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Título original: Stuart
Little 2
País y año de producción:
Estados Unidos, 2002
Dirección: Rob Minkoff
Guión: Bruce Joel
Rubin, sobre historia del primero
y Douglas Wick, además de los caracteres
del libro
de E. B. White
Con: Geena Davis, Hugh
Laurie, Jonathan Lipnicki
Duración: 78 minutos
Calificación: Apta
para todo público
Género: Animación
/ Infantil
Sitio Web: http://www.stuartlittle.com
Reseña argumental:
Esta vez, Stuart debe hacer una travesía
a través de la ciudad de Nueva York
con el apático Snowbell para rescatar
a su nueva amiga, Margalo, de los villanos
Falcon. Apoyando a Stuart Little está
toda la familia de Stuart de la exitosa
comedia original.
Curiosidades:
¡¡¡Por favor...!!!; se
solicita gente que le explique al equipo
de producción en qué consiste
el deporte llamado fútbol. En un
momento el niño protagonista está
jugando un partido en Nueva York pero al
parecer de fútbol americano. Bueno,
en realidad era soccer pero se ve que no
tienen mucha idea de cómo se juega,
ya que tanto los jugadores de uno y otro
cuadro corrían en grupo, gritando
como salvajes de arco a arco, tras la pelota.
Cuando el pequeño en cuestión
la toma se queda parado, mientras se le
viene el malón rival... ¡¡¡y
sus propios compañeros encima!!!
Una cosa increíble. Ver para creer.
El director Rob Minkoff había hecho
El Rey León (1994)
y la primera parte de Stuart Little
(1999), co-escrita por M. Night Shyamalan.
Por su parte, el co-guionista Bruce Joel
Rubin ha dirigido el drama Mi vida
(1993) y también participó
en libretos de interesantes trabajos (casi
todos de carácter fantástico)
como Amiga mortal (Wes
Craven, 1986), Alucinaciones del
pasado (Adrian Lyne, 1990).
BIENVENIDA SECUELA
Una pequeña sorpresa esta segunda
parte, algo pronosticada por la participación
de un hombre que siempre sale bien parado
en los libretos que interviene: Bruce Joel
Rubin. Una secuela bastante mejorada respecto
a su predecesora, que había sido
co-escrita nada menos que por M. Night Shyamalan.
Quizá la palabra mejorada deba sustituirse
por distinta, ya que aquí hay más
aire de fábula y aventura que en
la primera parte, donde los sentimientos
(trabajados muy a la ligera) de amistad,
compañerismo y familia sonaban más
fuerte que la propia (y escasa) acción
del film. El roedor, en ese entonces, se
sentía regocijado por la actitud
de una familia que lo adoptaba, a la vez
que nuevas amistades le daban alegrías
e inesperados enemigos provocaban travesías,
encargadas de hacer las delicias de los
más pequeños, quienes veían
al ratoncito realizar cosas que en el mundo
real eran imposibles. Claro que los efectos
especiales tuvieron su protagonismo y, a
pesar de que los actores de carne y hueso
(salvo el niño) estaban casi "pintados
al óleo" (Geena Davis, esposo
y parientes cercanos), la película
tuvo suficiente éxito como para que
se realizara una secuela.
Stuart Little 2 (2002),
entonces, le da un giro considerable al
asunto, aunque más que nada en lo
referente al aspecto visual, con muchas
tomas desde las alturas y a veces a gran
velocidad, que le dan un toque mayor de
emoción y dinamismo a algunas de
las escenas filmadas en exteriores. Probablemente
no sea lo más indicado establecer
la misma diferencia que hubo entre la primera
y segunda parte de Babe, el chanchito valiente,
pero sí decir que se nota en la fotografía
luminosa, colorida, y especialmente en la
composición de algunas imágenes
cierta intención de ver con otros
ojos la ciudad de Nueva York (sin sus torres
gemelas), donde todo parece casi perfecto
y donde lo real es cada vez menos palpable.
En un momento el padre de familia dice algo
así como "nosotros nunca imaginamos
lo peor". Y es que, más allá
de cierta ingenuidad molesta en algunos
de los personajes adultos (Geena Davis y
su beba en la ficción, por goleada),
todo parece andar sobre ruedas en la "Gran
Manzana", donde la sociedad parece
marchar a las mil maravillas.
Pero el gran fuerte de esta segunda parte
está no solo en los trucajes visuales
sino también en las ingeniosas ocurrencias
vinculadas a las travesías que realiza
el ratoncito, que también se notan,
lo que garantiza esa (en principio algo
inesperada) diversión, tanto para
niños como (especialmente) adultos.
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