
Título original: Kill
Bill: Vol. 1
País y año de producción:
Estados Unidos, 2003
Dirección: Quentin
Tarantino
Guión: Quentin
Tarantino
Con: Uma Thurman, David
Carradine, Lucy Liu
Duración: 111
minutos
Calificación:
No apta para menores de 15 años
Género: Acción
/ Thriller
Sitio Web: http://www.kill-bill.com/
Reseña argumental: Kill
Bill: La venganza - Vol. 1 narra
la historia de una solitaria sobreviviente
conocida solamente como La Novia (Uma
Thurman), en cuya boda fue presa de una
emboscada (junto con su niño por
nacer) y quedó a punto de morir.
Tras pasar cuatro años en estado
de coma, la muchacha se embarca en búsqueda
de justicia contra los responsables: sus
ex - camaradas de una vida que ella ya
dejó atrás. Estos camaradas,
un grupo de élite de asesinos liderados
por el personaje que da nombre al film
(David Carradine) conforman el llamado
The Deadly Viper Assassination Squad [Escuadrón
Asesino de Víboras Mortales], o
DiVAS. Cada uno de estos dotados asesinos
tiene un nombre codificado, de acuerdo
con diferentes especies de serpientes
venenosas: O'Ren-Ishii (Lucy Liu) es Cottonmouth,
Elle Driver (Daryl Hannah) es California
Mountain Snake, Vernita Green (Vivica
A. Fox) es Copperhead, y Budd (Michael
Madsen) es Sidewinder.
Bill ha invertido una cantidad considerable
de dinero y de tiempo en el escuadrón
DiVAS, pero uno de sus engreídos
integrantes significa para él más
que un "despiadado bastardo asesino":
la Novia misma, cuyo nombre en código
es Black Mamba, puede que sea la asesina
más talentosa de todos. Como la
amante de Bill, es objeto de lógico
resentimiento por parte de los restantes
Vipers.
Tarantino es conocido por haber dirigido
Perros de la calle (1992),
Tiempos violentos (1994)
y Jackie Brown (1997).
VISIONES
EMBARULLADAS
Sin dudas Tarantino ha visto más
cine que muchos críticos de todo
el mundo que lo abordan, pongámosle
blaxploitation o, en este caso,
de artes marciales. Estas mismas películas
que Quentin veía, en su mayoría
cuando trabajaba en un videoclub, eran
objeto de durísimas reseñas
en casi todo medio de comunicación
norteamericano posible, ya sea por tratarse
de "piña-patada-piña"
o por los extremos grados de violencia
que en varias imperaba. Y es que no eran
películas para colmar las expectativas
de los más exigentes pero sí
se inscribían dentro de las reglas
de lo que fue, por ejemplo, un cine hongkongués
de la década del ´70, riquísimo
en acrobacias, filmaciones y fantasías
varias aunque no tan así en las
historias que se narraban, algo que se
hacía mejor en décadas anteriores
a la mencionada aunque en mucha menor
cantidad.
Lo que se ve en esta Kill Bill
llevaría a un capítulo aparte
en cuanto a las numerosas referencias
que van desde combates, pasan por locaciones
y llegan hasta el propio vestuario que
usa la protagonista, sin olvidar películas
como las del prolífico maestro
chino Chang Cheh (del cual aquí
solo se llegó a ver Los
siete vampiros de oro mas algunos
videos perdidos, dentro de la producción
de los hermanos Shaw), fallecido no hace
mucho, y del que curiosamente no se ha
leído casi nada, históricamente,
por estas latitudes. Si nos ponemos incisivos
ésta no es tanto una película
de kung fu sino más bien de samurai,
subgénero en el que autores como
el maestro Kurosawa han aportado visiones
mayúsculas. Por supuesto que a
Tarantino no le vamos a pedir que sea
Kurosawa pero por ahí sí
un realizador que ordenara su creatividad
y la volcara sin excesos que incluso lo
llevan a perderse dentro de su propio,
característico, por momentos brillante
estilo, que acapara básicamente
antecedentes chinos, japoneses, estadounidenses
y hasta italianos, siempre dentro de un
cine de géneros que a él
lo ha cautivado durante toda su vida.
No es casualidad que el director de fotografía
de esta película, el a veces esmerado
Robert Richardson, sea el mismo de la
espantosa Asesinos por naturaleza,
escrita por Quentin y reescrita (vaya
uno a saber hasta dónde) y dirigida
por Oliver Stone. En este film se veían
tomas muy buenas pero ideas muy desparramadas
e inconexas, del mismo modo que en la
entretenida (y algo "regularota")
Del crepúsculo al amanecer
(1996), con guión de Tarantino
y dirección de Robert Rodríguez,
un poco serio (en todo sentido) y poco
efectivo tributo al cine de vampiros y
muertos vivos. Curiosamente una de las
cosas por las que Tarantino es más
nombrado es por el humor y la mordacidad
de sus películas; y el libreto
que aportó para Escape
salvaje (1993) de Tony Scott
fue un claro ejemplo de acelerada y buena
narración, gentileza también
de la interpretación visual aportada
por el hermano de Ridley.
Kill Bill guarda momentos
cinematográficos muy buenos, coreografía
incluida (por más que el trabajo
de Yuen Wo-Ping supo brillar mucho más
en sus tareas para la Golden Harvest)
pero la historia es muy endeble. También
lo eran las de muchos clásicos
asiáticos de años atrás
pero al menos ellos fueron precursores
en todo esto. Tarantino, sí, pone
su sello, como cuando intentó homenajear
al primer blaxploitation en Triple
traición (1997), novela
de Elmore Leonard mediante. A diferencia
de sus dos primeros y mejores antecedentes,
Perros de la calle (1992)
y Tiempos violentos (1994),
el ritmo del relato no es el mismo de
sus otros dos posteriores trabajos como
realizador. Da la sensación de
que en esta Kill Bill
la fluidez de la historia se disimula
llamando la atención con un violento
combate tras otro, todos filmados con
mucha clase, guiños, chiches y
una truculencia que ya pasa la raya de
lo irónico y hasta se codea con
esas imitaciones americanas (y hasta europeas)
pobrísimas de cine de acción
oriental, donde la ultraviolencia era
más un elemento de taquilla que
de componente natural en sí, un
género al cual se pretendía
imitar, muy pocas veces con resultados
óptimos. Insistimos; Kill
Bill tiene ocurrencias muy ingeniosas
pero hace falta solidez en la historia
que se cuenta.
Está muy linda, también,
la idea del anime, y en especial
cómo se lleva a buen puerto, para
subrayar la trágica anécdota
del personaje que interpreta muy bien
Lucy Liu (norteamericana de ascendencia
china), otro de los recursos que se suman
a esta ensalada, con méritos en
el montaje, el sonido y sus efectos, la
banda sonora y el diseño de producción.
Por otro lado, además, están
los cambiantes puntos de vista de la propia
historia y con actores muy bien aprovechados,
más allá de que Uma Thurman
como que termina encajando a la fuerza
en un papel que en realidad debió
haber caído en manos de una actriz
oriental o al menos con ciertos rasgos
físicos típicos y mejor
estado atlético, que no necesitara
del montaje para disimular algunas falencias.
De todas formas, el gustito que Tarantino
le impregna a su película es innegable;
desde la propia presentación hasta
las maquetas que se utilizan en algunos
pasajes, evitando el uso de imágenes
generadas por computadora. Quizá,
por ahí, faltó un toquecito
mayor de fantasía, pero no como
la que usó Ang Lee en El
tigre y el dragón (faltaba
más...) sino menos volada y más
imaginativa, más ajustada a planos
de lucha y no inmersa en interminables
secuencias.
Y ahora se viene la segunda parte, cuando
en realidad Kill Bill
debió haber sido un sólo
largo de unas tres horas de duración,
aunque eso no había convencido
a los directivos de Miramax (por el poco
gancho comercial que podía tener),
que al final llevaron un asunto de simple
venganza a dos largometrajes. Un asunto
de bueno contra malos con bastante estilo,
algo reiterado con respecto a otros antecedentes
de Tarantino, en cuanto a la presentación
y seguimiento de algunos villanos (bueno;
dejémosla como sello característico
del realizador), y sumamente digerido,
al servicio de un público que lo
idolatra y que también le da las
gracias por resumir tanto cine visto en
tan poco tiempo.