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EL BUEN PASTOR


Título original
: The Good Shepherd
País y año de producción: Estados Unidos, 2006
Dirección: Robert De Niro
Guión: Eric Roth
Con: Matt Damon, Angelina Jolie, William Hurt, John Turturro, Robert De Niro
Duración: 167 minutos
Calificación: No determinada a la fecha de estreno (en Argentina: No apta para menores de 13)
Género: Drama / Thriller
Sitio Web: http://www.thegoodshepherdmovie.com/





Reseña argumental
: El film relata la vida de James Wilson, un graduado de la Universidad de Yale que se convierte en uno de los fundadores de la CIA. El personaje se supone que está basado en el legendario, astuto pero paranoico, jefe de inteligencia James Jesús Angleton. La historia cuenta los cuarenta años de carrera de este personaje a través de la Guerra Fría y detalla los problemas emocionales que sufrió él y su familia.

Robert De Niro había debutado en la dirección con Una luz en el infierno (1993) y estuvo no acreditado en el último film en que apareció Marlon Brando, Cuenta final (Frank Oz, 2001). El guionista Eric Roth, por su parte, había estado en los libretos de Sospechoso (Peter Yates, 1987), El informante (Michael Mann, 1999) y Munich (Steven Spielberg, 2005).




UN SUBMUNDO TENEBROSO

Robert De Niro había dejado ya una década atrás su única experiencia con la dirección cinematográfica (en Una luz en el infierno de 1993). Pero este proyecto de retrato de la CIA y del mundo del espionaje moderno a través de la biografía de uno de los primeros agentes de la empresa en EE.UU., lo entusiasmó hasta tal punto que terminó produciéndolo, dirigiéndolo y representando un papel secundario como actor en el film. Ha obtenido al fin un éxito considerable de este esfuerzo múltiple.

En realidad, sólo el prolongado período histórico de desarrollo industrial hacia adentro de EE.UU. - entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX - lo había librado de la necesidad de montar un gran aparato de espionaje global, como el que debió implementar apuradamente tras la Segunda Guerra Mundial. Pues se trataba ya, a esa altura, de la primera potencia militar, económica y política del planeta. El buen pastor muestra la ingenuidad y pronto también la hipocresía puritana de la que partió aquel proyecto estratégico.

Jóvenes graduados de las grandes universidades, organizados como grupos de poder en sociedades secretas vagamente masónicas, son los primeros elegidos por el sistema para integrarse en el terreno para ellos virgen del gran espionaje. Para el protagonista (Matt Damon) la tarea se vuelve pronto absorbente, previsiblemente despiadada, familiarmente desintegrante y moralmente cada vez más confusa. Pero es una misión que absorbe su vida y de la que no puede desertar. Esa es la sustancia anecdótica del film.

El cineasta De Niro se rodeó de un equipo de técnicos de primera calidad, que resultan en buena parte responsables de la singular elocuencia del drama, que mantiene fácilmente absorbido a su espectador durante cerca de tres horas. La fotografía, abundante en perfiles a contraluz y donde los colores entran y salen de cierta oscuridad predominante que define la atmósfera del film, es de una sugestión desacostumbrada incluso entre los más virtuosos productos actuales de Hollywood. Pero De Niro no sólo es actor sino director de actores de primer nivel. Sus cámaras se acercan y alejan a los rostros de los personajes en una danza discreta, tensa y nunca fácil. El elenco le responde con concentrada solvencia, bien como el grupo de amigos suyos que en su mayoría son.


No se trata, sin embargo, de una gran película. La historia tocaba temas profundos de los que la obra se aparta atraída por lo meramente sentimental, como la suerte del hijo del protagonista o de la sufriente esposa que hace Angelina Jolie.

El verdadero drama de la CIA se jugaba en que, desde su nacimiento, no conocía bien sus límites ni sabía con precisión a quienes estaba institucionalmente sometida. A diferencia de los espionajes imperiales de los ingleses o franceses, que nunca soñaron con sustituir al poder político al que servían y básicamente reunían para ellos información, aparte de ejecutar a veces tareas limitadas, la CIA ya nace afectada por complejos utópicos y salvacionistas, además de cobijar pillos y ladrones como cualquier organización de su tipo, y de quedar expuesta además, sin defensas adecuadas, al poder supercorruptor de las multinacionales yanquis.

Esa mezcla contradictoria de ingenuidad y cinismo, que explica tanto los libros de agentes secretos arrepentidos como los fiascos más o menos famosos (desde Bahía de Cochinos a las inexistentes "armas de destrucción masiva" de Sadam Hussein en Irak) era el espacio sensible que la película debía investigar.

Se acerca a él aquí y allá, pero no lo ubica como debía en el núcleo del desenlace de la obra. Pues ésa es todavía la lección que la CIA está necesitando: sólo reúnan información confiable y luego sáquensela de encima pasándosela al nivel político (desgraciadamente, no siempre de fiar) que la imperfecta democracia estadounidense sitúa, cada cuatro años, en la cúspide del poder mundial.


Raúl Gadea


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