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Libro y película de El código
Da Vinci han resultado un éxito
económico rotundo; ese parece ser
el claro objetivo de estos, más que
nunca bien denominados, productos. ¿Cuál
es la receta para llamar la atención?
Hacer afirmaciones escandalosas e involucrar
a las obras y a los personajes más
conocidos por todos para llegar al mayor
número posible de personas. Por eso,
desfilan nombres como el de Leonardo Da
Vinci, Isaac Newton, Walt Disney; películas
como La sirenita (John
Musker, Ron Clements, 1989); obras de arte
famosas como las más conocidas de
Leonardo: La Mona Lisa,
La última cena,
La virgen de las rocas;
la ópera de Wagner; cuentos tradicionales;
lugares del mundo, sobre todo de Francia,
de los que la mayoría escuchó
hablar, aunque no haya viajado: El Louvre,
la avenida de los Campos Elíseos;
signos del zodíaco, las cartas del
tarot. Todo el libro y en cierto modo la
película, aunque un poco menos, porque
está abocada más al thriller,
es un collage de personajes y elementos
atractivos que despiertan la curiosidad.
La obra es una especie de juego, un largo
acertijo de casi seiscientas páginas.
Un best seller que puede ser el canal para
hacer millonario a su autor. Ejemplos como
los de J. K. Rowling son muy atractivos
como para no seguirlos. Ello de alguna manera
estaría justificado, porque según
se ha dicho y lo repite Dan Brown, La
Biblia es el mayor best seller
de la historia.
El escándalo
buscado lo consigue afirmando que el Cristianismo
es un invento de un empresario (el emperador
romano Constantino, el grande). Además,
durante todo el libro se denuncia al Opus
Dei y a la Iglesia Católica, y al
final parece que no son tan culpables de
los diversos crímenes que se cometieron,
sino que fueron obra de algunos descarriados,
como si no se atreviera a mantener lo que
ha venido sosteniendo. Pero cuando se llega
a las páginas finales ya no se puede
borrar la impresión que deja el resto
del libro, de que son los malos "de
la película". Todo queda un
poco en la nebulosa hacia el final y el
lector, así como el espectador, se
queda con una sensación extraña.
El libro
tiene un atractivo y es el del juego del
acertijo, de la simbología, de descubrir
los mensajes ocultos. Sean cuales sean,
al hombre le gusta investigar, descubrir
cosas nuevas. Se descifran criptex, códigos
numéricos, juegos de palabras, textos
escritos al revés, se hace una especie
de búsqueda del tesoro. Lo más
tentador es el dejarse llevar por el tejido
de relaciones que se establecen; al parecer
todo está conectado: el arte, la
literatura, la arquitectura, el cine, los
libros infantiles. Y uno piensa que así
todo cobra sentido. Walt Disney se habría
dedicado a transmitir la historia del Santo
Grial a través de sus versiones de
cuentos como La Cenicienta,
La Bella Durmiente o Blancanieves,
donde se trata el tema de la encarcelación
de la divinidad femenina. Cada vez que hemos
pensado al mundo como una red de conexiones,
nos hemos sentido menos solos. Lo que sucede
acá es que para crear esa red, se
hacen afirmaciones difíciles de comprobar
o erróneas y se atenta contra una
religión, el Cristianismo, aunque
se nombre al pasar a otras, dando a entender
que en todas hay secretos.
Otro elemento
que resulta atractivo, al menos para el
público femenino, es que con esta
historia se pretende defender la figura
de la mujer y explicar su lugar desventajoso
en la sociedad. Para ello se eleva a un
sitial de privilegio a María Magdalena,
pero se desplaza casi totalmente la figura
de la Virgen María. Se la menciona
más que nada al comienzo para dar
una nueva interpretación de la pintura
de Leonardo Da Vinci, La virgen
de las rocas, y luego se la omite,
prácticamente.
Magdalena habría sido esposa de Jesús
y dejarían descendencia. El sexo
es fundamental aquí y está
prácticamente divinizado. El orgasmo
es como una religión; a través
de él se puede llegar a Dios. Es
una idea "interesante" que elimina
las culpas y justifica las orgías.
"Desde los días de Isis (la
diosa egipcia de lo erótico), los
ritos sexuales se consideraban los únicos
puentes que tenía el hombre para
dejar la tierra y alcanzar el cielo",
se afirma en el libro.
La obra
parece trazar una línea desde el
Antiguo Testamento hasta nuestros días,
descartando el Nuevo Testamento y encontrando
en la Estrella de David, la auténtica
unión entre lo femenino y lo masculino.
Debido a la forma de la estrella constituida
por dos triángulos, encuentra la
representación de los géneros.
Se trataría del "falo esquemático"
y "el cáliz". Toda esta
interpretación sexual, lleva a pensar
si Freud no podría haber escrito
una nueva Biblia.
La tentación
de investigar qué datos históricos
son reales y cuáles son de invención
necesaria para que cuadren en la obra pierde
un poco el sentido, al comprobar que el
verdadero propósito es escribir algo
que resulte escandaloso para que venda.
De modo que es difícil tomarlo con
total seriedad.
En la película
se hace recién al final de los créditos,
luego que todo el mundo se ha ido de la
sala, la clásica advertencia de que
todo es ficción y las similitudes
con los hechos reales son pura coincidencia.
En el libro, el autor declara que ha investigado
y cita un grupito de hechos que serían
verdaderos. Sin embargo en ambas obras,
y más en el libro, todo el desarrollo
apunta a presentar cada afirmación
como una verdad desentrañada del
corazón de los símbolos, a
raíz de haber logrado la interpretación
correcta.
Lo más
censurable es que se escriba con apariencia
de estudio de investigación una colección
de ganchos para atraer lectores y millones
de dólares. Que se reúna un
sinnúmero de disparates y se suelten
en forma masiva al mundo. Se puede decir
que es válida la intención
del autor de entretener y que además
lo logra, pero el contenido está
planteado con ambigüedad. Todo aparece
como real, pero es tan exagerado y los símbolos
están en lugares tan convenientemente
a la vista de todos, que le quita seriedad
y se convierte en una especie de engaño
colectivo. Más allá de cierta
consecuencia atendible de sembrar la idea
de una necesidad de reflexión sobre
el modo en que operan las religiones y sobre
las creencias de la humanidad. Pero ésta,
al parecer, con excepción de algunos
iluminados, es una ignorante y se ha tragado
todos los anzuelos. Quizás no esté
tan errado, porque millones de personas
hemos leído su libro o visto la película,
a pesar de que se nos había adelantado
cómo venía el asunto, pero
la curiosidad pudo más. |