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Reseña
argumental: Tom Hanks interpreta
a Michael Sullivan, un asesino a sueldo
de una pandilla irlandesa en los estados
centrales de los Estados Unidos durante
la época de la depresión.
Cuando su trabajo atraviesa la frontera
hacia su vida privada, trayendo esto consigo
la muerte de su querida esposa e hijo, Sullivan
y el hijo que le sobrevive emprenden una
travesía de penitencia y redención.
“Camino
a la Perdición” es un título
con un doble significado. En términos
literales, Perdición es el nombre
del pueblo al que Michael Sullivan y Michael
Sullivan, Jr., el único hijo que
le sobrevive, se dirigen. Pero Perdición
también es un eufemismo de Infierno,
y en ese sentido, Michael Sullivan reza
para que su hijo se abstenga de emprender
este camino.
El joven
director británico Sam Mendes había
hecho un notorio debut en el largometraje
con la oscarizada Belleza
americana (1999), film apadrinado
por Steven Spielberg.
PROLIJIDADES
Todavía
no se sabe con exactitud si Mendes tomará
el camino de muchos realizadores, que luego
de sorprender con algunas inquietudes personales
fueron importados por la industria y adaptados
a los requerimientos de ésta última.
Camino a la perdición (2002)
es un producto industrial al que, sin embargo,
pueden detectársele varios factores
en común respecto al trabajo realizado
por su director en Belleza
americana (1999). No son notorios
pero bien da para seguir curioseando la
predilección de Mendes por familias
resquebrajadas, ya sea por rebeldías
y deseos personales o (como en Camino...)
desgracias que llevan a un hombre y su hijo
a transitar por distintos lugares durante
seis meses y con un montón de gente
queriendo eliminarlos.
La historia
es por demás correcta, llevadera
y con momentos sorprendentes, revitalizados
ya sea por actuaciones soberbias o bien
pasajes de gran elaboración, que
hasta podrían llegar a sorprender
a varios directores que se han despachado
con notables obras de mafiosos y gángsters,
desde Howard Hawks (Scarface),
pasando por la época dorada hollywoodense
(que finalizó en la década
del ´40), Arthur Penn (Bonnie
& Clyde), Coppola (la saga
El padrino), Scorsese (De Niro y
sus muchachos), John Huston (El
honor de los Prizzi), Brian De Palma
(Los intocables)
y llegando (si quieren) hasta los mismísimos
hermanos Coen (De paseo a la muerte), entre
algunos otros más. Un relato de odio
y venganza pero también de amor familiar
y lealtad, de códigos supuestamente
herméticos y situaciones tan chocantes
que del cumplimiento del "deber"
se pasa a un estado de obsesión y
anarquía total.
Hay más
que nada destellos de puro cine en este
trabajo de Mendes, más relacionados
a aspectos visuales y sonoros que envuelven
pasajes de muy buena acción y tensión.
Los encuentros entre rivales aparecen muy
bien condimentados (notable el que se da
en una cafetería entre Tom Hanks
y Jude Law) y hasta con dilemas que llevan
una carga dramática realmente notoria
al asunto. Basta ver los choques (el que
ambos se ven - en la calle y por última
vez es brillante) entre el sufrido protagonista
(Hanks) y su ex jefe (Paul Newman), que,
a pesar de todo, lo sigue queriendo como
a un hijo más. O hasta la seca maldad
de otro personaje mafioso (el que encarna
Stanley Tucci) que no guarda piedad alguna,
a pesar de su amable apariencia. Aquí
ya nos estamos encaminando irremediablemente
hacia las actuaciones; cada una de ellas
un mundo aparte. Y algunas de muy buena
factura, como la del propio Hanks, que conjuga
dolor y sentimiento en ese personaje de
hombre serio que busca poner las cosas en
su lugar. Paul Newman mantiene su gran temple
y Jude Law vuelve a confirmarse como uno
de los jóvenes actores norteamericanos
más interesantes que se pueden ver
en la actualidad. Su papel de fotógrafo
con gustos macabros, actitudes siniestras,
movimientos extraños y gestos morbosos,
que no se cansa de perseguir al protagonista,
está entre las mejores actuaciones
de reparto del año.
Aparte de
la talentosa orquestación de Sam
Mendes en Camino
a la perdición, los actores,
sin lugar a dudas, constituyen el otro gran
sustento de la película.
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