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El cadáver
de la novia
Montevideo se viste de otoño y va
transformándose en la metáfora
de algo, depende de quien la mire. El otoño,
además de una estación del
año, se puede entender como el período
de la vida humana en que ésta declina
de la plenitud hacia la vejez. Tiene su
relación con la muerte, puesto que
anuncia el invierno y tiene algo de magia
con sus hojas de colores ocres que acolchonan
las calles. Por acá ya empezamos
a esconder la cabeza en los abrigos, anticipando
el gris del invierno, sin embargo hay tradiciones
de otras culturas que festejan el otoño.
Los mejicanos celebran en dicha estación
"El día de los muertos"
con papel picado, comidas típicas,
golosinas con forma de calavera, canciones
donde el novio busca a su amada en la sepultura.
El festejo de la muerte es muy colorido
y alegre.
Esta tradición
habría inspirado a Tim Burton para
presentar el mundo de ultratumba en El
cadáver de la novia (2005),
donde tanto los personajes como el ambiente
son festivos y contrastan con los del mundo
de los vivos, donde todo es gris y lúgubre.
En esta película, Víctor,
joven comprometido en casamiento por arreglo
con una mujer de la que, no obstante, se
enamora, termina encontrándose con
la tumba de una novia asesinada tiempo atrás.
Había salido a caminar y estaba ensayando
sus votos nupciales, cuando al colocar el
anillo en lo que él suponía
era una rama, termina pidiéndole
matrimonio a la muerta, puesto que se trataba
del dedo de Emily, que así se llama,
quien se lo lleva con ella al reino de los
muertos y le pide que cumpla la supuesta
promesa.
Este esquema
donde el amor aparece en el inframundo,
ya sea que los enamorados estén los
dos muertos o sólo uno de ellos,
se repite largamente en las distintas tradiciones
mitológicas y en la literatura en
general. Basta con pensar en ejemplos como
los de Orfeo y Eurídice, o Dante
y Beatriz. Existe, además, en la
mitología griega, un caso como el
de Hades y Perséfone. El dios de
las mansiones infernales se enamora de la
joven Perséfone, la rapta y la lleva
con él al reino de los muertos. Démeter,
la madre de la muchacha, siente una pena
tan grande que produce la esterilidad y
el agotamiento de los campos. Ante la intervención
de Zeus, Hades acepta dejar que Perséfone
durante una época al año,
regrese a la tierra junto a su madre, devolviendo
así, por ese período, la vida
a la naturaleza. La primavera era un reflejo
de la alegría de Démeter al
ver nuevamente a su hija.
El hombre
pone en movimiento la imaginación
ante un objeto que aparece como maravilloso
o intrigante. De ahí nace el mito,
pero también la creación artística.
Ya se trate de un escritor, un pintor,...
o un director de cine, la muerte y el amor
le generan muchas interrogantes y en esos
espacios vacíos es donde se erige
la obra de arte. Además, el artista
que tiene en sus manos la creación
de un pequeño mundo se ve tentado
a romper los límites, sean del tiempo,
del espacio o de la muerte, para encontrar
en otras dimensiones lo que en el mundo
natural no puede.
Tal es el
caso de Horacio Quiroga que presenta, en
una parte importante de su obra, al hombre
debatiéndose denodadamente para salvar
su vida ("A la deriva", entre
muchos otros); pero en otra, quizá
no tan conocida, la muerte es una posibilidad
para alcanzar lo que la vida no da ("Más
allá", por ejemplo). Es esta
última parte la que le debe mucho
al cine ("Miss Dorothy Phillips, mi
esposa" centra su historia en torno
a un guión de cine), de quien el
escritor era aficionado, o el cine le debe
mucho a Quiroga, porque se han realizado
películas inspiradas en cuentos del
autor uruguayo. No sólo se puede
mencionar la fiel o libre representación
de algunos de sus cuentos ("El hijo",
"El almohadón de plumas",
"La gallina degollada"), sino
también, filmes que repiten sus recursos,
por simple coincidencia o por inspiración
en ellos. La rosa púrpura
del Cairo (Woody Allen,1985), una
de las películas más aclamadas
del director neoyorquino, muestra cómo
en una función de cine uno de los
personajes se sale de la pantalla para tener
un romance con una espectadora, algo muy
similar a lo que sucede en el cuento "El
espectro" de Quiroga. En la mayoría
de estos cuentos relacionados con el cine,
donde campea el elemento fantástico,
lo que se busca y se logra a veces, trastocando
los límites del tiempo, del espacio
o de la muerte, es el amor. Curiosamente,
y volviendo otra vez a Woody Allen, en su
más reciente película Match
Point (2005) se da un caso sobrenatural;
dos personajes femeninos vuelven del más
allá para recriminar por lo que les
había sucedido.
"El síncope blanco" es
otro cuento de Quiroga y en él, hay
una "Novia-Muerta". Así,
exactamente, la nombra el narrador. Un hombre,
en una tarde de otoño, ha entrado
en síncope por inspirar cloroformo
en una operación que le practicaban
y haber perdido el sentido. En ese estado,
muy cercano a la muerte, se enamora de una
mujer que "ve" en una sala sentada
en un banco al lado de él. Ella,
como él, está esperando para
entrar en el lugar que le corresponda según
la clasifique el encargado. Él no
entiende mucho lo que ocurre y le pregunta
al guardián, que le explica que existen
dos "edificios" a los que van
los que en una operación con cloroformo
han caído en síncope. Uno
es el del "síncope blanco",
allí van los que mueren en la operación,
y otro es el del "síncope azul",
donde van los que tienen la posibilidad
de recuperarse, aunque el hilo que les une
con la vida es mínimo. Cuando el
protagonista recupera la conciencia se da
cuenta que la muchacha de la que se enamoró
había caído en síncope
blanco y la había perdido; se lamenta
por ello. La muerte le había posibilitado
sentir el amor, pero ahora que estaba vivo
ella había desaparecido y piensa
en la manera de volver a ese estado para
poder recuperarla; cierra los ojos pero
no logrará volver a verla. El escritor
ensaya una explicación científica
para ese encuentro en los filos de la muerte,
inspirado quizás en el maestro del
horror y lo fantástico Edgar Allan
Poe.
Este autor
dice en el cuento "El entierro prematuro":
"Los límites que separan a la
vida de la muerte son muy vagos y oscuros...
Sabemos que hay enfermedades que producen
el cese total de todas las aparentes funciones
de vitalidad, y aun así este cese
no es más que una simple suspensión.
Solamente son pausas temporales en el incomprensible
mecanismo. Cesa cierto período y
se pone en movimiento cierto principio misterioso
como si fuese mágico piñón
de una rueda embrujada. El cordón
de plata no se aflojó para siempre
ni tampoco se quebró irreparablemente
el jarrón de oro. Pero mientras tanto,
¿dónde estaba el alma?"
Los griegos
tenían, también para esto,
una explicación mitológica.
Según los helenos, sobre los hombres
actúan dos hermanos de formas muy
parecidas, sin embargo de consecuencias
muy diferentes. Uno de ellos es Hipno, el
Sueño; y Tánato, la Muerte,
que era el encargado de llevar al mundo
subterráneo al mortal del que se
apoderaba.
Así
como sólo en la muerte el personaje
de Quiroga podía encontrar la felicidad,
en El cadáver de la novia
es el mundo de ultratumba donde se encuentra
el color y la alegría. Es en la otra
dimensión en la que se trastocan
las leyes naturales y de la realidad donde
se encuentra lo especial, el verdadero sentimiento.
Sin embargo uno de los dos enamorados tiene
un pie fuera de esa dimensión y termina
saliendo de ella y en ambos casos, el cuento
de Quiroga y la película de Burton,
es el personaje masculino. Por eso nos encontramos
con una "Novia-Muerta", o con
una "Novia Cadáver".
Como
bien se sabe, Quiroga no tuvo mucha fortuna
en sus relaciones amorosas, sufrió
un amor frustrado, una primera esposa que
se suicida y una segunda que lo abandona.
En su cuento "Una estación de
amor" expresa esa frustración
y a medida que transcurren las estaciones
el amor se muere y va adquiriendo un triste
patetismo. Todo se desarrolla en este mundo,
y el contexto es el de la sociedad de su
época. Allí no hay lugar fértil
para el amor, porque es corrompido por los
vicios del hombre. Aunque sólo sea
por el título, uno se ve tentado
a relacionar este cuento y el tema que venimos
tratando con una película surcoreana
(de Kim Ki-duk) para quedarse con otra sensación,
más esperanzadora: Primavera,
verano, otoño, invierno... y otra
vez primavera.
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