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CARS


Título original
: Cars
País y año de producción: Estados Unidos, 2006
Dirección: John Lasseter, John Ranft
Guión: JL, Don Lake, Phil Lorin, Kiel Murray, Dan Fogelman, Robert L. Baird, Dan Gerson, Bonnie Hunt, sobre historia de JL, DL, JR y Jorgen Klubien
Duración: 116 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Animación / Comedia / Infantil
Sitio Web: http://www.disney.go.com/disneypictures/cars



Reseña argumental: Lightning McQueen (voz de Owen Wilson), un novato automóvil de carrera llamado a tener éxito, descubre que la vida se trata de viajar y no de llegar a la línea final, cuando inesperadamente se desvía en la soñolienta ciudad de Radiator Springs en la Ruta 66. Atravesando el país hacia el Gran Campeonato Piston Cup en California para competir contra dos avezados profesionales, McQueen conoce a los excéntricos personajes de la ciudad: Sally (un llamativo Porsche 2002 con la voz de Bonnie Hunt), Doc Hudson (un Hudson Hornet 1951 con un pasado misterioso, con la voz de Paul Newman) y Mater (un oxidado pero confiable camión remolque grúa con la voz de Larry The Cable Guy). Ellos lo ayudan a darse cuenta de que hay cosas más importantes que los trofeos, la fama y los auspiciantes.

El aquí codirector John Lasseter había dirigido las dos partes de Toy Story y Bichos: Una aventura en miniatura (1998). Entre los guionistas figuran Bonnie Hunt y Don Lake (Dos vidas contigo); también Dan Gerson y Robert L. Baird (Monsters, Inc., Chicken Little).

Curiosidades: El otro corealizador, John Ranft, se mató hace unos meses en un accidente automovilístico en California, con tan solo 45 años. Había sido productor ejecutivo de El cadáver de la novia (Tim Burton, 2005) y estuvo trabajando en varios libretos para famosas producciones Disney (La Bella y la Bestia, El Rey León y Fantasía 2000).



PIXAR YA NO ES LA MISMA


El poder del vil metal, el atrevimiento de quienes lo tienen y piensan que pueden meterse en cosas que en realidad no les compete, el entusiasmo de aquellos beneficiarios a los que en algunos casos no les queda otra que resignar un margen de terreno artístico, o que en otros ya no le dan importancia a cosas que en realidad son fundamentales, como el guión de una obra...


Desilusión sería la primera palabra que a uno le viene a la mente, pero no tanto respecto a esta flamante animación de John Lasseter, Cars (2006), sino a lo que pudo haber pasado en una película donde figuran seis libretistas más un par que contribuyó a la idea de esta historia; algo un poco exagerado.

Se hablaba de que PIXAR iba a tomar su propio camino (no olvidar que George Lucas fue uno de los impulsores materiales de la productora en sus inicios), luego de algunas diferencias con Disney, que hasta hace poco tan solo se limitaba a distribuir sus películas. Al final la poderosa compañía del ratón terminó comprándola en cifras millonarias.

La Disney, en los últimos años, ha demostrado un bajísimo nivel en producciones animadas, mucho más preocupadas por concebir un buen producto de marketing que por hacer una buena película en sí. Hubo excepciones, por supuesto, pero fueron muy escasas y se inscribieron dentro de lo que se podría llamar el final de un nuevo gran período, que se había iniciado con La sirenita en 1989.

De entre lo más rescatable que hubo últimamente se destaca el deslumbrante homenaje al viejo clásico de Walt Disney en Fantasía 2000 (1999), que reunió al que probablemente fuera el mejor equipo de animadores con el que en ese momento se podía contar dentro del estudio. Ese mismo año Disney produjo otra notable animación: Tarzán. Y si se habrán notado los resultados ahí que en los créditos finales los directores Kevin Lima y Chris Buck agradecieron a todo el staff de la compañía "por su incansable esfuerzo dedicado al arte de la animación".

Las locuras del emperador (2000), de Mark Dindal, volvió a demostrar que Disney no solo seguía por el buen camino sino que también pretendía mejorarlo (sin olvidarse del público adulto). Pero la taquilla no reflejaba lo mismo, y de ahí en más, entre trabajos aceptables y otros bastante tediosos, la cosa entró a venir en picada, artísticamente hablando, mientras otras compañías competidoras (DreamWorks y Fox a la cabeza) empezaron a abocarse casi de lleno a la animación digital y con buenos y superiores resultados, en muchos aspectos.

No por casualidad el propio Dindal decidió abandonar hace poco la Disney, luego de hacer el primer largometraje enteramente digital de la compañía, la anodina Chicken Little (2005), alegando que prefería trabajar solo y sin interferencias. El propio M. Night Shyamalan (el de Sexto sentido, El protegido y La aldea) dio un paso al costado de Buena Vista (subsidiaria de Disney) por diferencias creativas, al momento de concebir La dama en el agua (2006), que al final pasará a ser distribuida por Warner.

Con estos antecedentes, que no son sinónimo de prejuicio sino de absolutas realidades, uno temía por lo que podía pasar con esta Cars. El resultado es aceptable pero pudo haber sido mucho mejor, en comparación a otros estupendos trabajos PIXAR como las dos Toy Story y la reciente Los Increíbles (2004) de Brad Bird.

Nadie va a poner en duda la capacidad de John Lasseter (que fue compañero de estudios de Tim Burton), por más que Bichos: Una aventura en miniatura (codirigida junto a Andrew Stanton en 1998) haya sido quizá su película más floja, pero Cars no parece reflejar todo el potencial que él es capaz de dar. Está bien que su pasión por los autos sea excusa perfecta para un nuevo largo, pero como que la película queda a medio camino. De a poco va levantando su interés pero no alcanza con el resultado que al final se dio. Visualmente es algo impresionante (paisajes, estadios, el pueblito y los propios objetos) y si bien está hecha con lo mejor de lo mejor y con lo último de lo último en materia tecnológica, queda en deuda con la propia historia, con la fluidez y los condimentos que le hacen falta, y que en otros antecedentes sí estuvieron presentes.

La fascinación de ese adulto por el mundo infantil, el humor fino e inteligente que antes imperaba aquí brilla por su ausencia, pareciéndose más a un típico producto de fórmula cuyos personajes se vuelcan más a complacer estrategias de marketing que a mantener el interés de una historia que por momentos se hace hasta aburrida. Lo que antes eran factores dramáticos de peso, como el simple amor por los juguetes, pues aquí no aparece.

Por supuesto que no falta cierta creatividad, ingenio, y conceptos como la amistad y el compañerismo imponiéndose ante tanto glamour, éxito y todo lo que compone ese mundo execrable. Tampoco se salva la prensa (norteamericana) y los parásitos que siempre están a la pesca de lo último en materia de ganadores (en todo sentido) y que son capaces de subestimar o incluso ignorar a un viejo campeón de carreras ya olvidado, salvo por aquellos periodistas especializados en la materia.

Ya está anunciada la tercera parte de Toy Story, y ojalá que para esa ocasión los especialistas en números no se entrometan y dejen trabajar tranquilos a los que realmente saben.


Alejandro Yamgotchian


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