
Título original: Amen
País y año de producción:
Alemania / Estados Unidos / Francia /
Rumania, 2002
Dirección: Costa-Gavras
Guión: Costa-Gavras,
Jean-Claude Grumberg, basado en la obra
de Rolf Hochhuth
Con: Ulrich Tukur, Mathieu
Kassovitz, Ulrich Mühe
Duración: 132
minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Drama
Sitio Web: http://www.amen-lefilm.com/
Reseña argumental: Dos
sistemas: la maquinaria nazi.... El Vaticano
y los diplomáticos aliados. Dos
hombres conspirando desde adentro... De
un lado, Kurt Gerstein, un químico
y oficial de las SS, que existió
en la vida real. Mientras que le suministraba
el letal Zyclon B a los campos de exterminio,
al mismo tiempo, incansablemente denunciaba
los crímenes y alertaba a los Aliados,
al Papa, a los alemanes y a sus Iglesias,
poniendo en riesgo a su familia y a sí
mismo. Por el otro, Ricardo, un joven
jesuita, personaje de ficción que
representa a todos los sacerdotes que
tuvieron el valor de oponerse al genocidio,
pagando a menudo su coraje, con la vida.
Estos curas, muchísimos, algunos
conocidos, otros anónimos, quienes
simplemente no aceptaron el silencio de
su jerarquía.
¿En qué momento de la vida
de un hombre, la ética debe imponerse
a la autoconservación? Kurt Gerstein
sabía y quería que el mundo
supiera. La película pone en tela
de juicio el silencio de todos los que
sabían y guardaron silencio.
El director de origen griego Constantin
Costa-Gavras ha realizado trabajos como
Z (1969), Estado
de sitio (1973) y Mucho
más que un crimen (1989),
entre otros.
CONSTANTIN SIN CONSTANCIA
Ya no es novedad que un realizador de
notables películas, con el paso
de los años, vaya perdiendo (a
veces de manera inexplicable) su pulso,
ya sea por la incapacidad de salir a flote
por un guión de factura propia
o bien ajeno a su creación, o directamente
porque intenta meterse nuevamente en la
maquinaria industrial, descuidando la
sustancia de un sello autoral característico
y obrando en favor de una incursión
que permita el ingreso de dólares
a las arcas (porque de algo hay que vivir).
Habría que preguntarse qué
otra cosa hay, aparte de los enfrentamientos
entre un oficial de la SS, shockeado al
enterarse de que su trabajo se usa para
el exterminio de hombres, mujeres y niños,
y las autoridades de la Iglesia, el poder
de los nazis, el pueblo alemán
y la indiferencia de otros países
(algunos ni enterados del horror diario
que tenía lugar en los campos de
concentración).
Nada; absolutamente nada. Si al menos
se la hubiera jugado a hacer un documental
todavía. Pero esto pretende ser
un drama y no llega siquiera a levantar
vuelo. Como que la mesa queda servida
pero nadie viene a comer. Todo está
presentado correctamente pero no hay interacción
creíble alguna. Tan solo un par
de efectismos (asesinatos de enfermos
mentales, disparos sin piedad contra dos
jóvenes prisioneros judíos)
y conversaciones que lo único que
hacen es ratificar las posiciones de uno
y otro bando, y la información
que ya se sabe de antemano. Los personajes
se mantienen casi inalterados, moviéndose
para todos lados pero sin un desarrollo
que permita a ambos salir un poco de esa
narración trivial y que sólo
se alimenta de hechos en lugar de reflexiones
a partir de los mismos, como lo hiciera
con un tema parecido en Mucho
más que un crimen, con
Jessica Lange defiendo a su padre húngaro,
acusado de crímenes de guerra y
en donde la rutina y el oficio laboral
se mezclan inevitablemente con las emociones.
La carrera de Costa-Gavras nos muestra
ciertas irregularidades (el drama racista
de Traicionados) y muchos
puntos altos (Z, Estado
de sitio, Desaparecido).
En Amén ha hecho
uno de sus peores trabajos, lo que no
implica que este hombre haya perdido su
talento; tan solo tuvo un nuevo y considerable
tropezón que se contradice con
un cine valiente, poderoso y sin reservas,
al que nos tenía acostumbrados.
AY