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EL CÍRCULO


Título original
: El círculo
País y año de producción: Uruguay, 2008
Dirección: José Pedro Charlo, Aldo Garay
Duración: 92 minutos
Calificación: No apta para menores de 9 años
Género: Documental


Reseña argumental: Dirigente tupamaro y rehén de la dictadura militar uruguaya durante trece años. Ciudadano sueco y médico reconocido internacionalmente por su investigación sobre el mal de Alzheimer. Todas esas vidas caben en la vida del doctor Henry Engler. El científico de hoy emprende un viaje hacia el pasado y hacia el mundo alucinado del prisionero y sus estrategias, para resistir lo inhumano.

El director José Pedro Charlo había dirigido A las cinco en punto (2004). Su colega Aldo Garay es conocido por labores como Bichuchi: La vida de Alfredo Evangelista (1996), La espera (2002) y Cerca de las nubes (2005).





NADA DE MÁS: LA EXPRESIVIDAD DE UN ROSTRO Y DE UNA PALABRA EN EL TIEMPO


El largometraje documental, El círculo, de los realizadores José Pedro Charlo y Aldo Garay (A las cinco en punto, Cerca de las nubes, respectivamente) sobre las vidas de Henry Engler, quien fuese dirigente tupamaro y sufriera trece años de prisión, durante los tiempos oscuros de la dictadura militar uruguaya, es un film reconocido internacionalmente, y fue estrenado en la sala del cine Libertad que reabrió sus puertas con la finalidad de privilegiar las producciones del cine nacional.


Henry Engler, luego de la apertura democrática, se exilia en Suecia, donde proseguirá sus estudios de Medicina y se dedicará como médico neurólogo a la investigación de la enfermedad cerebral, conocida como el mal de Alzheimer, en la que descollará ampliamente en su quehacer como investigador.


De todo eso trata este documental, que partiendo del presente de Henry Engler, radicado en Suecia, en Uppsala, con una entonación casi bergmaniana muestra las imágenes de una pareja detrás de una ventana, cuyo diálogo el espectador no puede escuchar, para después enterarse por el mismo Engler de que ese "amor" que discurría con él, fue el motivo que lo retuvo y retiene en Suecia.


El documental toma como punto de vista el viaje que emprende Engler a Uruguay para relatar su vida, con la serenidad y la luz de quien ha entrevisto el paraíso y el infierno en los duros días de su pasado. Los ancestros familiares del niño que dejó atrás, son alemanes y rusos. Su infancia sanducera, la colonia San Javier, el temple de su madre, son recuerdos rescatados y explanados por él y otra voz, la de su hermana Katia, en el film. Inicia sus estudios universitarios en el campo de la Medicina, pero comienza a cuestionarse el ejercicio real de la misma, y así adhiere al ideario del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro.


Actuará como líder carismático en la guerrilla urbana, hasta su caída como prisionero en un bar, que visitará en el presente fílmico junto a otro español también guerrillero. Ambos intentarán reconstruir con humor y dramatismo los hechos, en esa locación convertida hoy en una veterinaria. Prosigue con su viaje al pasado, visitando uno a uno los cuarteles del interior del país en los cuales estuviera recluido.


El film no muestra el horror, sino los lugares en los cuales padeció el horror, que son los mismos y de alguna manera otros. El largo viaje hacia la dantesca noche, no deja de ser una forma tal vez de catharsis muy personal, muy verdadera. Si bien en el film hay testimonios y encuentros con otros rehenes de la dictadura, como Rosencof, Zabalza, Mujica, Huidobro, Sendic en lontananza, Marenales, el documental se detiene más en lo que explicita el protagonista desde su interioridad. Engler caerá en el infierno de la locura como rehén, oyendo voces torturantes día y noche, provenientes de una celda inmediata inexistente, que luego se apoderan de su cerebro, de todo su ser.


El miedo de delatar, el hecho de creer que la CIA le ha realizado un implante cerebral para conocer sus pensamientos, lo contrarresta con la imagen de un "círculo" en la pared, al que va enviando cada uno de sus pensamientos, para así poder sentirse más liberado. Se niega a firmar la declaración de que padece una "psicosis delirante crónica". La figura del guardia que le permite en esa larga noche de soledad, insanía, torturas físico-psicológicas, festejar una Navidad, es un punto de inflexión muy emotivo.


El haber podido dejar atrás el siniestro pozo, adonde lo enviaban a "recrearse", y poder ponerse así en contacto con algunos libros como "El libro del Mormón", lo van llevando paradójicamente a la creencia en un mesianismo extraterrestre, que lo transformará en expresión de Sendic tal vez, en un "mormón socialista". La búsqueda de una trascendencia lo conduce a la normalidad. Las imágenes icónicas, los símbolos religiosos se van plasmando en su quehacer pictórico, y configuran el correlato de su recuperación.


Hay momentos notables en el film, cuando se encuentra en la sede del Sindicato de los cañeros de Artigas, ante una pregunta de los presentes sobre la enfermedad de Alzheimer, la explica tomando la imagen del cerebro como si éste fuera una ciudad, la cual de pronto se ve invadida por la basura y deja de funcionar. Científicamente, la acumulación excesiva en el cerebro de las proteínas "beta" y "tau" representan la manifestación física del Alzheimer y esa acumulación hace que la conexión entre las neuronas se pierda y que muchas de ellas se mueran. Engler piensa que el cerebro es el principio y fin de todo; de ahí que su entrega a la investigación neurológica la hace desde la ética; de lo contrario manifiesta la peligrosidad de un quehacer científico que no esté sustentado en elevados valores.


Las últimas imágenes del documental apuntan al desempeño de su tarea como científico. Ha dejado el mundo alucinado del prisionero que fue, para servir con su cerebro a toda la humanidad, y por qué no a Dios.


P. M.


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