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CAMINO A CASA


Título original
: Jibeuro
País y año de producción: Corea del Sur, 2002
Dirección: Jeong-hyang Lee
Guión: Jeong-hyang Lee
Con: Eul-bon Kim, Seung-ho Yu, Hyo-hee Dong
Duración: 89 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Drama
Sitio Web: http://www.paramountclassics.com/wayhome/



Reseña argumental: Lo que cuenta el film es la odisea de un niño de siete años nacido en Seúl, la capital de Corea del Sur, que es enviado por su madre a vivir con la abuela en un remoto distrito rural y montañoso. Con su Game Boy y otros queridos juguetes, el chico se ve confrontado por primera vez en su vida con formas de existencia arcaicas a las que no termina de adaptarse. Para la abuela, sordomuda y aferrada a ciertos valores tradicionales, tampoco es fácil establecer contacto con el chico, comprender sus comportamientos y sus inquietudes, y tratar de corregirlo.





OTRAS MANERAS DE SENTIR


Muchas, demasiadas veces suelen llegar materiales off-Hollywood bastante sobrevalorados por la carga dramática que contienen, en especial demasiada cosa europea y de habla hispana, sumamente inflada en festivales hechos por y para críticos, donde los propios títulos de las obras son más sugestivos de lo que al final se muestra, donde las propias declaraciones de los artistas y la publicidad que se les hace los convierte en algo que no son ni por asomo (y lo peor es que mucha gente cae), y donde lisa y llanamente, antes de verse la película (y de leer comentarios en revistas de "relevantes" críticos) ya se la está esperando para tirarle todos los elogios habidos y por haber.


Decir que el cine asiático es el mejor cine del mundo puede ser algo apresurado y, obviamente, polémico, pero, al menos, para quien esto escribe lo es. Y también es el que menos se conoce por estas latitudes. Un ejemplo de esto es el coreano, lugar de procedencia de Camino a casa, y ni qué hablar su directora y guionista Jeong-hyang Lee. La novedad, por supuesto, no viene por el lado de insertarse o descubrir novedosos aspectos culturales de Oriente sino los recursos que se emplean para transmitir hechos de lo más natural y sencillo, el poder de síntesis en el relato, e incluso la destreza con la que se destila tanta cosa, ya sea en un solo plano o bien en una simple toma.


La relación entre la abuela (actriz no profesional, de magnífica actuación) pudo haber terminado muy mal, ya que un niño como el de la película se convertiría en algo bastante insoportable para una anciana sordomuda. Pero la paciencia es uno de los puentes principales que luego desencadena en el film un montón de cosas maravillosas, maravillosas por la fuerza de los intérpretes y por la sensibilidad de la propia artista que los dirije, que busca la espontaneidad y la más absoluta sinceridad al momento de manejar sus personajes.


Si bien el niño es el que más llama la atención con sus primeras reacciones es el sacrificio constante e incondicional de su abuela por cuidarlo y atenderlo lo mejor posible lo que despierta en él un cambio. Las inesperadas situaciones que vive el pequeño están totalmente ajenas a su mundo material y comodidades varias, y le muestran también cuál es el camino a seguir y cuáles son las pasos a corregir. El modo en que se presentan los contrastes, a veces muy crudos pero realistas al fin, también contribuye a intensificar los emotivos, legítimos desenlaces que se dan cerca del final.


El drama también se nutre de situaciones muy graciosas, de valores que se codean con el respeto, la bondad y la generosidad, que bien les vendría a unas cuantas personas adultas de hoy en día, de un humor sanísimo y por qué no de una zona rural que de la grisura pasa a transformarse en un lugar encantador. Y ese homenaje declarado de la directora, en los créditos finales, a todas las abuelas del mundo escapa a señales de pobreza y estados de salud, o mejor dicho, los hace olvidar cada vez más para dar paso a una historia removedora y que hasta el momento ha sido lo mejor que ha llegado en lo poco que va de 2004 a circuito comercial capitalino.


Alejandro Yamgotchian


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