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A PESAR DE TREBLINKA ***


Título original
: A pesar de Treblinka
País y año de producción: Uruguay, 2002
Dirección: Gerardo Stawsky
Con: Chil Rachjman, Schmuel Willenberg, Kalman Teigman
Duración: 90 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Documental



Reseña argumental (del comunicado de prensa emitido): En 1942 los jerarcas nazis se reunieron en un suburbio de Berlín para organizar el exterminio de los judíos. Decidieron comenzar por el ghetto de Varsovia, corazón de la vida judía en Europa. Crearon Treblinka, en un paraje rural cercano a la capital polaca. Acabaron con alrededor de 900.000 judíos y 500 gitanos en trece meses. El 2 de agosto de 1943, los prisioneros destruyeron Treblinka. Hoy quedan menos de diez sobrevivientes de aquel campo de exterminio en todo el mundo. Entre ellos, un industrial de 88 años, un pintor y ex-partisano, y un jubilado que fue testigo en el juicio a Eichmann.

Filmada en Uruguay e Israel, A Pesar de Treblinka (2002) cuenta la historia de Chil Rajchman, Schmuel Willenberg y Kalman Teigman. También cuenta historias de otros sobrevivientes del holocausto, que son familiares y amigos de los protagonistas. La trama progresa cronológicamente, desde los años de la pre-guerra, Treblinka y el levantamiento que culminó con la destrucción del campo de exterminio, hasta el pasado reciente y el presente, donde una serie de viñetas, a menudo cómicas, muestra la posibilidad de vivir a pesar del horror.

El conflicto central se expone en los primeros minutos: mientras la cámara panea sobre el edificio de Rajchman y entra en su casa – donde un grupo de sobrevivientes se reúnen para mirar un corte avanzado de A pesar... - escuchamos una voz en off de una vieja grabación de la señora de Rajchman, fallecida en 1991:

Un día, una tarde de agosto, no me voy a olvidar más, creo que era invierno, íbamos por la avenida Brasil, no teníamos la casa entonces, estábamos los dos solos, y yo veía las ventanas iluminadas de los edificios, de las casas, se veía que había gente, familias y yo pensé dentro de mí: ¿llegará el día en que yo esté del otro lado y no aquí en la calle? No sé explicarlo, pero eso es lo que yo sentía; dudaba si íbamos a poder formar una familia normal…

A pesar... no es otro intento por contar la historia del holocausto en 90 minutos, sino una película sobre gente singular, que tuvo la extraña fortuna de sobrevivir al exterminio; explora quiénes son – personajes reveladores cuya presencia desafía los estereotipos de los sobrevivientes -, lo que vivieron y lo que les fue negado vivir, y cómo digieren su pasado día a día – no siempre con éxito, no siempre con fracaso; con dramatismo a veces, otras con sorprendente ligereza y humor. Conocemos protagonistas, en vez de escuchar testigos.

La película combina entrevistas a cámara, diálogos entre sobrevivientes, una impresionante colección de material de archivo fílmico y fotográfico, y secuencias observacionales acompañadas por la música del aclamado compositor John Zorn. Siempre que es relevante y procurando no abusar del recurso, retornamos a la secuencia observacional del comienzo – filmada entre uno y dos años después que el resto del material - donde los participantes miran un corte avanzado del documental. La sensación es la de estar mirando el documental junto a los protagonistas, en tiempo real. El equipo registra sus reacciones – sobre todo gestos y expresiones, ocasionalmente acotaciones - ante su propia historia y material de archivo en pantalla, así como material de archivo de la época. A pesar... privilegia la trama emocional y la plenitud de matices de los personajes, más que la información histórica y estadística (no hay voz en off impersonal). Combinando los recursos y formatos mencionados, la película intenta una pintura impresionista, más subjetiva y por ello, más intensa y a la vez más fidedigna.

Curiosidades: Chil (Enrique, Heniek, Iechiel) Rajchman. Nacido en Lodz, Polonia, es ciudadano uruguayo desde 1948. A los 88 años, es el mayor de los ocho que aún sobreviven Treblinka. Testificó contra comandantes nazis en Düsseldorf (1965), y contra John (Iwan) Demjanjuk, “el carnicero de Treblinka”, en Cleveland (1981) y Jerusalén (1987). Promovió la creación del Museo del Holocausto y el Memorial del Holocausto, ambos en Montevideo. Hace más de 10 años que insistía en la necesidad de hacer esta película. Guerrillero contra los nazis y pintor, porque su padre lo fue, Schmuel Willenberg (sobreviviente de Treblinka), y su esposa Ada (sobreviviente del ghetto de Varsovia), no tienen pruritos a la hora de discutir y bromear en cámara. Para ellos, la vida realmente continuó.

Para Kalman Teigman, sin embargo, las heridas de Treblinka parecen haberse abierto nuevamente, y la persecución es un miedo a flor de piel. A diferencia de los Willenberg, que viajan a Polonia cada año, Teigman solo accedió a viajar una vez, para mostrarle a sus nietos lo que ya no queda. Para entonces, ya había comenzado a contar una historia que calló durante muchos año: en 1961, había declarado contra Adolf Eichmann en Jerusalén.

Gerardo Stawsky, director y productor ejecutivo de A pesar de Treblinka, profesor del Departamento de Realización Audiovisual de la Universidad ORT Uruguay, es nieto de Alexander Stawsky, un maestro de hebreo en Kobryn, Polonia, que luego fue colchonero bajo el nombre de Alejandro en Uruguay. Kobryn, que ya no existe, estaba lleno de Stawskys. Alejandro pudo traer a sus padres, hermanos y hermanas durante los años ’30. Estos fueron los únicos Stawskys que lograron salir de Polonia.

Charlotte de Grünberg, Directora General de Universidad ORT Uruguay y coordinadora institucional de A pesar..., era una niña de origen polaco escondida en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Ella sintió que una universidad debía hacer este film.

Fernando Epstein, el editor de A pesar..., fue además productor ejecutivo y editor de 25 Watts (Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll, 2001), que ganó el VRPO Tigre Award en el Festival de Rotterdam, el premio de la crítica (FIPRESCI) en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires y estuvo entre las cinco películas nominadas para en Sundance NHK Latin American Contest. Mientras estaba editando A pesar..., se cruzó en la isla de edición con un material que le reveló que su tío-abuelo, hoy fallecido, había visto cómo se habían llevado a su hija al exterminio.


EL HORROR COMPARTIDO


Documental dirigido por el uruguayo Gerardo Stawsky, donde se combina entrevistas, diálogos entre sobrevivientes, material de archivo fílmico y fotográfico, a propósito de Treblinka, espantoso campo donde fallecieron casi un millón de judíos a causa del exterminio que practicaron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

La idea, como bien anuncia el libro de prensa, no es contar una vez más la historia del Holocausto Judío sino rescatar las impresiones de tres sobrevivientes de aquel infierno llamado Treblinka. El espectador, entonces, es llevado de la mano hacia el pasado y luego devuelto a tiempo presente, donde las cosas son muy distintas, claro. Pero una y otra vez el viaje vuelve a hacerse, resaltando por un lado, y cada vez con más indicadores, el impacto de las atrocidades en la psicología de los allí presentes y por otro el milagro de que esas mismas personas que fueron testigos estén vivas, disfrutando de una reunión en el living comedor de un apartamento o contemplando el paisaje de nuestra rambla en el Parque Rodó. Los ya veteranos comentan mientras los más jóvenes escuchan, entre el asombro y algún toque de frescura, ingenuidad e inocencia.

Una cosa es ver este documental como espectador, otra ponerse del lado de aquellos que presenciaron los horribles hechos y otra peor aún es ponerse en la mente de aquellos que no pudieron contar la historia, que murieron asesinados por los alemanes. A pesar de Treblinka (2002) contempla las tres partes por igual y ahí es donde radica su mérito mayor; Stawsky logra equilibrar todo, registrando detalles inevitablemente sensibles, emotivos, captando relatos eufóricos, reavivados por los aterradores e imborrables recuerdos que se evocan, y dejando fluir de manera impecable anécdotas como la de una pequeña niña (contada por el pintor), testigo de algunos espeluznantes actos de Treblinka, que hasta llegó a conmover a los propios nazis pero que tuvo un final digno de una mente enferma.

En un panorama donde a veces los materiales sobre el Holocausto Judío sobran (Hollywood al firme), este trabajo de Gustavo Stawsky demuestra lo contrario, porque es algo de sumo interés, porque se acerca a un punto de la Segunda Guerra Mundial no sabido (o no tan conocido en detalle) por todos, porque está muy bien armado, y porque se nota que hubo una seria y responsable labor de investigación periodística detrás.

AY

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