fenómeno
como Kill Bill debería
conducir a un replanteamiento de los principios
teóricos que utilizan (si los hay)
para la crítica de cine.
¿Por qué razón a un
musical se le perdona su falta de argumento
y a una película de artes marciales
no? Es fácil dar con una respuesta.
Es probable que gran parte de los críticos
de nuestro país nos sepa dar una
lección sobre la historia del cine
musical, sobre sus clásicos, sus
estrellas mas representativas, sobre Gene
Kelly, Vicente Minnelli y Bob Fosse pero
probablemente ni uno pueda hablarnos de
la historia del cine de artes marciales.
Esta ignorancia absoluta con respecto a
un género (género que surge
casi simultáneamente con el cine
musical allá por los años
´30 pero en otro continente) se debe
principalmente a la pésima distribución
y difusión del mismo en occidente
(recién comenzó a llegar y
muy parcialmente al Río de la Plata
a fines de los ´70) y a una resistencia
absurda e irracional por parte de la crítica.
¿Cuánto debemos esperar para
que estos sectores reacios aprendan a valorar
una buena película de artes marciales?
Ojalá Tarantino ayude a reducir este
penoso lapso.
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(*) Spaghetti
Western: el término se adjudicó
con innegable intención peyorativa
a la avalancha de películas de cow-boys
que surge en la década del 60. Su
mayor exponente fue el director Sergio Leone.
(**) Giallo: Cine de terror italiano entre
los años 1962 y 1982. Sus mayores
exponentes fueron los directores Mario Bava
y Darío Argento.
(***) Animé: Dibujos animados japoneses.
(****) Gore: Subgénero dentro del
terror en el que se hace uso abundante de
la sangre de utilería.
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