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SICKO


Título original
: Sicko
País y año de producción: Estados Unidos, 2007
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Duración: 123 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Documental
Sitio Web: http://www.sicko-themovie.com/







Reseña argumental
: El nuevo documental del aguerrido y polémico Michael Moore (La gran pregunta, Bowling for Columbine, Fahrenheit 9/11), lanza sus dardos contra las empresas aseguradoras, la industria farmacéutica, y plantea una crítica demoledora sistema de salud en Estados Unidos, comparándolo con la de Canadá y otros países europeos. En Estados Unidos, el país más rico del mundo, unos 45 millones de personas no disponen de cobertura médica adecuada.



MICHAEL MOORE EN EL PAIS DE OLESKER

El cine documental está despegando internacionalmente como un nuevo género comercial que ocupa no sólo circuitos alternativos de distribución sino, con éxito creciente, las pantallas de los grandes "multiplex" del mundo. En la esfera audiovisual esto marca el comienzo de una revolución. Las técnicas de registro cinematográfico progresaron tanto en tan pocas décadas, se hicieron tan increíblemente más baratas y fáciles de manejar -especialmente con el video digital-- que el efecto de estos cambios de "infraestructura" sobre la "superestructura" de distribución y consumo, como profetizaba Marx, se está dando puntualmente. Grandes públicos asisten hoy a títulos como La verdad incómoda (David Guggenheim, 2006), con Albert Gore, o a Bowling for Columbine (2002) y Farhenheit 9/11 (2004) de Moore (y muchos otros títulos menores) financiados por pequeños grupos ajenos a los grandes estudios de Hollywood y a las multinacionales que los cobijan. Se ha hecho posible "a nivel de masas" un discurso cinematográfico alternativo que es algo más que cinematográfico: es, y quiere serlo, explícitamente político, social y cultural.

No debe ser ajeno a este imprevisto auge productivo de cinéfilos independientes el "efecto demostración" de lo logrado antes en la televisión yanqui por el Discovery Channel o el History Channel, a su vez precedidos por un ya más lejano auge (hoy disminuido) de las televisiones estatales públicas. Es lógico que este despegue innovador haya partido de EE.UU., el país con una clase media más próspera y más atenta al uso innovador de chirimbolos tecnológicos. Hay actualmente un frenesí entre los jóvenes cinéfilos yanquis por descubrir y filmar, como extensos discursos cinematográficos, los temas que más preocupan a su desconcertada nación: guerra de Irak, calentamiento global, estado ruinoso de infraestructuras como puentes, vías férreas y diques, explosiones de violencia ritual de estudiantes "perdedores" acosados por otros "competitivos", histerismo derechista de predicadores radiales, corrupción rampante en las grandes corporaciones, industria armamentista y congresistas a su servicio totalmente escapados de control, sistemas de tortura reivindicados impúdicamente, timidez de los políticos progresistas tradicionales (los demócratas) para responder a estos desafíos, etc.

Combatido con toda "justicia" por la ultraderecha yanqui (a la que ha desafiado insolentemente con sus burlonas películas anteriores, justo mientras ella perfeccionaba un disimulado aparato mediático totalitario para "conducir" a la nación) Michael Moore no escarmienta. Ya está aquí de nuevo. ¿Pero porqué habría de hacerlo si los propios documentalistas jóvenes de EE.UU. empiezan a reconocer que es por él, principalmente, que está en marcha esta "revolución" (así la llaman ellos) en el género documental? Moore va mejorando su fórmula, cuyas burlas sangrientas contra distintos sectores dirigentes del capitalismo estadounidense requieren mucha investigación previa y mucha disciplina de análisis, respaldando sus osados proyectiles críticos.

Ahora, en Sicko (juego de palabras con los términos "sick" (enfermo) y "psycho" (demente), Moore se la agarra con el sistema estadounidense de atención a la salud. En todos los países desarrollados (menos en EE.UU.) la salud pública se ha transformado en una "cuestión de estado" que ha sido sustraída al poder desnudo del mercado y se acerca a un status como el que tiene desde hace un par de siglos la administración de justicia: el de un servicio esencial provisto igualitariamente para todas las personas, con independencia del poder económico de éstas.

Con pequeñas diferencias entre un país desarrollado y otro, es semejante en Inglaterra, Francia, Italia, Suecia, Canadá, etc. Es el primer sector de actividad importante de la sociedad desarrollada contemporánea que ha sido -en sentido literal--socializado. En EE.UU., en cambio, los servicios de atención de la salud son un sistema de altas ganancias comerciales, prestado solamente a los que pueden pagarlo. (El New York Times en su edición del día 12 de noviembre, informaba de algo que podía haber estado en esta película: en materia de mortalidad infantil EE.UU. figura en las estadísticas por debajo de todos los países desarrollados, entre Slovenia y no recuerdo qué otra nación balcánica). Pero para la derecha hoy hegemónica, pretender en EE.UU. un seguro nacional de salud o algo parecido sólo puede ser propio de comunistas agazapados, prontos a atacar el "sistema" de libertades del país.

Lo que sostiene a nivel popular esta noción es el desconocimiento de los servicios de atención a la salud en los demás países desarrollados. Y eso es lo que Moore se propone liquidar con este discurso cinematográfico demoledor, armado en base a registros documentales, y expuesto con tanta elocuencia, humor y fuerza crítica que ha transformado el asunto de la salud (incluso por encima del de Irak) en el primer tema de la actual campaña electoral en EE.UU.

Cinematográficamente -que es lo que esta crítica quiere analizar, en esencia-los films de Moore resultan cada vez mejores. Él sabe que está metido en un juego peligroso. Sus sarcasmos, en cuanto quedaran basados en un error, serían usados por sus enemigos para aplastarlo, desde casi todo el sistema de comunicaciones del país, controlado hoy por la derecha. Inversamente, una morosidad detallista que lo volviera pesado le quitaría el apoyo del público. En su pequeña revolución narrativa, en su redefinición del documental como un nuevo género audiovisual de masas, Moore debe avanzar por la cuerda floja. Y con Sicko (2007) lo consigue muy bien.

El montaje es un aspecto narrativo especialmente cuidado: en el comienzo hay escenas fuertes (gente que pierde un dedo, etc.) que se cuida de que sean tan breves, en su exposición como datos, como para que no produzcan rechazo. Fuertes elipsis llevan desde la perspectiva ingenua que la buena gente se hace de los seguros de salud a los que se ha afiliado, hasta el descubrimiento amargo de que -letra chica del contrato mediante-no cubren tanto como aparentaban.

Una madre de 23 años, por ejemplo, descubre que su seguro de salud no tenía previsto pagarle asistencia por cáncer a tan temprana edad. Ella tampoco gana lo suficiente como para atenderse. Debe emigrar a Canadá y declararse concubina de un amigo canadiense para que la asistencia médica la alcance ("creía que esto no podía suceder en EE.UU."). El film es un conjunto de anécdotas con nombre propio acerca de este tipo de historias, por un lado, y de la situación ligeramente increíble de la que disfrutan los habitantes de otros países desarrollados, distintos de EE.UU. Un famoso parlamentario inglés retirado, Tony Benn, le aclara a Moore: "Esto no es caridad. Lo paga el pueblo con sus impuestos". Y agrega que no se empezó a aplicar, en Inglaterra, en medio de la abundancia, sino en la devastada nación de posguerra, en los años cuarenta, entre el racionamiento y la miseria compartida de la mayoría de la población.

Esto vuelve discutible el argumento de que en Uruguay la reforma de la salud no puede avanzar demasiado (y además, debe ser pagada en lo esencial por la clase media) porque el país no es lo suficientemente rico como para ello. Desde hace décadas hay sectores crecientes de la medicina uruguaya, fuertemente comercializados. Sería bueno que se supiera como va a reformarse todo este complejo panorama, cosa que todavía no ha aparecido lo suficientemente clara, por lo menos para la opinión pública.

Raúl Gadea


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