
Título original: Untraceable
País y año de producción:
Estados Unidos, 2008
Dirección: Gregory
Hoblit
Guión: Robert
Fyvolent, Mark Brinker, Allison Burnett,
sobre historia de los dos primeros
Con: Diane Lane, Billy
Burke, Colin Hanks, Joseph Cross, Mary
Beth Hurt
Duración: 100
minutos
Calificación:
No determinada a la fecha de estreno (en
Canadá: No apta para menores de
16)
Género: Thriller
Sitio Web: http://www.sonypictures.com/movies/untraceable/
Reseña argumental:
Existe dentro del FBI una división
que se dedica a investigar y perseguir
a los criminales en Internet. Bienvenida
al frente de la guerra en contra del crimen
cibernético se encuentra la Agente
Especial Jennifer Marsh (Diane Lane) quien
lo ha visto todo… hasta ahora. Un
depredador muy astuto y con gran conocimiento
tecnológico está exhibiendo
gráficos asesinatos a través
de su sitio en la red y el destino de
cada uno de sus atormentados cautivos
está en manos del público:
mientras más personas visiten su
página, más rápido
mueren las víctimas. Cuando este
juego del gato y el ratón se vuelve
personal, Marsh y su equipo deben correr
contra reloj para localizar esta mente
maestra de la tecnología que es
virtualmente imposible de rastrear.
El director Gregory Hoblit había
dirigido La raíz del miedo
(1996), Poseídos
(1998; estrenada directamente en video
en Uruguay) y Desafío al
tiempo (2000), además
de capítulos para series como La
ley de Los Ángeles y Departamento
de Policía de Nueva York.
La coguionista Allison Burnett es la misma
de Otoño en Nueva York
(Joan Chen, 2000).
Curiosidades:
Uno de los aquí guionistas, Mark
Brinker, es Doctor en Medicina.
RATING POTENCIADO
Jugando al límite
del cine de torturas, Gregory Hoblit vuelve
a demostrar, dentro de las simples historias
que dirige, su buen pulso y neta efectividad,
luego de películas sobrenaturales
como Poseídos
(1998) o de corte más fantasioso
como Desafío al tiempo
(2000), que hasta ahora sigue
siendo su mejor trabajo. Y Sin
rastros (2008) no fue la excepción.
Diane Lane trata de dar con un hombre
que pone sus crímenes en Internet
y solamente los norteamericanos pueden
acceder a ese portal... Esto último
ya denota la descompostura de una sociedad
que por un lado critica lo que este misterioso
sujeto hace pero por otro, amparada en
la curiosidad, el anonimato y la fascinación
- muchas veces inconsciente - por el morbo,
observa ese tipo de materiales, con los
medios de comunicación estimulando
todo eso a más no poder y con fines
más que nada monetarios.
Como thriller funciona y como concepto
reafirma lo que a esta altura ya ha dejado
de asombrar en la propia realidad y que
en este caso se vincula a miles y miles
de personas que, como en un juego, saben
que al conectarse a ese sitio web contribuyen
para que la víctima muera más
rápidamente. Es tan directo el
film en ese aspecto que no escatima en
mostrar usuarios disconformes cuando el
espectáculo demora o directamente
no aparece on line (los subtítulos
en español no traducen todo lo
que se puede ver en la película),
algo pavoroso y que daría un lugar
a un macrotema, con los criterios de selección
de noticias en los informativos como uno
de los más escabrosos actores principales.
Obviamente hay otro extremo (cómo
piensa el asesino) que tampoco es el indicado
para curar la enfermedad de los medios
por el rating y algunas líneas
sobre crisis económicas que llevan
a la desesperación pero que, lamentablemente,
tan solo se mencionan a la pasada. En
un tono más indirecto y con mayor
sutileza, el chileno Alejandro Amenábar
en Tesis (1996) también
había tocado lo primero, a partir
de un relato enraizado con el snuff
y durante los últimos segundos
de la película. Son contados los
casos en los que el cine aborda estos
temas (a veces tan solo a modo de registro),
y la verdad que al día de hoy se
hacen cada vez más necesarios.