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CIUDAD DE DIOS

Título original: Cidade de Deus
País y año de producción: Brasil / Francia / Estados Unidos, 2002
Dirección: Kátia Lund, Fernando Meirelles
Guión: Bráulio Mantovani, basado en la novela de Paulo Lins
Con: Matheus Natchergaele, Seu Jorge, Alexandre Rodrigues
Duración: 130 minutos
Calificación: No apta para menores de 15 años
Género: Drama
Sitio Web: http://www.cidadededeus.com.br/

Reseña argumental: Uno de los lugares más peligrosos de Río de Janeiro es el que lleva el nombre de esta película, que ha recibido elogios en todas partes del mundo, incluso en el reciente XXI Festival Internacional Cinematográfico del Uruguay, donde fue la ganadora a Mejor Largometraje. La historia sigue a dos niños, ambos con propósitos diferentes; uno desea ser fotógrafo y el otro sueña con ser el criminal más famoso de Río. Los dos logran sus objetivos y esos mismos caminos son seguidos por la película, a lo largo de veinte años de sus vidas.





AMARILLO Y NEGRO



La fotografía en tono ocre del primer episodio en Traffic (Steven Soderbergh, 2000) llevó a algunos a señalar que era una actitud algo racista el hecho de que en ese contexto (México) las cosas se pintaran con menos prolijidad que en otros, como lo que acontecía en el propio suelo estadounidense. La droga también estaba presente en esos minutos iniciales del film, al igual que en Ciudad de Dios, y bien vale señalar que el propósito, seguramente y en ambas obras, era distinto; reflejar, a través del color, su intensidad, la iluminación y la forma de captar personajes, hechos y paisajes, una realidad que quizá le pegue más al que la ve de afuera que al que la vive desde adentro (aunque en el caso de Traffic Benicio del Toro termina siendo más afectado que el propio espectador).


Como que en el interior de las favelas las cosas que para una persona de los suburbios pueden ser atípicas (crímenes, violaciones, tiroteos, persecuciones, el tristísimo papel de la policía) para sus propios residentes son de lo más común. También alguien puede sentirse atraído por ver e investigar ese submundo tan peligroso, sin piedad y donde los que mandan encuentran las excusas más tontas a la hora de asesinar a sangre fría y sin la más mínima preocupación.


Historias reales, mezcladas con algo de ficción, y todos los elementos cinematográficos disponibles como para hacer de un film algo que realmente vale la pena, como Ciudad de Dios, que no es una obra maestra, ni tampoco intenta calcar ese cine de gángsters y mafiosos a-la-Scorsese (Calles salvajes, Buenos muchachos, en menor grado Casino). Tan solo muestra y sin anestesia hechos muy duros pero con estilo; estilo cinematográfico que trata de marcar una diferencia y encuentra momentos muy oportunos para formar parte de la propia locura que encierra la historia en sí, una historia negrísima, que sacude, que no está tan lejos, que habla por sí sola a través de un montaje frenético, acelerado, casi sin respiro, que a veces bombardea con imágenes y sonido, y en otras se serena, dando paso al negro, al silencio, a la impotencia, al dolor y el daño irreparable.


Una mención aparte merecen algunos de los actores, que aportan una cuota de real credibilidad al asunto, la misma que al principio podrá imapactar a ese espectador que, una vez que entra en el juego se convierte, por ahí, en un testigo al que ya nada afecta.


Alejandro Yamgotchian


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