
Título original: El baño
del Papa
País y año de producción:
Brasil / Francia / Uruguay, 2007
Dirección: Enrique
Fernández, César Charlone
Guión: EF, CC
Con: César Troncoso,
Virginia Méndez, Virginia Ruiz,
Mario Silva, Nelson Lence
Duración: 100
minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Drama
Sitio Web: http://www.eneccine.com/elbanodelpapa/
Reseña argumental: Es
el año 1988 y el Papa Juan Pablo
II visitará Melo. Se calcula que
50.000 personas asistirán a verlo.
Los pobladores más humildes creen
que vendiéndole comida y bebida
a esa multitud se harán casi ricos.
Beto, un contrabandista en bicicleta,
decide en cambio construir un excusado
en el frente de su casa y alquilar el
servicio. Para lograrlo deberá
atravesar una serie de dificultades tragicómicas.
El co-director César Charlone había
estado nominado al Oscar a Mejor Fotografía
por su labor en Ciudad de Dios
(Fernando Meirelles, Katia Lund, 2002).
LA ESPERANZA EN UN MUNDO DE TRABAJO
El pueblo arachán se mantiene
expectante ante lo que va a ser la visita
de Juan Pablo II, prevista para el 8 de
mayo de 1988, y prepara varios negocios
callejeros de comida y bebida para lo
que se calcula serán unas 50.000
personas que se harán presentes.
Al protagonista (César Troncoso)
no se le ocurre mejor idea que hacer el
baño del título, con el
fin de alquilarlo y obtener mucho dinero,
y para eso intensifica sus viajes como
contrabandista, tratando de comprar materiales
y enfrentando a la vez situaciones tragicómicas
que no solo inciden en su bolsillo sino
también a nivel afectivo dentro
de su familia.
Esta historia escrita y dirigida por los
uruguayos Enrique Fernández (guionista
de la interesantísima Otario
de Diego Arsuaga) y César Charlone
(nominado al Oscar por la fotografía
en Ciudad de Dios) se
inspira en hechos reales; la concurrencia
no llegó siquiera a 10.000 personas,
por lo que los sueños de unos cuantos
se hicieron pedazos; todo fue un fracaso.
El baño del Papa
(2007) es una de esas historias mínimas
efectiva y muy representativa; un relato
cuyo contexto es el de un pueblo obrero,
sacrificado e ilusionado, aquí
compuesto por actores y gente del lugar;
una anécdota agridulce, sin ningún
tipo de ambición, y que se centra
en un luchador y su familia, en el contacto
con su barra de amigos, vecinos, y por
supuesto esa mala gente que siempre anda
en la vuelta.
Quizás algunos reveses en el destino
del protagonista de esta película
podrían achacársele, sí,
a la religión (en un momento se
niega a entrar a una iglesia, luego le
tira un botellazo al televisor que mostraba
la imagen del Papa) pero en la condición
social también inciden los gobiernos
de turno y fundamentalmente un sistema
económico cada vez más despiadado
que puede llevar a una mujer de Maldonado
a poner su riñón a la venta
(como señalan los noticieros, mientras
se escribe esta nota) por falta de trabajo
y de oportunidades justas y equitativas
para todos.
Y ese factor social, precisamente, se
luce en esos retratos pueblerinos que
el codirector Enrique Fernández
imprime en pantalla, mientras la fotografía
del experimentado César Charlone
se encarga de captar manos ásperas
y rostros curtidos, intercalando notables
paisajes naturales sin fines turísticos
ni preocupándose tanto por llenar
el ojo, sino por componer esos pequeños
e inspirados cuadros por donde transitan
los personajes.
Es inevitable recordar, claro, dos recientes
y valiosos trabajos nacionales situados
en el interior del país, como Cerca
de las nubes (2005) de ese excelente
hacedor de documentales que es Aldo Garay,
y Crónica de un sueño
(2005) de Mariana Viñoles y Stéfano
Tononi. Mientras en el primero todo seguía
igual (no pasaba nada), en el segundo,
que se situaba también en el interior,
y más precisamente en Cerro Largo,
se palpitaba un cambio político
dentro de lo que venían siendo
los gobiernos uruguayos.
Esa mezcla de tristeza y desilusión
con esperanza se traduce también
aquí, en una visita del Papa que
se sabe va a ser algo esporádico
pero a la vez puede ser la salvación
para muchos. Y esa oportunidad de recuperación
se extiende a otra historia paralela que
es la de la familia, donde una mujer respalda
con sobresaltos el riesgoso accionar de
su esposo, mientras su hija trata de estudiar
locución, tratando de escapar a
ese destino que la tiene marcada para
trabajar en corte y confección.
Todo está bastante bien llevado
en la película, con oportunas dosis
de humor, buen acompañamiento musical,
algunas situaciones pintorescas, y un
drama que siempre corre de fondo, por
lo que pueda venir y por todo lo que siempre
se ha vivido, con caras que denotan interiores,
y ese volver a empezar por encima de todos
los pronósticos que hayan jugado
en contra.
En esto tiene mucho que ver el rendimiento
actoral, tanto de los no profesionales
como de aquellos que sí lo son
y que incluso han acumulado experiencia
tanto en tablas como en televisión.
La actuación de César Troncoso
es digna de elogio, realmente, y uno acá
se va a tomar el atrevimiento de recordar
a Nelson Lence (que hace de aduanero corrupto),
ese actor al que veíamos en un
comiquísimo papel en Decalegrón
como cliente del videoclub, en busca de
recomendaciones de películas condicionadas
y ante la mirada atónita de ese
gran capo del humor rioplatense que fue
Ricardo Espalter.