
Título original: L´
Emploi du temps
País y año de producción:
Francia, 2001
Dirección: Laurent
Cantet
Guión: Robin Campillo,
Laurent Cantet
Con: Aurélien
Recoing, Karin Viard, Serge Livrozet,
Marie Cantet, Félix Cantet
Duración: 132
minutos
Calificación:
No apta para menores de 9 años
Género: Drama
Reseña argumental:
Al protagonista lo han echado de su trabajo
por querer estar demasiado tiempo dentro
de su auto, lo que ocasionaba que no llegara
a tiempo a sus visitas comerciales y tardara
más de lo estipulado por la empresa.
El personaje decide ocultar a su familia
que ha sido despedido, y de a poco se
anima a una mentira mayor: que está
por conseguir un nuevo trabajo para la
ONU en Ginebra. Lo que sigue es una bola
de nieve: el hombre se enreda cada vez
más, magnificando sus mentiras
porque el entorno (mujer, hijos, padre
y madre) actúa como si el mundo
fuera normal, regular, y se mantienen
en una actitud de pasividad extrema frente
a todo.
El hombre está atrapado en su
vida y quiere cambiar sus circunstancias
y hacer lo que él quiera (por ejemplo,
ni siquiera ocuparse de gestionar el seguro
de desempleo), o lo que de él derive,
pero en los hechos parece no estar preparado
para querer nada. Es un hombre gris, que
nunca se preparó para salir de
su adormecimiento, aunque quiera creer
que está incómodo y que
esa incomodidad lo hará salir de
su adormecimiento. Pretende rebelarse,
pero lo único que logra es reemplazar
un trabajo que odia (un simulacro de vida)
por un simulacro del trabajo que odia:
sigue escribiendo en su agenda con ínfulas
de persona importante, le gusta llegar
a grandes trancos a una empresa en la
que no tiene nada que hacer, lee un libro
sobre la ayuda a los países africanos,
utiliza su sobretodo como signo antes
que como abrigo. Ha sido rechazado por
el mundo empresarial y trata de convencerse
de que es él quien lo ha rechazado,
pero es apenas una ilusión.
El director alemán Laurent Cantet
ha realizado la muy elogiada Recursos
humanos (1999).
DENTRO Y FUERA
Una vez más el realizador germano
Cantet vuelve a tocar un tema que cada
vez es más moneda corriente, gentileza
de un sistema capitalista cada vez más
voraz e implacable, globalizador y aliado
de empresas que no dejan títere
con cabeza: la desocupación. En
su muy buen debut, titulado Recursos
humanos, el director también
demostraba que los efectos del desempleo
no tanto en el contexto por el que transitaban
algunos de sus cascoteados personajes
(como suele verse en algunos trabajos
del británico Ken Loach) sino a
través del interior de los mismos
y su impacto en el propio seno familiar.
El empleo del tiempo
es un film mucho más conservador
en su planteo y en su intento de comunicar.
Los diálogos mordaces de Recursos...
no figuran en esta nueva labor de Cantet,
aunque sí lo vuelve a hacer el
lenguaje cinésico; ver al protagonista
pensativo y sufriendo, sin necesidad de
diálogo alguno. La imagen es la
que se lleva todos los significados pero
no tanto de la historia sino del eje de
la misma: un hombre al que le cuesta cada
vez más sostenerse en su apariencia
de trabajador exitoso frente a una familia
a la que no quiere dejar mal parada, en
todo sentido, y frente a una situación
que podría hacer girar las cosas
unos cuantos grados: el hecho de que todos
sus allegados y amigos se enteren de la
pérdida de su puesto laboral.
Claro que una resolución algo
más enigmática e incierta
hubiera quedado mejor que la que finalmente
tuvo esta historia, alejándose
bastante de un realismo que se mostró
muy duro durante buena parte de la película
y que luego se dio vuelta como una tortilla,
restándole bastante credibilidad
al asunto. De todas maneras el esfuerzo
fue más que meritorio, lo que lleva
a Cantet a ser un realizador comprometido,
más que con lo que pasa en situaciones
que se viven hoy en día, con esas
personas que experimentan típicos
problemas de sociedades modernas, aceleradas
y que a veces llevan a replanteos donde
la fuerza de voluntad de uno o bien el
respaldo que se pueda recibir del grupo
familiar siempre van a ser las armas más
letales para combatirlos.
AY