|
Reseña argumental: El popular
perro grandanés, su inseparable amigo
miedoso Shaggy y toda la banda de "La
Máquina Misteriosa" en un nuevo
caso de investigación y con ribetes
"sobrenaturales", por supuesto.
La acción principal toma lugar ahora
en una isla paradisíaca, donde un
gran parque de diversiones levanta leves
sospechas acerca de algunos turistas que
parecen como hipnotizados por alguna fuerza
misteriosa.
El director
Raja Gosnell había realizado Mi
pobre angelito 3 (1997), Jamás
besada (1999) y Mi
abuela es un peligro (2000).
MUCHO
RUIDO Y ALGO DE NUECES
Sabido es
que en Hollywood el dinero lo compra todo
y en este caso los estudios nunca escatiman,
más cuando se trata de una novedosa
película pero también de una
jugosa inversión. En este último
aspecto la cosa marcha de maravillas y realmente
es justo, ya que estos personajes de carne
y hueso realmente no tienen nada que envidiar
a los creados por Hanna y Barbera. Tampoco
está fuera de lugar todo lo referente
a diseños en la isla (interiores
y exteriores) y el aspecto visual en general.
Pero teniendo en cuenta que es un producto
hecho básicamente para niños
y que al original no se le puede pedir más
que divertidas aventuras con algún
que otro sustito bienvenido, esta película
de Raja Gosnell abusa en algunos aspectos
de la historia que terminan molestando y
hasta faltándole el respeto a la
vieja serie.
¿Cómo
es que Shaggy y Scooby se las toman por
dos años y luego vienen a encontrarse
con toda la pandilla y de casualidad en
la isla? ¿Dónde está
el compañerismo y la unión
que tanto se proclamaba en la original?
Y otra cosa fundamental y que desconcertó
a quienes esto escriben... a Scrappy, el
sobrino de Scooby, ¿por qué
lo tiraron al bombo? ¿Qué
hizo la pobre y camorrera mascotita para
que le dieran tanto palo? Por haber orinado
el vestido a Daphne y por una simple discusión...
¡¡¡la pandilla toda lo
baja de la "La Máquina Misteriosa"
y lo deja tirado con una mochilita, en medio
del desierto, a pleno sol y como a un montón
de kilómetros de la civilización!!!
Pero esto no es todo. Resulta que él
termina convirtiéndose en uno de
los enemigos mortales que casi hace puré
todo cerca del final.
¿Qué
hay en la cabeza de estos guionistas, por
favor? ¿Acaso no miraban los dibujos
que daba Canal 5 (¡ja!)? ¿Por
qué no le dieron más peso
a Rowan Atkinson, que se perfilaba como
único gran villano y que lo terminaron
dejando pintado y con un disfraz de parodista?
¿Y los extras? ¿Los vieron?
Un show aparte, más en este tipo
de producciones donde a veces miran la cámara,
no siguen el punto imaginario por donde
Scooby (totalmente hecho en base a imágenes
generadas por computadora) transita y hasta
tratan de sacar tajada a los pocos segundos
de gloria en que les toca aparecer (si quieren
hacerse el plato con este tipo de perlitas,
por favor, vean Los
Picapiedras en Las Vegas).
Y esto no
termina acá; la lista de cosas innecesarias
continúa: ¿era necesario convertir
a Daphne en una especie de karateca cibernética?
¿Con qué fin se ponen esas
tomas aceleradas y luego otras en cámara
lenta, como queriendo resaltar la espectacularidad
de la acción? Por último;
es moneda corriente que hasta en las producciones
para niños siempre aparezca alguna
referencia hacia gases intestinales, eructos,
vómitos, materia fecal, orina, mucosidad,
saliva y toda una serie de cosas asquerosas
y retorcidas que vienen haciendo las delicias
de muchos guionistas de la industria. Como
que están en su salsa, ¿no?
Ahora, no queremos entrar en detalles para
no tener líos con nadie. Lo único
que vamos a decir (porque no la vamos a
dejar acá) es que esto no es una
cuestión de nombres sino de apellidos,
y que en esta versión de Scooby-Doo
constituyen algo sumamente desagradable
y que está totalmente de más.
|