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CONSTRUYENDO LA VIDA


Título original: Life As A House
País y año de producción: Estados Unidos, 2001
Dirección: Irwin Winkler
Guión: Mark Andrus
Con: Kevin Kline, Kristin Scott Thomas, Hayden Christensen
Duración: 122 minutos
Calificación: No apta para menores de 15 años
Género: Comedia / Drama
Sitio Web: http://www.lifeasahouse.com/





Reseña argumental: Construyendo la vida trata acerca del camino que recorre un hombre que decide hacer pedazos su casa y acaba reconstruyendo el mundo que lo rodea. A partir del día en que George Monroe toma su almádena, se embarca en una gran aventura que hará añicos las expectativas y construirá los cimientos de muchos y diferentes sueños entre su familia y sus vecinos.

Kevin Kline protagoniza la cinta dando vida al arquitecto George Monroe, quien toda su vida ha tenido la ilusión de lograr uno de los grandes "sueños americanos": construir su propia casa, un refugio enclavado en un acantilado a la orilla del mar. Pero es un sueño que George ha pospuesto una y otra vez mientras se va hundiendo cada vez más, terminando divorciado, trabajando en exceso y separado, no sólo de sus amigos y de su familia, sino de él mismo.

Ahora George tocó fondo y ya no hay hacia donde ir... excepto afuera, en el filo. En principio sus planes parecen extravagantes y locos. Sus vecinos de la cerrada desprecian su derruida y destartalada morada. Su hijo adolescente, (Hayden Christensen), prefiere mirar fijamente al espacio y "meterse" píldoras, que levantar un dedo para ayudarlo. Su ex-esposa (Kristin Scott Thomas), quien alguna vez compartió su hogar y sus sueños, ahora está emocionalmente distante de él. Los oficiales locales de su ciudad quieren sabotear sus planes. Parece que no queda nadie que tenga un poco de fe en él.

Pero George está determinado a construir su casa, aún cuando esto signifique restaurar su vida entera. Comienza el proyecto él sólo, pero pronto atrae a su proyecto a un dispar grupo de personas que van desde la sexy hija de su vecina de al lado, hasta los hijos del nuevo matrimonio de su ex-esposa. Lo que comenzó para George como una forma de redimir sus propios sueños frustrados, se convierte en algo mucho más grande de lo que jamás imaginó, y en algo mucho más fuerte que tan sólo un techo.

El director Irwin Winkler ha trabajado más bien como productor (las cinco Rocky, por ejemplo y para alegría de Chele), aunque realizó algunas labores en cine, como Culpable por sospecha (1991), La noche y la ciudad (1992) y La red (1995).




Curiosidades: Hayden Christensen es el actor canadiense que luego encarnaría al joven Darth Vader (Anakin Skywalker) en El Ataque de los Clones (George Lucas, 2002).


En un momento el personaje de Christensen está viendo una película por televisión: Pesadilla en lo profundo de la noche (Wes Craven, 1984).







FILMAR DESDE ADENTRO



No se puede desconocer la pequeña obra de Irwin Winkler como realizador que, alimentada de su vasta y rica experiencia como productor, ha entregado valientes alegatos en contra de las famosas listas negras hollywoodenses (Culpable por sospecha), logró despacharse con un thriller cibernético que resultó mucho mejor de lo que uno suponía en principio (La red) pero no logró un resultado redondo en la remake de La noche y la ciudad (previamente hecha por Jules Dassin), donde nada pudo hacer ante una pésima labor del talentoso guionista Richard Price, cuya historia, carente de la fuerza dramática necesaria, terminó sucumbiendo ante la atmósfera de la ciudad neyorquina (gentileza de Winkler) y el peso actoral de Robert De Niro y Jessica Lange. También realizó A primera vista (1998), una historia de amor liviana donde, sin embargo, se repiten algunos rasgos en común (especial atención sobre los dramas y constantes luchas de sus protagonistas masculinos) respecto a otros trabajos suyos.



En Construyendo la vida el director logra una de sus mejores películas, gracias también a la labor muy personal del guionista Mark Andrus, tan personal que en los créditos finales agradece especialmente a su madre, con la que por ahí pueden haber coincidencias respecto a la relación que en el film se da aunque entre padre e hijo. La labor previa de Andrus como libretista no es tan meritoria que se diga (Mejor... imposible, Divinos secretos), lo que a uno hace pensar que aquí hubo una casualidad muy grata, artísticamente hablando, por supuesto. Y esto viene, además, a que el trabajo fotográfico del húngaro Vilmos Zsigmond refuerza de manera notoria esas pequeñeces que en realidad no son tales cuando dentro de lo que puede encasillarse como un drama de golpe bajo sobresale algo que lo distingue y de manera muy abstracta. Si a eso se le suma el notable rendimiento actoral de su trío protagónico y el oficio del propio Winkler tenemos una película que gira en torno a varias situaciones complejas pero que se alimenta de distintos matices, como para dar sentido e importancia a lo existencial y afectivo.



El film no aporta nada nuevo en cuanto a lo que trata en sí sino a la forma, a veces muy sofisticada, en que lo hace. Tampoco estamos ante un guión con grandes virtudes narrativas sino ante una historia con momentos muy delicados, emotivamente hablando, y que en la pantalla son reflejados con mucha intensidad, llámese miradas, abrazos, palabras, actitudes, pensamientos, reflexiones. Y una parte notoria de todo esto radica en la labor protagónica de Kevin Kline, aquí en lo que podría ser el mejor trabajo de su carrera cinematográfica, junto a una sobria pero siempre cautivante Kristin Scott Thomas y un sorprendente Hayden Christensen, como adolescente sufrido y desconcertado, cuyo padre trata de darle lo mejor de sí mismo para poder ayudarlo.



Es evidente que los sentimientos, como el amor, son los más indicados ante situaciones (y necesidades) como las del protagonista y esa familia quebrada que lo tiene a maltraer. También son los que más cuadran al momento de filmar una obra que hace gala de una estética jugada más bien a contemplar (y complementar) estados de ánimo y momentos en los que las dudas se sobreponen a las certezas, o en donde el pasado pasa de sujeto a algo para olvidar, o más bien redimir en pos de algo mejor para todos.



Todos estos apuntes sobre "pequeñeces", que duran segundos y hasta milésimas de segundo, precisamente, hacen de Construyendo la vida algo que no se agota en ese típico drama meloso y aceptablemente narrado, definición bastante injusta y que se queda muy corta, por cierto.


Alejandro Yamgotchian



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